sábado, 7 de marzo de 2026

SEXTO DOMINGO DE SAN JOSÉ EN HONOR DE SUS DOLORES Y GOZOS

SEXTO DOMINGO

Sobre los dolores y gozos de San José

a su vuelta de Egipto

 

EJERCICIOS DE LOS SIETE DOMINGOS

consagrados a honrar

los Dolores y Gozos de San José

 

Por la señal de la santa Cruz…

 

ACTO DE CONTRICION

Oración inicial para cada Domingo

Dios y Señor mío, en quien creo y espero y a quien amo sobre todas las cosas; al pensar en lo mucho que habéis hecho por mí y lo ingrato que he sido a vuestros favores, mi corazón se confunde y me obliga a exclamar: Piedad, Señor, para este hijo rebelde, perdonadle sus extravíos, que le pesa de haberos ofendido, y desea antes morir que volver a pecar. Confieso que soy indigno de esta gracia, pero os lo pido por los méritos de vuestro Padre nutricio, San José.

Vos, glorioso San José, Abogado mío, recibidme bajo vuestra protección y dadme el favor necesario para emplear bien este rato en obsequio vuestro y utilidad de mi alma. Amén.

 

A continuación, se lee la meditación propuesta para cada domingo.

 

SEXTO DOMINGO

Rogad a San José por las necesidades del Soberano Pontífice y de la Iglesia, y ofreced la comunión con esta intención. Aplicad el fruto de la indulgencia a los que llevan el nombre de José.

 

MEDITACIÓN SEXTO DOMINGO

Sobre los dolores y gozos de San José

a su vuelta de Egipto

 

1. La residencia de la santa Familia en Egipto duró siete años. Extranjeros, pobres, faltos de todo socorro, viviendo en medio de un pueblo idólatra que ignoraba las primeras nociones de la caridad, Jesús, María y José tuvieron que sufrir muy rudas privaciones.

Sin embargo, nuestro Santo Patriarca, resignado a la voluntad del cielo, se consolaba viendo al divino Niño crecer en presencia de Dios y de los hombres. Tal vez mitigaría las penas de su acongojado corazón, exclamando con el profeta: “Los reyes de la tierra se han levantado y los príncipes han conspirado juntos contra el Señor y contra su Cristo. Aquel que vive en los cielos, se reirá de ellos y el Señor se burlará.” Más el Señor fiel a su promesa envía de nuevo su Ángel a José para anunciarle que el cruel Herodes ha muerto miserablemente y puede sin temor habitar en tierra de Israel. A esta nueva tan consoladora, sucedió repentinamente una inquietud más grande todavía y que turbó por un momento su felicidad; temió ir a Judea donde reinaba Arquelao, hijo de Herodes, cruel y sanguinario como él. No quiso exponer a Jesús a una nueva persecución. El Cielo aprobó su prudencia y le inspiró ir a Galilea y habitar en Nazaret. Así es como las almas piadosas que tienen una gran delicadeza de conciencia, temen todos los días la desgracia de perder a Jesús.

2. Alentado José por las inspiraciones del Cielo, dilató su corazón en acción de gracias, valiéndose quizá de las palabras de David, su antepasado, y repitió con María el salmo de la restauración o libertad del pueblo de Israel: “In exitus Israel De Egipto”. “Cuando Israel salió de Egipto”.  ¡Que consuelo para los desterrados, al regresar a su amada patria, recorrer de nuevo aquellos lugares, llenos de piadosos recuerdos en que pasaron los más hermosos años de su vida! José era feliz, volviendo a ver aquella tierra de bendición santificada por el nacimiento, las lágrimas y la sangre del Verbo hecho carne. ¡Cómo deseaba ir a postrarse en el templo del Señor para ofrecerle un justo tributo de alabanza y de acción de gracias!

Jesús era aún demasiado joven para hacer todo el viaje a pie y por otra parte, como había crecido, su peso era superior a las fuerzas de su pobre madre; así es de creer que José, lo llevaría la mayor parte del camino. ¡La alegría del regreso a Nazaret y el amor que profesaba al Divino Niño, le haría su peso dulce y ligero! He aquí el modo de encontrar dulce lo más amargo; hacerlo todo por amor a Dios.

 

 

EJEMPLO

En un convento de la ciudad de Falaën, provincia de Namur, en Bélgica, había una religiosa inglesa que tenía muchas sobrinas protestantes. Una de estas fue a visitarla y al verla su tía tan cariñosa y humilde, pidió a sus amigas rogasen por su sobrina, a fin de que Dios le concediese la gracia de hacerse católica. Al despedirse le dio algunas advertencias; más vuelta a Inglaterra, no se acordó ya de lo que su tía le había dicho. Sin embargo, la buena religiosa no dejaba de rogar a San José, por la conversión de su sobrina instando a las demás religiosas que la ayudasen a alcanzar aquella gracia. Éstas junto con las niñas del colegio, empezaron la devoción de los Siete Domingos, seguidos de una novena, y después otra hasta conseguir la gracia que tanto anhelaba el corazón. El bondadoso Patriarca San José no pudo resistir a tantas súplicas. Aquella señorita sintióse como impulsada a volver a Bélgica para visitar a su tía; pidió permiso a su madre y esta se lo concedió. Todas las religiosas al verla quedaron admiradas, y reconocieron en ello la mediación de San José. La inglesita parecía tan desconcertada sin saber lo que le pasaba; y dijo a las religiosas que solo había venido para ver a su tía. Se empezó de nuevo la devoción de los Siete Domingos, con la resolución de hacer violencia al Corazón de Jesús por medio del santo Patrón de Bélgica, el Virginal Esposo de María, a fin de salvar un alma. Al cabo de cinco semanas, volvió a ver a su tía; pero continuaba triste y pensativa, sin firmeza en sus ideas; y creyéndose enferma sin estarlo, resolvió marcharse. Las religiosas, al entrar en las clases, dijeron a las niñas: “Vuestras súplicas tienen poco valimiento, pues la inglesita seguirá siendo protestante”. Setenta y tres voces pueriles respondieron acordes: “Sí, ella será bautizada. San José bendecirá nuestros esfuerzos”. Al día siguiente se empezó una novena con fervor la cual debían concluir el mismo día que los Siete Domingos. El lunes vino la joven a despedirse de su tía y de las demás Religiosas; pero en su interior había un combate entre la gracia y la propia voluntad, que no le dejaban un momento de reposo. Por fin venció la gracia, y no pudiendo resistir más impulsos, se presentó otra vez a su tía, diciendo que quería volver a la fe de sus antepasados. Al decir esto, se leía en su rostro la grande alegría de que estaba poseída. El domingo siguiente concluían los Siete Domingos y la novena y el viernes anterior recibía la inglesita el santo bautismo. Gloria sea dada a Dios, que por intercesión de San José acogió aquella oveja separada de rebaño del buen Pastor y premió la fe y la confianza de aquellas buenas religiosas y sencillas niñas.

 

Récense los dolores y gozos.

 

EJERCICIOS DE LOS 7 DOLORES Y GOZOS

DE SAN JOSÉ

Este ejercicio consiste en hacer memoria de los 7 dolores y gozos de san José, con su Padrenuestro, avemaría y gloria en cada uno de ellos. Se puede hacer cualquier día del año, pero tradicionalmente se rezan estos dolores y gozos durante 7 domingos consecutivos como preparación a la fiesta del Santo del 19 de marzo, comenzando 7 domingos antes de la fiesta.

La Iglesia ha concedido Indulgencias a esta devoción: 1ª.- 300 días de indulgencia cada domingo, rezando durante siete domingos consecutivos en el curso del año, a elección de los fieles, los siete gozos y siete dolores de san José, y el séptimo domingo se puede ganar además una indulgencia plenaria. (Gregorio XVI, 22 de enero de 1836).  2ª.- Indulgencia plenaria en cada domingo, aplicable a las almas del purgatorio. Los que no saben leer o no tienen la deprecación de los siete dolores y gozos, pueden ganar esta indulgencia rezando en los siete domingos siete Padrenuestros con Avemaría y Glorias. (Pio IX, 1 de febrero y 22 de marzo de 1847).  Otra fórmula más breve pág. 48.

 

PRIMER DOLOR Y GOZO

¡Oh castísimo Esposo de María!, me compadezco de las terribles angustias que padeciste cuando creíste deber separarte de tu Esposa Inmaculada, y te doy el parabién por la alegría inefable que te causó saber de boca de un ángel el misterio de la Encarnación. Por este dolor y alegría te pido consueles nuestras almas en vida y muerte, obteniéndonos la gracia de vivir como cristianos y morir santamente en los brazos de Jesús y de María. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria.

 

SEGUNDO DOLOR Y GOZO

¡Oh felicísimo Patriarca, que fuiste elevado a la dignidad de padre putativo del Verbo encarnado!, te compadezco por el dolor que sentiste viendo nacer al Niño Jesús en tanta pobreza y desamparo; y te felicito por el gozo que tuvisteis al oír la suave melodía con que los ángeles celebraron el nacimiento, cantando “Gloria a Dios en las alturas”. Por este dolor y gozo, te pido nos concedas oír, al salir de este mundo, los cánticos celestiales de los ángeles en la gloria. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria.

 

TERCER DOLOR Y GOZO

¡Oh modelo perfecto de conformidad con la voluntad divina!, te compadezco por el dolor que sentiste al ver que el Niño Dios derramaba su sangre en la circuncisión; y me gozo del consuelo que experimentaste al oírle llamar Jesús. Por este dolor y gozo, te pido nos alcances que podamos vencer nuestras pasiones en esta vida y morir invocando el dulcísimo nombre de Jesús. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria

 

CUARTO DOLOR Y GOZO

¡Oh fidelísimo Santo, a quien fueron confiados los misterios de nuestra redención!, te compadezco por el dolor que te causó la profecía con que Simeón anunció lo que habían de padecer Jesús y María; y me gozo del consuelo que te dio el mismo Simeón profetizando la multitud de almas que se habían de salvar por la Pasión del Salvador. Te suplico por este dolor y gozo, nos alcances ser del número de los que se han de salvar por los méritos de Cristo y por la intercesión de su Madre. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria

 

QUINTO DOLOR Y GOZO

¡Oh Custodio vigilante del Hijo de Dios humanado!, me compadezco de lo mucho que padeciste en la huida a Egipto, de las grandes fatigas de aquella larga peregrinación y de lo que te costó el poder atender a la subsistencia de la Sagrada Familia en el destierro; pero me gozo de tu alegría al ver caer los ídolos por el suelo cuando el Salvador entraba en Egipto. Por este dolor y gozo, te pido nos alcances que huyendo de las ocasiones de pecar, veamos caer los ídolos de los afectos terrenos y no vivamos sino para Jesús y María, hasta ofrecerle nuestro último suspiro. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria

 

SEXTO DOLOR Y GOZO

¡Oh glorioso San José, ángel de la tierra que viste con admiración al Rey del Cielo sujeto a tus disposiciones!, si tu consuelo, al volverte de Egipto, fue alterado con el temor al Rey Arquélao, tranquilizado después por el Ángel, viviste alegre con Jesús y María en Nazaret. Por este dolor y gozo, alcánzanos a tus devotos que, libre nuestro corazón de temores nocivos, gocemos de tranquilidad de conciencia, vivamos seguros con Jesús y María y muramos teniéndolos a nuestro lado. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria  

 

SEPTIMO DOLOR Y GOZO

¡Oh modelo de santidad, glorioso San José! Te compadezco por el dolor que sentiste al perder al Niño Dios sin poderle hallar en tres días, y te doy el parabién por la alegría con que lo encontraste en el templo. Por este dolor y gozo, te pido nos alcances la gracia de no perder jamás a Jesús por el pecado; y si por desgracia lo llegamos a perder, sírvanos tu intercesión por las lágrimas de la penitencia, y podamos vivir unidos con Él hasta el último aliento de nuestra vida. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria.

 

ANTIFONA. Tenía Jesús al empezar su vida pública cerca de treinta años y aún se le tenía por hijo de José.

 

V. ¡Oh San José!, Ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

 

ORACIÓN

Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir al bienaventurado San José por esposo de tu Madre, te rogamos, nos concedas que merezcamos tener en los cielos por intercesor a quien en la tierra veneramos por protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos, Amén.

 

Por el santo Padre, por su persona e intenciones para ganar las indulgencias concedidas a esta devoción.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.