lunes, 17 de agosto de 2026

DEL HOMBRE QUE CAYÓ EN MANOS DE LADRONES.

 


Martes de la XII semana después de Pentecostés

DEL HOMBRE QUE CAYÓ EN MANOS DE LADRONES.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la XII semana después de Pentecostés

DEL HOMBRE QUE CAYÓ EN MANOS DE LADRONES.

 

PUNTO PRIMERO. Declarándole Cristo a este doctor que alegaba ignorancia de quién era su prójimo, se le mostró diciendo que un quidam, un hombre sin nombre, ni puesto, ni dignidad, desconocido del mundo, bajaba de Jerusalén a Jericó.

Pondera en estas palabras cómo Cristo nos enseña a no mirar a la persona ni estimarla por su dignidad, letras, puesto o nobleza, sino a tener por prójimo y hermano a cualquiera, mirando en él a Dios, a quien representa, sin atender a otro respeto humano, socorriéndole y ayudándole en sus necesidades con todo amor y caridad.

Esto enseña el Redentor del mundo, y esto has de sacar de la presente meditación.

 

PUNTO II. Considera lo que dice Cristo: que cayó en manos de ladrones bajando de Jerusalén a Jericó.

Jerusalén, como dice san Gregorio, significa visión de paz; y Jericó, luna, que nunca está en un mismo ser y padece continuos menguantes; porque las almas que no perseveran en ver a Dios por la contemplación, ni en la paz de su amistad, sino que menguan en su espíritu, y, como dice san Basilio, citado de santo Tomás (1), bajan de lo alto a lo bajo, y de la cumbre de la perfección a la relajación, caen en manos de los demonios, que son los ladrones que nos matan y roban en esta peregrinación y camino del cielo.

¡Oh alma mía!, mira cómo vives y cómo caminas, y no bajes de lo alto de la virtud a lo bajo del vicio, ni de la mortificación al amor propio, ni del monte de la oración al valle de la relajación y entretenimientos sensuales, porque no caigas en las manos de los ladrones y te roben el tesoro de tus buenas obras y te dejen pobre, llagado y sin fuerzas para caminar al cielo.

 

PUNTO III. Medita cómo a este hombre, en quien, como dice el mismo san Agustín, es significado el pecador, le despojaron, llagaron y dejaron sin fuerzas para proseguir su camino; porque el que cae en manos de ladrones, esto es, de los demonios, es despojado de la gracia de Dios, de los dones del Espíritu Santo y de las buenas costumbres, y queda lleno de llagas de pecados; y, últimamente, le dejan sin fuerzas para caminar al cielo.

¡Oh alma mía!, contempla el estrago que hace un pecado mortal en el hombre, y resuélvete a morir millares de muertes antes que cometerle.

Mira cómo caminas por el desierto de este mundo hacia la tierra de promisión del cielo, y no camines solo y sin armas, pues hierve de ladrones que a cada paso te esperan para herirte y despojarte.

Mira cómo caminas, y ármate con la gracia del Señor, y acompáñate con buenos maestros y padres de la vida espiritual; y Dios te defenderá y ayudará, y te sacará victorioso y sin lesión de todas sus asechanzas.

 

PUNTO IV. Considera lo que dice Cristo: que le dejaron casi muerto, no muerto del todo, como dice san Agustín, porque le quedan al pecador la fe, el conocimiento y la posibilidad, con la gracia divina, de poder recobrar la vida y la salud.

Si has caído en los pecados y en manos de tus enemigos, no desconfíes de volver a la gracia de tu Dios, sino anímate y esfuérzate, que no faltará samaritano piadoso que te ayude y dé la mano para levantarte, salir del pecado y volver a la amistad del Señor.

Clama, gime, llora y haz penitencia, y Dios será en tu favor, y te ayudará y curará de todas tus llagas, y te fortalecerá con su gracia hasta colocarte en el seguro de su gloria.

 

(1) Santo Tomás, Catena Aurea.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.