miércoles, 2 de marzo de 2022

DÍA 3. VISITA DIARIA A SAN JOSÉ. San Alfonso María de Ligorio

DÍA 3. VISITA DIARIA A SAN JOSÉ.  San Alfonso María de Ligorio

 

ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

 

Al comenzar:

 

Visita diaria a san José en el mes de marzo.

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Poniéndonos en la presencia de Dios, (breve silencio)

pidiendo el auxilio de la Virgen María (breve silencio)

y del Ángel Custodio, (breve silencio)

invoquemos al Glorioso San José:

 

Oración a san José

Acordaos, purísimo Esposo

de la Santísima Virgen María,

dulce protector mío San José,

que jamás se ha oído decir que ninguno

de los que han acudido a vuestra protección

y reclamando vuestro auxilio,

haya quedado sin consuelo.

Con esta confianza vengo a vuestra presencia

y me encomiendo fervorosamente a Vos.

No despreciéis mi súplica,

¡Oh Padre adoptivo del Redentor!,

antes bien, acogedla benignamente. Amén

Indulgencia de 500 días

 

DÍA 3.  VISITA AL PATRIARCA SAN JOSÉ

 

Según San Juan Damasceno, el Señor dio a San José, con el fin de facilitarle su cargo cerca de Jesús, las tres principales cualidades de un excelente padre, esto es: el amor, la vigilancia y la autoridad. Le dio la autoridad de padre para que el Hijo de Dios le obedeciese en todas las cosas; la solicitud y vigilancia de padre, a fin de que le asistiese y custodiase con todo cuidado tan precioso tesoro; y, finalmente, le dio el afecto de un tiernísimo padre. (breve silencio)

 

***

¡Oh, Santo Patriarca!

Vos, que tanto deseáis ver amado a Jesús,

alcanzadme un ardiente amor

para con este Redentor divino.

 

***

Repite durante este día, muchas veces,

la siguiente jaculatoria:

Protegednos, bendito Patriarca,

con paternal amor.

 

Para finalizar:

LETANÍAS A SAN JOSÉ

Indulgencia de 5 años, cada vez que se recitan. Indulgencia plenaria si diariamente se recitan devotamente durante un mes. Pio XI, 25 de marzo de 1935

Señor, ten misericordia de nosotros

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

 

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

 

Dios Padre celestial,

ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo.

Dios Espíritu Santo.

Santa Trinidad, un solo Dios.

 

Santa María,

ruega por nosotros.

San José,

ruega por nosotros.

Ilustre descendiente de David.

Luz de los Patriarcas.

Esposo de la Madre de Dios.

Casto guardián de la Virgen.

Padre nutricio del Hijo de Dios.

Celoso defensor de Cristo.

Jefe de la Sagrada Familia.

José, justísimo.

José, castísimo.

José, prudentísimo.

José, valentísimo.

José, fidelísimo.

Espejo de paciencia.

Amante de la pobreza.

Modelo de trabajadores.

Gloria de la vida doméstica.

Custodio de Vírgenes.

Sostén de las familias.

Consuelo de los desgraciados.

Esperanza de los enfermos.

Patrón de los moribundos.

Terror de los demonios.

Protector de la Santa Iglesia.

 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

escúchanos, Señor,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

ten misericordia de nosotros.

 

V.- Le estableció señor de su casa.

R.- Y jefe de toda su hacienda.

 

Oremos: Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

LA MUERTE. Santo Tomás de Aquino

 


LA MUERTE. Santa Tomás de Aquino

Consideraciones para el Miércoles de Ceniza

Por un hombre entró el pecado en este mundo, y por el pecado, la muerte (Rom 5, 12).

1º) Si alguno, por su culpa, es privado de algún beneficio que se le ha dado, la carencia de aquel beneficio es la pena de aquella culpa. Al hombre, en su primer estado, le fue concedido por Dios este beneficio: que, mientras su espíritu estuviera sometido a Dios, se sometiesen las fuerzas inferiores del alma a la mente racional, y el cuerpo al alma. Mas, puesto que la mente del hombre se apartó por el pecado de la sujeción a Dios, se siguió que tampoco las fuerzas inferiores se sometiesen totalmente a la razón; de donde resultó tanta rebelión del apetito carnal contra la razón, que ni tampoco el cuerpo estuviese enteramente sujeto al alma. Y de aquí provienen muerte y otros defectos corporales; porque la vida y la integridad del cuerpo consisten en que éste se someta al alma, como lo perfectible a su perfección. De donde, por el contrario, la muerte y la enfermedad y cualquier defecto corporal pertenecen al defecto de sujeción del cuerpo al alma. Por lo tanto es evidente que, así como la rebelión apetito carnal contra el espíritu es pena del pecado de los primeros padres, así también la muerte y todos los defectos corporales.

2º) El alma racional es de sí inmortal, por eso la muerte no es natural al hombre por parte de su alma, sino al cuerpo que está compuesto de elementos contrarios, de donde resulta necesariamente la corruptibilidad; y en cuanto a esto, la muerte es natural al hombre. Mas Dios, que es el creador del hombre, es omnipotente, por lo cual, por un efecto de su bondad, eximir al primer hombre de la necesidad de la muerte, que es consiguiente a tal materia; cuyo beneficio, sin embargo, le ha sido substraído por el pecado de los primeros padres. Y así, la muerte es natural por la condición de la materia, y es penal por la pérdida del beneficio divino, que preserva de la muerte. (2ª 2ªe, q. CLXIV, a. 1 et ad 1)

3º) La culpa original y la actual es removida por Cristo, esto es, por el mismo por quien se quitan también defectos corporales, conforme a aquello del Apóstol: Vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu, que mora en vosotros (Rom 8, 11). Pero ambas cosas tienen lugar en tiempo oportuno, según el orden de la divina sabiduría, porque conviene que a la inmortalidad e impasibilidad de la gloria que fue incoada en Cristo y adquirida para nosotros por Cristo, lleguemos después de haber sido conformados primeramente con sus sufrimientos. Por consiguiente, es necesario que su pasibilidad permanezca temporalmente en nosotros para que merezcamos la impasibilidad de la gloria de una manera conforme a Cristo. (1ª 2ª, q. LXXXV, a. 5, ad 2)

EL AYUNO. San Isidoro de Sevilla

 
EL AYUNO
San Isidoro (Sentencias, Libro 2, XLIV)
1. Este es el ayuno perfecto y razonable: que nuestro hombre interior ore cuando el exterior practica el ayuno. La oración franquea más fácilmente el cielo gracias al ayuno, ya que entonces el hombre, espiritualizado, se asocia a los ángeles y se une a Dios con mayor libertad.
2. Por causa del ayuno se revelan incluso los secretos de los misterios celestes y se descubren los arcanos del divino sacramento. Así es como Daniel mereció conocer, por mediación del ángel, el significado oculto de los misterios (Dn 10,1 ss.), pues esta virtud manifiesta las revelaciones de los ángeles y sus mensajes.
3. Los ayunos constituyen armas eficaces frente a las tentaciones diabólicas, ya que con la abstinencia se vencen pronto. De ahí que también nuestro Señor y Salvador nos aconseje que las superemos con el ayuno y la oración al decir: Este linaje (de demonios) no sale si no es con oración y ayuno (Mt 17,21), pues los espíritus inmundos se lanzan con mayor violencia allí donde ven más abundancia de manjares y bebidas.
4. Los santos mientras pasan la vida en este mundo, mantienen su cuerpo sediento por el deseo del rocío celeste. Por ello dice el Salmo: Sedienta de ti está mi alma, y de cuántas maneras mi carne(Sal 60,2). Porque entonces la carne está sedienta de Dios cuando por el ayuno guarda abstinencia y languidece. La abstinencia vigoriza y mata: vigoriza el espíritu y mata el cuerpo.
5. Muchas veces la abstinencia se practica con simulación, y el ayuno, a su vez, se realiza con hipocresía. Algunos, en efecto, laceran sus cuerpos con asombrosa abstinencia, desfigurando su rostro, como dice el Evangelio, para que los hombres vean que ayunan (Mt 6,16). Por ello demudan su rostro, afligen su cuerpo, prorrumpen en grandes suspiros de corazón. Antes de morir se entregan a suplicios mortales y llevan a cabo un esfuerzo tan laborioso no por amor de Dios, sino para asombro de la admiración humana.
6. Algunos se mortifican de modo sorprendente para aparecer santos ante los curiosos; pero tal práctica de la abstinencia no debe estimarse en ellos virtud, sino vicio, pues hacen mal uso de un bien.
7. El ayuno y la limosna quieren se les practique en secreto, para que sólo Dios, que todo lo ve, premie el mérito de las buenas obras, pues quienes lo hacen en presencia de la gente no son, en modo alguno, premiados por Dios, ya que según la frase evangélica, recibieron su recompensa de los hombres. (Mt 6,5).
8. Los ayunos acompañados de buenas obras son agradables a Dios. Mas los que se privan de alimentos y obran el mal, imitan a los demonios, que nunca tienen comida pero siempre iniquidad. Aquel, pues, que se priva de los manjares rectamente se abstiene de las malas acciones y de la ambición.
9. Los que por deseo de execrar la comida y no por voto de abstinencia se privan de alimento de carnes, ellos más bien son dignos de execración, por cuanto rechazan una criatura puesta por Dios al servicio del hombre. En efecto, para los fieles, nada se considera manchado y nada impuro, conforme al testimonio del apóstol Pablo: Todo es limpio para los limpios, mas para los contaminados e infieles nada hay limpio, porque están contaminadas tanto su mente como su corazón. (Tit 1,15).
10. Se desprecia el ayuno que al atardecer se repara con abundante comida, pues no hay que valorar la abstinencia cuando luego ha seguido el hartazgo.
11. Se desprecia el ayuno que al atardecer se compensa con placeres, ya que dice el profeta Isaías: He aquí que en el día de vuestro ayuno se halla vuestro deleite (Is 58,3), pues deleite significan los placeres. Y así como el reclamar la deuda, los pleitos, las rivalidades y los golpes, también los placeres reprueba el profeta en día de ayuno.
12. Porque todo el día imagina banquetes en su mente quien por la tarde se prepara delicias para satisfacer su gula.
13. No hay que aplicar al cuerpo excesiva austeridad, no sea que, por estar el cuerpo sobrecargado con el peso de la abstinencia, luego ni pueda obrar el mal ni se decida a practicar el bien. Por tanto, hay que moderar el trato del cuerpo con inteligente discreción, a saber, que no se agote por completo y que no goce demasiada libertad.
14. Si prevalece la excesiva flaqueza de la carne, nadie puede alcanzar la perfección. Pues, aunque uno tenga deseos de santidad, con todo, no le es posible consumar la obra meritoria que en su intención desea realizar.
15. La excesiva debilidad del cuerpo quebranta, asimismo, el vigor del alma y logra que flaquee también su natural ingenio, ni puede ésta llevar a término bien alguno a causa de su debilidad.
16. Nada en demasía. Pues todo lo que se ejecuta con moderación y mesura es saludable; en cambio, lo que se realiza con exceso y sin medida resulta pernicioso y contraproducente. Así, pues, hay que observar en toda obra moderación y mesura, pues todo lo que excede es peligroso, como el agua, que, cuando llueve en demasía, no sólo no procura utilidad alguna, sino que además ofrece peligro.

 

EVANGELIO DEL DÍA: Cuando ayunéis no aparentéis estar tristes como los hipócritas

MIÉRCOLES DE CENIZA
Forma Extraordinaria del Rito Romano
Cuando ayunéis no aparentéis estar tristes como los hipócritas
 
Evangelio según San Mateo 6,16-21.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.  Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban.  Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.
 
 
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martes, 1 de marzo de 2022

DÍA 2. VISITA DIARIA A SAN JOSÉ

DÍA 2. VISITA DIARIA A SAN JOSÉ.  San Alfonso María de Ligorio

 

ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

 

Al comenzar:

 

Visita diaria a san José en el mes de marzo.

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Poniéndonos en la presencia de Dios, (breve silencio)

pidiendo el auxilio de la Virgen María (breve silencio)

y del Ángel Custodio, (breve silencio)

invoquemos al Glorioso San José:

 

Oración a san José

Acordaos, purísimo Esposo

de la Santísima Virgen María,

dulce protector mío San José,

que jamás se ha oído decir que ninguno

de los que han acudido a vuestra protección

y reclamando vuestro auxilio,

haya quedado sin consuelo.

Con esta confianza vengo a vuestra presencia

y me encomiendo fervorosamente a Vos.

No despreciéis mi súplica,

¡Oh Padre adoptivo del Redentor!,

antes bien, acogedla benignamente. Amén

Indulgencia de 500 días

 

DÍA 2. VISITA AL PATRIARCA SAN JOSÉ.

 

Habiendo Dios destinado a San José para ejercer el noble cargo de padre sobre la augusta persona del Verbo encarnado, debe tenerse por cierto que le confirió todas las dotes de sabiduría y santidad que le eran menester para ello. (breve silencio)

 

***

¡Oh, bienaventurado Patriarca!

Vos que ahora estáis en el Cielo,

cerca de vuestro amado Jesús,

tened compasión de mí,

que vivo todavía en este valle de miseria,

rodeado de tantos enemigos

y siempre expuesto al peligro

de perder la gracia de Dios.

Socorredme, pues, amorosamente;

cubridme con las alas de vuestro poderoso patrocinio,

y no dejéis de protegerme

hasta que me halle en posesión

de la patria bienaventurada.

 

***

Repite durante este día, muchas veces,

la siguiente jaculatoria:

Alcanzadme, glorioso San José,

las gracias que necesito para mi salvación.

 

 

Para finalizar:

LETANÍAS A SAN JOSÉ

Indulgencia de 5 años, cada vez que se recitan. Indulgencia plenaria si diariamente se recitan devotamente durante un mes. Pio XI, 25 de marzo de 1935

Señor, ten misericordia de nosotros

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

 

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

 

Dios Padre celestial,

ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo.

Dios Espíritu Santo.

Santa Trinidad, un solo Dios.

 

Santa María,

ruega por nosotros.

San José,

ruega por nosotros.

Ilustre descendiente de David.

Luz de los Patriarcas.

Esposo de la Madre de Dios.

Casto guardián de la Virgen.

Padre nutricio del Hijo de Dios.

Celoso defensor de Cristo.

Jefe de la Sagrada Familia.

José, justísimo.

José, castísimo.

José, prudentísimo.

José, valentísimo.

José, fidelísimo.

Espejo de paciencia.

Amante de la pobreza.

Modelo de trabajadores.

Gloria de la vida doméstica.

Custodio de Vírgenes.

Sostén de las familias.

Consuelo de los desgraciados.

Esperanza de los enfermos.

Patrón de los moribundos.

Terror de los demonios.

Protector de la Santa Iglesia.

 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

escúchanos, Señor,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

ten misericordia de nosotros.

 

V.- Le estableció señor de su casa.

R.- Y jefe de toda su hacienda.

 

Oremos: Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.