martes, 10 de marzo de 2026

DE CÓMO FUE CRISTO REMITIDO DE CASA DE ANÁS A CASA DE CAIFÁS

 

Miércoles de la III semana de Cuaresma.

DE CÓMO FUE CRISTO REMITIDO DE CASA DE ANÁS A CASA DE CAIFÁS

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Miércoles de la III semana de Cuaresma.

DE CÓMO FUE CRISTO REMITIDO DE CASA DE ANÁS A CASA DE CAIFÁS. (Math. 26. Marc. 14.)

 

PUNTO PRIMERO. Considera, alma mía, cómo fue tu dulce esposo remitido como reo y digno de muerte del tribunal de Anás al de Caifás a la mitad de la noche: acompáñale en esta estación y mírale cómo va descubierto cayendo sobre su cabeza el rocío de la noche, a la sazón que estaba trabajado, y sudado, y destemplado con la sangre que había vertido. ¡Oh quién pudiera cubrirle y abrigarle con las telas de su corazón! Mírale atado y preso, escarnecido y baldonado de sus enemigos, y cómo entra en aquel nuevo palacio a ser otra vez juzgado y sentenciado el que habita como Señor los palacios del cielo. Mira otrosí, cómo le recibe Caifás mirándole con desdén, escarneciendo de él como de rey fingido y falso maestro, y a todo calla y sufre con admirable paciencia y modestia.

PUNTO II. Considera cómo luego se juntó allí concilio para condenarle a muerte; oye las acusaciones y falsos testimonios que le imponen, y cómo está mudo a todos y no se excusa para restaurar la culpa de Adán que habiendo pecado se escusó, y para darte lección a tí de no escusar tus culpas; córrete de hallarte en su presencia tan lejos de sus virtudes, y que con su paciencia y silencio condena tu impaciencia y soberbia, pues nunca sabes callar cuando te culpan y te imponen falsos testimonios, que si tuvieras seso debías gozarte de verte calumniado falsamente como Cristo nuestro Señor. Arrójate a sus pies y dile con vivo afecto de tu alma: Señor, yo no soy digno de padecer con vos, ni como vos; pero por vuestra infinita bondad os pido y suplico que me deis gracia para no escusarme jamás, y para sufrir cualesquiera falsos testimonios por vuestro amor, como vos los sufrís callando por el mío.

PUNTO III. Considera cómo los enemigos de Cristo buscaban falsos testimonios con que acusarle, y Cristo al contrario buscaba escusas para sus pecados, pidiendo a su Eterno Padre desde la cruz que los perdonase, porque pecaban de ignorancia sin saber lo que hacían: pídele al Señor que te dé una centella de caridad para con tus prójimos y que escuse tus faltas delante de su Eterno Padre como escusó la de sus enemigos, y que te alcance perdón de ellas.

PUNTO IV. Atiende no caigas en semejante pecado al que cometen los enemigos del Salvador, acusando y persiguiendo a sus siervos y a los que siguen el camino de la virtud, que es lo mismo que calumniar y perseguir al Señor: está siempre pronto para defender lo bueno y no te muevas fácilmente a condenar las obras santas, aunque otros las murmuren y contradigan, movidos de mal espíritu, que siempre hizo guerra al partido del Redentor; está siempre con él y por él, y defiende con esfuerzo todo lo que fuere de su servicio, y alcanzarás la corona que tiene prometida a los que pelean con él.

 

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.