Jueves después de ceniza.
DE LA PREPARACIÓN QUE HIZO EL SALVADOR PARA LA PRIMERA CENA LEGAL. (Math. 26.)
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
Jueves después de ceniza.
DE LA PREPARACIÓN QUE HIZO EL SALVADOR PARA LA PRIMERA CENA LEGAL. (Math. 26.)
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo vino de Betania, adonde estaban sus parientes y amigos, a Jerusalén a celebrar la Pascua, adonde sabía que le preparaban la cruz y la muerte; porque Betania significa la casa de aflicción, y Jerusalén visión de paz; en que nos dá a entender que entre los deudos y amigos no hay sino aflicción y trabajos para el alma; pero en Jerusalén por la cruz y persecuciones se halla la paz y la vista clara de Dios. Toma este documento y acompaña a Cristo en su Pasión dejando a los parientes y amigos y los deleites terrenos, y alcanzarás la verdadera paz.
PUNTO II. Considera cómo no admitió el Salvador la oferta que le hizo Santa María Magdalena de su casa para celebrar la Pascua, como dice san Buenaventura, por no agraviar su pobreza, y la firme confianza que tenía en Dios de que no le faltaría, como no le faltó; y aprende a confiar en la bondad divina en tus necesidades, y estar cierto que si no faltares a Dios no te faltará a ti, y que te hará merced a medida de tu confianza.
PUNTO III. Envía Cristo a Pedro y a Juan a que le preparen el Cenáculo, para ir con sus discípulos a celebrar la Pascua: Pedro significa buena acción, y Juan devota contemplación; en que nos enseña que estas dos virtudes, acción y contemplación de las cosas celestiales, le han de preparar el alma para venir a ella y celebrar la Pascua de júbilos espirituales; si deseas que entre Cristo en tu casa y que te haga muchas mercedes, conviene que la adornes con estas dos virtudes principalmente, contemplando los misterios divinos y obrando lo que Dios te diere a entender en la oración. Mira si lo has hecho hasta aquí, y si has faltado en estas virtudes, pídelas al Señor, y que te dé su gracia para disponerte como debes para recibirle en tu casa.
PUNTO IV. Considera las señas que les dió Cristo para conocer el Cenáculo a donde había de ir a celebrar la Pascua; conviene a saber, la casa a donde viesen que entraba un hombre con un cántaro de agua, porque esta va delante de Cristo al lugar a donde ha de venir, para lavarle y purificarle de toda mancha, y ha de ir delante de tu alma el agua de las lágrimas y de la confesión, para lavarla de las manchas del pecado, para que sea digna posada suya. ¡Oh Señor, lavadme más y más de las manchas de mis pecados, y limpiadme y purificadme de mis maldades, para que sea digno de recibiros en mi pobre casa! Si vos, Señor, no me laváis y disponéis, ¿cómo sabré ni podré lavarme yo, indignísimo pecador, que no tengo de mi cosecha sino abominaciones y pecados? Todo me quisiera resolver en lágrimas de verdadera contrición para lavarme; vos me las dad, y me acrisolad de manera que nunca más vuelva a ofenderos, y sea mi pobre morada siempre vuestra por siempre jamás. Amen.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.