Miércoles de la IV semana de Cuaresma.
DE CÓMO CRISTO FUE REMITIDO DEL CONCILIO AL PRESIDENTE PILATOS. (Joann. 18.)
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
Miércoles de la IV semana de Cuaresma.
DE CÓMO CRISTO FUE REMITIDO DEL CONCILIO AL PRESIDENTE PILATOS. (Joann. 18.)
PUNTO PRIMERO. Dice el Evangelista que rematado el concilio brevemente luego, bien de mañana, remitieron a Cristo, como al brazo seglar, al presidente Pilatos para que hiciese justicia de él. Considera que no sin misterio nota el Evangelista que era bien de mañana; porque sepas que a todas horas padeció Cristo por tí, por la tarde, por la noche, por la mañana y a medio día; y porque en todas las horas le ofenden los hombres, en todas padece por ellos, porque en todas le alabes y te muestres agradecido, no olvidando sus tormentos y lo mucho que en todas las horas del día padeció por tu amor.
PUNTO II. Acompaña a Cristo en esta estación, desde el concilio de los judíos al pretorio de Pilatos; aplica los sentidos a todo lo que pasa, los ojos para mirar la modestia del Salvador y la entereza y gravedad que siempre mostró; los oídos a las acusaciones que se dicen contra él; y contempla aquel silencio tan profundo, oyendo de sí tantos testimonios; atiende a aquellas manos atadas que pudieran en un instante aniquilar a todos sus enemigos; entra con la consideración en lo interior de su pecho y mira aquel corazón tan constante y aquella voluntad tan unida con la de su Eterno Padre, y aquel amor que arde en su pecho de salvar a los hombres, por quien calla y padece y no se defiende y se deja condenar: dale gracias por todo y aprende las virtudes que te enseña en esta lección.
PUNTO III. Considera las acusaciones que le ponen al Salvador; conviene a saber, que turbaba los pueblos, que prohibía los tributos del César, que se hacía Cristo y rey no lo siendo, siendo todas mentiras, pues fue el ángel de paz para con todos, y exhortó a dar al César lo que era del César; y siendo Hijo de Dios y rey del universo, se hizo siervo de los hombres: humíllate en su presencia, viendo como a todo calla, y pídele gracia para sufrir tus afrentas.
PUNTO IV. Carga la consideración sobre lo dicho, y aprende de la humildad del Salvador a rendirte a los superiores, jueces y prelados, y a llevar en paciencia ser juzgado de ellos, pues Cristo se rindió y humilló a los que no tenían jurisdicción sobre él; y aprende también a callar y sufrir, cuando te levantaren falsos testimonios, como Cristo calló en los suyos. Anímate con su ejemplo a tener no solamente sufrimiento en ellos sino alegría, pues te hace participante de su pasión, y digno como a los apóstoles de padecer cárceles y contumelias por su amor; no le pierdas de vista y no descaecerás; ofrécete a padecer con él en su compañía, y él te ayudará para que seas constante y merezcas su corona.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.