viernes, 20 de marzo de 2026

Cristo, luz del mundo

 


Sábado de la IV semana de Cuaresma

Cristo, luz del mundo

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Sábado de la IV semana de Cuaresma

Cristo, luz del mundo

Jn 8, 12-20

Dijo Cristo a los judíos como él era luz del mundo, y que los que le seguían no andaban en tinieblas, sino en luz y luz de vida, de cuya doctrina ofendidos los fariseos le opusieron varias calumnias, a que respondió con modestia Cristo, y aunque le quisieron echar mano no les fue permitido, porque no era llegada la hora en que había determinado padecer.

PUNTO PRIMERO. Considera con cuánta razón se llama Cristo luz; porque sin Él todo es tinieblas de pecados y ceguedad de vicios; y de Él procede, como de fuente, la luz del conocimiento, y del conocimiento el amor de la voluntad y la gracia de los santos deseos; semilla de las buenas obras con que merecemos el cielo. Mírate a ti mismo, y considera cuán en tinieblas has andado siempre, que te has apartado de esta luz, y llégate a Jesús para que te alumbre y encamine a la bienaventuranza de la gloria

PUNTO II. Considera que, como dijo el venerable Beda, Cristo no solamente se llama luz sino luz del mundo, no del cielo o de los ángeles, que según su estado no la necesitan para caminar, sino los hombres que peregrinan por este valle tenebroso del mundo, a los cuales bajó Cristo a alumbrar, y alumbra como sol resplandeciente con la luz de su doctrina; y pondera con san Crisóstomo que es luz del mundo, porque le alumbra todo, y no hay quien se esconda de su luz, si quiere recibirla. Pídele al Señor que no deje tu alma a oscuras, pues alumbra a todo hombre que viene a este mundo, sino que te dé un rayo de su divina luz y te inflame en su amor, para emplearte en su santo servicio.

PUNTO III. Aprende del Salvador a ser luz del mundo para tus prójimos, alumbrándolos según tu estado con la luz de la doctrina y con la del ejemplo, igualmente a todos sin particularizarte con alguno, usando de caridad con todos, como el sol que a todos alumbra igualmente: pon delante de los ojos al Redentor, y contempla su vida, y como anduvo en el discurso de ella, alumbrando a los pueblos, enseñando a todos, haciéndoles bien sin exceptuar a alguno; y sigue sus pisadas sin perderle de vista, que el que le sigue no anda en tinieblas, más tendrá lumbre de vida

PUNTO IV. Contempla el resto del Evangelio, y como deslumbrados los fariseos con esta luz se volvieron contra Cristo, y quisieron quitarle la vida; y no te acobardes si diciendo verdades tuvieres enemigos: mira como Dios le defendió, y confía que también te defenderá a ti; repara en lo que le oponen, diciendo que su testimonio no era verdad, porque se alababa a sí mismo. Considera cuán mal recibidas son las propias alabanzas, y nunca digas cosa de ti que sea de loor o estimación, y últimamente pondera lo que les dijo Cristo, que ellos eran carnales y juzgaban como tales, según la pasión de que estaban poseídos, y así eran errados sus juicios, como lo son todos los de aquellos que juzgan según la carne y no según el espíritu. Mete la mano en tu pecho, y mira cuáles son tus juicios y qué espíritu te mueve, y no te dejes vencer del sensual, porque no caigas en los yerros que cayeron estos, juzgando tan erradamente de Cristo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.