miércoles, 12 de agosto de 2026

DEL AMOR QUE DIOS NOS PIDE EN EL EVANGELIO.

 

Jueves de la XII semana después de Pentecostés

DEL AMOR QUE DIOS NOS PIDE EN EL EVANGELIC.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Jueves de la XII semana después de Pentecostés

DEL AMOR QUE DIOS NOS PIDE EN EL EVANGELIO.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice Cristo en este Evangelio: que para ir al cielo es necesario cumplir la ley que manda amar a Dios de todo corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y con toda la mente.

Cuatro cosas pide, en que tienes cuatro puntos.

Lo primero, pondera, como dice san Juan, que nos pide que le amemos, porque él nos amó primero a nosotros, y amor con amor se paga.

No pide Dios tus riquezas, ni tus deleites, ni nada de cuanto aprecias, sino tu corazón, diciendo (1): Hijo, dame tu corazón a mí.

Oye esta voz que sale de la boca de tu Dios, enderezada a ti, y mira qué le has de responder.

Pondera quién eres tú y quién es Dios, y lo que Dios hace contigo, y cuán poco haces tú con él y por él; y, pues Dios emplea en ti su corazón, no haces tú nada en emplear el tuyo en él y amar a quien te ama.

Dile con entrañable afecto:

«Señor, aquí os ofrezco mi corazón con mil agradecimientos de que os dignéis recibirle. Vedme aquí a vuestros pies; haced de mí según vuestra voluntad, y abrasad mi corazón con el fuego de vuestro amor, para que todo sea vuestro, y no ame yo otra cosa alguna sino a Vos.»

 

PUNTO II. Considera lo segundo que dice el Salvador: que amemos a Dios con toda nuestra alma, la cual es eterna y perpetua; y por este costado pide que nuestro amor para con Dios sea perpetuo y eterno, y que nunca falte, ni le dejemos de amar; así como Dios nunca nos deja de amar a nosotros, y siempre nos está haciendo mercedes, efectos de su amor.

Así tú, ¡oh alma mía!, te has de emplear toda en Dios, sin divertirte a otra criatura, ni cesar jamás en su amor.

Pídele que te conceda esta gracia de que siempre le estés amando y siempre le estés sirviendo, como él te está haciendo mercedes a ti.

 

PUNTO III. Considera lo que dice Cristo: que debemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas, empleándolas todas en su servicio y no en las cosas del mundo, ni en las que miran a nuestro amor propio.

¡Oh pecador!, entra dentro de ti mismo y mira si has cumplido esta ley, y si has empleado tus fuerzas en buscar las criaturas o en servir al Criador.

Llora tus yerros pasados, y propon en su presencia, firmísimamente, emplear en adelante todas tus fuerzas, potencias y sentidos en amar y servir a Dios.

Discurre por cada uno en singular, ofreciéndoselos todos con grande fervor.

 

PUNTO IV. Lo cuarto dice Cristo: que hemos de amar a Dios con toda nuestra mente, empleando no solamente el corazón en amarle y las fuerzas en servirle, sino el entendimiento en contemplarle, y la memoria en tenerle presente, sin olvidarle jamás.

Todos nuestros pensamientos se han de emplear en Dios, así como Dios emplea el suyo en nuestro bien, teniéndonos siempre presentes, sin olvidarnos jamás.

Aspira a esta perfección y estudia en imitar a muchos santos, que continuamente pensaban en Dios, contemplando sus perfecciones y ofreciéndole todas sus obras, teniéndole siempre presente y obrando como delante de él, con recta intención y deseo de agradarle y servirle en todas sus obras.

Pídele esta gracia al Señor, y que te encienda en el fuego de su amor, para que le ames como debes eternamente.

 

(1) Proverbios 23.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.