sábado, 28 de marzo de 2026

De cómo Cristo entró triunfando en Jerusalén

 


Domingo de Ramos

De cómo Cristo entró triunfando en Jerusalén

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Domingo de Ramos

De cómo Cristo entró triunfando en Jerusalén

Mt 21, 1-9

La historia es sabida cómo Cristo nuestro Señor acercándose el tiempo de su pasión, envió a dos de sus discípulos y le trajeron una jumenta; en la cual pusieron sus capas y le hicieron subir a caballo y entrar en la ciudad, la cual se conmovió con su venida y le recibieron con palmas y ramos y común aclamación, llamándole Salvador, Redentor y bendito, que venía en el nombre del Señor.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo se viene tan de su voluntad a Jerusalén adonde aunque entra triunfando sabe que le han de crucificar dentro de pocos días: dale gracias por la merced que te hace en venir a padecer por ti, y ofrécete con su ejemplo a venir de tu voluntad a padecer por él; mira como pasea la carrera como caballero diestro y esforzado, la cual dentro de poco tiempo ha de correr por ti con su cruz en los hombros, y síguele con la tuya preparándote con esfuerzo a llevarla por su amor.

PUNTO II. Considera cómo envió a sus discípulos a que desatasen a los animales y se los trajesen a él, porque en los jumentos atados fueron significados los pecadores atados con los cordeles de sus pecados, a los cuales manda Cristo a sus apóstoles que los desaten por la absolución de sus culpas , pero no para que se desmanden en nuevos vicios, soltándose como brutos en los prados verdes del mundo, sino para que se los traigan a él y los sujeten a su servicio; de lo cual has de sacar, si eres confesor o ministro del Evangelio, el cuidado que debes poner en traer a Dios los pecadores sacándolos de la cautividad de sus vicios, y traerlos a Cristo no dándoles demasiada rienda, para que se desenfrenen en sus pecados; y si eres sujeto has de aprender la humildad y obediencia con que te debes portar con los ministros de Cristo, sujetándote a sus órdenes, obedeciéndoles en todo lo que te mandaren, que es medio para venir a Cristo.

PUNTO III. Contempla lo que pasa este día en la corte de Jerusalén; mira a Cristo tan benigno y gozoso cómo entra triunfando, y a todo el pueblo que sale a recibirle con palmas y olivos cubriendo con sus vestiduras las calles. Atiende a la muchedumbre de gente que hay por las plazas y ventanas; oye las aclamaciones del pueblo, que todos a una voz le pregonan por Hijo de David y Rey de Israel, enviado de Dios por Salvador y Redentor; y a vista de este triunfo mira el que dentro de cinco días ha de tener en las mismas calles y plazas con las mismas personas, llagado de pies a cabeza, coronado de espinas, con la soga a la garganta y la Cruz a cuestas, a voz del pregonero publicado y condenado por ladrón y falso profeta, por malhechor y revolvedor de pueblos, llevado a crucificar entre verdugos, homicidas y ladrones ¡Oh glorias del mundo, y qué breves y engañosas sois! ¡Oh triunfos de la tierra y qué presto os trocáis en afrentas! ¿Quién fiará de vosotros? ¿Para qué, Señor, admitisteis este triunfo, sabiendo cuán presto se había de trocar en llanto, sino para que campease más vuestra ignominia a vista de esta gloria? Contempla lo que pasa, y no fíes de glorias ni de honras mundanas, que todas son flores aparentes que a la mañana nacen y a la tarde se marchitan.

PUNTO IV. Considera lo que este día consideraba santa Teresa de Jesús, cómo entre tantos aplausos no hubo en toda aquella ciudad quien le llevase a su casa, ni le diese a Él ni a sus discípulos un bocado de pan; sal a recibirle y ruégale que se venga a tu pobre posada, y ofrécele tu corazón y cuanto hubiere en ella. Pídele que te perdone tu ingratitud y que reciba tu voluntad y se venga a tu alma; y para obligarle más, recíbele con ramos de olivo, símbolo de la misericordia, teniéndola de los pobres y haciéndoles limosna, y con palmas en las manos, símbolo de la victoria, peleando como varón contra los vicios hasta alcanzar la victoria de tus enemigos, y de esta manera se dignará el Señor de venir a tu posada, y hacerte las misericordias que tal día como este se refiere hizo a esta santa, bañado su espíritu de una dulzura inefable. Para las tardes de la Semana Santa, se pondrán las meditaciones de las siete palabras que habló Cristo en la Cruz, que fueron como su última voluntad y las más misteriosas y preciosas de toda su vida.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.