martes, 2 de febrero de 2021

Cantos a san José

La Profecía de Simeón. Meditación 45. Ildefonso Rodríguez

La Profecía de Simeón a la Virgen. Meditación 46. Ildefonso Rodríguez

EVANGELIO DEL DÍA: LUZ PARA ALUMBRAR A LAS NACIONES


2 de febrero 
LA PURIFICACIÓN DE NUESTRA SEÑORA 
 
En aquel tiempo, cuando se cumplieron los días de la purificación de María de acuerdo a la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor». Y para ofrecer la ofrenda conforme a lo que se dice en la Ley del Señor,  “un par de tórtolas o dos pichones:” Y he aquí, que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. Y vino por inspiración del Espíritu al templo. Y cuando sus padres introdujeron al niño Jesús, para hacer por él conforme al rito de la ley, lo recibió en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto tu salvación. Al que has puesto delante de todos los pueblos: Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”
Lc 2, 22-32 

TEXTOS DE LA MISA
 
COMENTARIOS AL EVANGELIO

NO VERÁ LA MUERTE ETERNA, PORQUE VIO LA VIDA. San Ambrosio

LA PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO CONSTITUYE UN ICONO ELOCUENTE DE LA ENTREGA TOTAL DE LA PROPIA VIDA Benedicto XVI

FUE DIGNA DE ANUNCIAR AL REDENTOR. San Ambrosio

PENSAMIENTO DIARIO DE SANTA TERESA DE JESÚS:EL SEÑOR SE MANIFIESTA DE MUCHOS MODOS

LA PRESENTACiÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO. San Alfonso María de Ligorio


Meditación II
De la presentación de Jesús al templo


Llegado el tiempo en que María, según la ley, había de ir a purificarse al templo, y presentar Jesús al Divino Padre, ved que se dirige allá juntamente con José.
Este toma las dos tortolillas que debían ofrecerle; y María toma su amado Niño, toma el Divino Corderito para ir a sacrificarle, en señal de aquel gran sacrificio que un día este mismo Hijo había de consumar sobre la cruz.
Considerad como la santa Virgen entre ya en el templo: hace la oblación de Jesús por parte del género humano, y dice: He aquí, o eterno Padre, vuestro amado Unigénito, que es vuestro Hijo, y también mío; yo os le ofrezco como víctima de vuestra Divina Justicia para aplacaros con los pecadores. Aceptadla, o Dios de misericordia, tened piedad de nuestras miserias; por amor de éste Cordero Inmaculado recibid en vuestra gracia a los hombres”.
Agregase a la oblación de María la de José; y el santo Niño dice también: “Aquí me tenéis, Padre mío, a Vos consagro toda mi vida: me habéis enviado al mundo para salvarlo con mi sangre. Hela, y a mí todo; a Vos me ofrezco por el rescate del linaje humano.”
Se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y hostia a Dios. Ef. 5, 2
Ningún sacrifico fue jamás tan acepto a Dios, cuanto lo fue este que le hizo entonces su amado Hijo, víctima y sacerdote desde niño. Si todos los hombres y todos los Ángeles hubiesen ofrecido sus vidas, no hubiera sido ciertamente su oblación tan apreciable a Dios como lo fue esta de Jesucristo, pues que en este solo ofrecimiento al eterno Padre recibió un honor infinito y una satisfacción infinita. Habiendo pues, Jesús ofrecido la vida al Eterno Padre por nuestro amor, justo es que nosotros le ofrezcamos también la nuestra, y todo lo que somos. Esto es lo que él mismo desea, como significó a la beata Ángela de Foligno diciéndole: “Yo me he ofrecido por ti, a fin de que tú te ofrezcas por mí”.

Afectos y súplicas.
Eterno Padre, yo miserable pecador, reo de mil infiernos, hoy me presento a Vos. Dios de infinita majestad, y os ofrezco mi pobre corazón; pero ¡Oh, Señor! ¿Qué corazón os ofrezco? Uno, que no ha sabido amaros, antes bien os ha ofendido tanto, y os ha hecho traición tantas veces; pero ahora os lo ofrezco arrepentido, y resuelto de volver a amaros a toda costa y obedeceros en todo.
, y atraedme todo a vuestro amor. Yo no merezco ser escuchado, más bien lo merece vuestro Hijo, quién aún niño se ofrece a Vos en sacrificio por mi salvación.
Este Hijo y su sacrificio por mi salvación. Este Hijo y su sacrificio os ofrezco, y en él pongo todas mis esperanzas. Os doy gracias, Padre mío, porque le habéis enviado a la tierra a sacrificarse por mí.
Os doy gracias, o Verbo encarnado, Cordero Divino que os ofrecisteis a la muerte por mi alma. Os amo, carísimo Redentor, y sólo a Vos quiero amar, ya que fuera de Vos no hallo quién por salvarme haya ofrecido y sacrificado su vida.
Me hace llorar al ver que con los demás he sido agradecido, y solo con Vos he sido ingrato; pero Vos no queréis mi muerte, sino que me convierta y viva. Sí, Jesús mío, a Vos vuelvo, y me arrepiento con todo el corazón de haberos ofendido, y de haber ofendido a un Dios que se ha sacrificado por mí.
Dadme la vida; ella la empleará en amaros a Vos, sumo bien: haced que os ame y nada más os pido.
María, madre mía, Vos ofrecisteis entonces en el templo a este Hijo también por mí. Volvedle a ofrecer ahora, y rogad al eterno Padre que por el amor de Jesús me acepte por suyo.
Y Vos, Reina mía, recibidme por Hijo vuestro y perpetuo siervo. Si yo soy vuestro siervo, lo seré igualmente de vuestro Hijo.

 

lunes, 1 de febrero de 2021

NO VERÁ LA MUERTE ETERNA, PORQUE VIO LA VIDA. San Ambrosio


2 de febrero

LA PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

Homilía de maitines

 

Homilía de San Ambrosio, Obispo.

Libro 2 sobre los Comentarios a San Lucas, cap. 2, después del principio.

Había en Jerusalén un justo y temerosos de Dios llamado Simeón, y éste, esperaba la consolación de Israel. No solo los ángeles, los profetas y los pastores, sino también los ancianos y los justos, dan testimonio del nacimiento del Señor. Personas de diferentes edades y sexos, y acontecimientos milagrosos confirman esta verdad. Una virgen da a luz, una estéril se hace fecunda, un mudo habla, Isabel es inspirada, los Magos llegan para adorar, un niño da saltos en el seno de su madre, una viuda alaba y bendice, un justo espera.

Es muy merecedor de que llamen justo a ese anciano que antes buscaba el bien de la nación que su ventaja. Porque al tiempo que deseaba verse libre de los lazos del cuerpo, no perdió la esperanza de contemplar al Salvador prometido, calificando de dichosos los ojos que le vieran. Le tomó en sus brazos, y bendiciendo a Dios, dijo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz". Mira a este justo, para quien su cuerpo es una prisión, que anhela verse libre de él, para vivir con Jesucristo; porque verse libre de los lazos del cuerpo y vivir con Jesucristo es mucho mejor.

Pero el que así anhela partir, debe encaminarse al Templo en Jerusalén, esperar al Ungido del Señor, recibir en sus manos el Verbo de Dios, abrazarlo por las buenas obras, que son como los brazos de la fe. Entonces se irá en paz, y no verá la muerte eterna, porque vio la Vida. El nacimiento del Señor derrama la gracia abundantemente sobre toda clase de personas, pero el don de profecía es negado a los incrédulos, pero no a los justos. He ahí, pues, que Simeón profetiza que el Señor Jesucristo ha venido para la ruina y para la resurrección de muchos, a fin de discernir lo que merecen los buenos y los malos, y para otorgar, como juez justo e infalible, suplicios o premios según los actos.

 

 

Purificación de María. Meditación 43. Ildefonso Rodríguez

La Presentación del Niño Dios. Meditación 44. Ildefonso Rodríguez

Trabajemos en la viña de nuestra alma. Homilía Septuagésima