miércoles, 12 de agosto de 2026

DE LA VIRTUD DE CRISTO Y LA QUE DA EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 


Jueves de la XI semana después de Pentecostés.

DE LA VIRTUD DE CRISTO Y LA QUE DA EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Jueves de la XI semana después de Pentecostés.

DE LA VIRTUD DE CRISTO Y LA QUE DA EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que enseña san Juan Crisóstomo, declarando este Evangelio; conviene a saber, que Cristo le tocó los oídos a este enfermo con sus dedos y la lengua con su saliva, para hacer alarde y ostentación de su divinidad y de la virtud de sus manos, dándole salud con el contacto de ellas.

Contempla la divinidad de Cristo unida a su santísima humanidad, a quien comunicaba su infinita virtud para darla a todos; y así dice el Evangelista que salía virtud de Él que sanaba a todos; porque, así como el fuego quema a todos los que le tocan, así también Cristo abrasaba en su amor y daba salud espiritual y corporal a todos los que le tocaban por el fuego sagrado de su divinidad, en que estaba encendido.

Este recibes en la sagrada Eucaristía, y con Él al autor de la gracia y al mismo Cristo sacramentado.

Mira y contempla cómo, tocándole tan íntimamente, no te abrasas, y cómo, recibiendo la misma salud, te quedas enfermo como si no la hubieras recibido; y pídele al mismo Señor que te disponga de manera que logres su virtud y sientas sus efectos en tu alma y en tu cuerpo.

 

PUNTO II. Considera con Teofilato que la saliva en el hombre es lo superfluo de él, y esta dio la salud en Cristo a este enfermo y le desató su lengua, para enseñarnos que no hay cosa superflua en el Salvador, sino que todo es divino y salutífero para la salud humana, y que la más mínima partícula de su sagrada humanidad es de infinito valor.

En esto tienes expresada la verdad de la sagrada Eucaristía, adonde está Cristo todo en toda y todo en cualquiera mínima parte de ella; y cualquiera partícula da salud eterna, como la saliva dio a este enfermo la del cuerpo.

Contempla esta verdad, y suspenda tu espíritu la admiración de tan soberano misterio y la grandeza de tan encendido amor como nos tuvo y tiene el Redentor, el cual le forzó a quedarse con nosotros en forma de manjar para nuestra salud, en tan extraño modo cual no le pudiéramos pensar.

¡Oh Señor!, ¿cómo estimaré tan incomparable beneficio, y cómo os daré gracias por él? Todas las criaturas os las den, y los cielos y la tierra se hagan lenguas para bendeciros; y Vos, Señor, desatad la mía como la de este enfermo, para que pueda y sepa bendeciros como debo.

 

PUNTO III. Considera cómo en todas partes dejaba Cristo señales de quien era, y la gente clamaba diciendo: «Todo lo hizo bien; a los sordos hizo oír y a los mudos hablar».

Pídele con afecto de tu alma que deje también señales en ti de quien es cuando te viene a visitar, comunicándote espíritu de su espíritu en el alma y virtud en el cuerpo para servirle; que apague en ti el ardor de la lascivia y la mala inclinación de la sensualidad; que refrene tus apetitos y sujete tu carne al espíritu para no ofenderle más.

Considera otrosí la opinión que dejó Cristo en todas partes, y mira la que dejas tú, y si pueden decir de ti que en todo obraste bien y que todos quedaron edificados de ti.

Atiende a tu divino Maestro y estudia en su vida e imitar sus ejemplos; y saca de aquí enseñanza para vivir santamente, haciendo bien a todos y dándoles ejemplo de edificación.

 

PUNTO IV. Considera las veras con que procuró encubrir este milagro: lo uno, retirándose de la gente para dar salud al enfermo; lo otro, mandando seriamente a todos que le callasen y sepultasen en silencio, ocultando obra de tan grande virtud.

No porque en Cristo hubiese riesgo de vanidad, sino para enseñarnos a nosotros a esconder nuestras obras y resguardarlas de toda vanagloria y estimación humana; porque, como dice san Cipriano, se aojan con la vista y las marchitan los ojos de los hombres.

Saca de aquí ocultar las tuyas y huir de la jactancia y vanidad en todas las obras que hicieres, deseando que sean notorias a solo Dios, el cual las recibirá y premiará con galardones eternos; y si las vendes por la gloria y loa de los hombres, perderás el merecimiento de ellas y recibirás aquí tu premio, como dice el Señor.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.