domingo, 15 de febrero de 2026

EVANGELIO DEL DOMINGO: SEÑOR, QUE TENGA VISTA.

DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA
Rito Romano 1962

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas 18, 31-43

En aquel tiempo: Tomando Jesús consigo a los Doce, les dijo: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y se cumplirá en el Hijo del hombre todo lo escrito por los profetas, pues será entregado a los gentiles y será escarnecido, insultado y escupido, y después de azotarlo lo matarán, y al tercer día resucitará». Pero ellos no entendieron nada de esto, este lenguaje era misterioso para ellos y no comprendieron lo que les decía. Cuando se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron: «Pasa Jesús el Nazareno». Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Él dijo: «Señor, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado». Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.


TEXTOS DE LA MISA 


COMENTARIOS AL EVANGELIO

sábado, 14 de febrero de 2026

La pasión de Cristo nuestro Redentor

 


Domingo de Quincuagésima

La pasión de Cristo nuestro Redentor

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Domingo de Quincuagésima

La pasión de Cristo nuestro Redentor

Lc 18, 31-43

Trata el Evangelio, cómo subiendo Cristo a Jerusalén profetizó a sus discípulos su Pasión, y sanó a un ciego mendigo que le pidió vista en el camino, el cual le fue siguiendo y glorificando a Dios.

PUNTO PRIMERO. Considera punto por punto la memoria que hace Cristo de toda su Pasión, diciendo que ha de ser vendido, preso y entregado a los príncipes de los sacerdotes; mofado, escupido, azotado, y últimamente muerto afrentosa mente; y luego carga el peso de la consideración en la alegría con que sube a padecer, y como dice san Crisóstomo, declaró con este hecho, que murió porque quiso espontánea y voluntariamente por los hombres, y en particular por ti, y tú rehúsas el padecer cosas más leves por él. Córrete de lo poco que le amas y de ver cuán lejos estás de seguirle y de imitarle; y pondera que cuando subió otra vez a Jerusalén lloró amargamente, mirando como presente la destrucción que le amenazaba de allí a muchos años, y ahora mirando tan próxima su Pasión no llora ni muestra sentimiento porque la padece gozosamente por ti.

PUNTO II. Pondera aquella palabra de Cristo: El hijo del hombre será entregado, no dice quién lo ha de entregar, no porque lo ignorase, sino porque era uno de sus discípulos y predicador, y calló su pecado mirando por su honra; enseñándonos en esto a mirar por la de nuestros prójimos, y dar bien por mal a los que nos ofendieren hasta la muerte ¡Oh Señor, y qué gran virtud es esta! Dadme vuestra mano para que yo os imite en ella callando siempre los defectos de mis prójimos, y retornando bien por mal a todos mis enemigos.

PUNTO III. Considera cómo Cristo haciendo memoria de su Pasión, la hizo también del premio que había de recibir por ella, diciendo: Y al tercer día resucitará. Encadenando lo uno con lo otro paraque supiésemos que el día del padecer es la víspera del gozar, y que está encadenada la gloria con la paciencia, y la honra con la deshonra padecida por su amor. Acuérdate en tus trabajos del premio que puedes merecer por ellos, y la corona que tiene Dios preparada a los que llevan su cruz, y cuán presto vendrá y te verás glorioso y honrado, anímate con su esperanza a lleva con alegría por amor de Jesús.

PUNTO IV. Considera que, tratando Cristo de su Pasión, dio vista al pobre ciego que se la pidió en el camino, para que supiésemos que la memoria de su Pasión da vista y luz al alma, y sana de la ceguedad del mundo ¡Oh alma mía! si meditases despacio lo que tu Redentor hizo, dijo, obró y padeció en su Pasión, y qué luz alcanzarías para salir de la ceguedad en que vives codiciando las honras del mundo, amando y procurando lo perecedero, estimando lo que no tiene valor, y dejándote llevar de los apetitos ciegos de la carne. Toma esta hiel amarga de la Pasión de Jesús y pon la sobre tus ojos mirándola y meditándola despacio, y te dará vista mejor que la dió la hiel del pez al santo Tobías. Considera cómo recibe las deshonras y desprecia las honras, cómo calla y no admite el valimiento del presidente; cómo pudiendo no se defiende ni permite a las legiones de los ángeles que le defiendan, cómo abraza los dolores, las bofetadas, las espina , los azotes, los clavos y la cruz, y lo demás que intervino en su Pasión, para sanar la ceguedad del mundo y la tuya, que en todo procuras lo contrario; y pide a Cristo con este ciego que te dé ojos y luz para ver y conocer el valor de lo eterno y el engaño delo temporal, y amar aquello y despreciar esto.

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

15 de febrero SANTOS FAUSTINO Y JOVITA MÁRTIRES #santoral #santos

Los santos Faustino y Jovita, mártires. — 15 de febrero.

(+ 122)

Estos dos fortísimos mártires del Señor fueron hermanos muy ilustres por sangre y naturales de Brescia, ciudad principal de Lombardía. A Faustino, que era el mayor, ordenó de sacerdote el obispo Apolonio, y a Jovita, de diácono. Comenzaron los dos hermanos a ejercitar sus oficios con grande edificación de los fieles y acrecentamiento de la fe cristiana: lo cual sabido por el emperador Adriano, dio orden a Itálico, ministro suyo, que los prendiese, y obligase con halagos o por fuerza a renegar de Cristo. Hízolo así Itálico: pero hallándoles muy firmes en su propósito, no quiso pasar adelante hasta que el mismo emperador, que había de ir a Francia, pasase por Brescia, por ser los santos personas tan ilustres y emparentadas. Vino, pues, Adriano, y los mandó llevar al templo del Sol para que lo adorasen; mas los dos santos hicieron oración al Dios del cielo, y luego la estatua del Sol, que resplandecía con muchísimos rayos de oro fino, se paró tan negra como el hollín: y como los sacerdotes del ídolo pusiesen en ella las manos para limpiarla, cayó, se deshizo y se convirtió en ceniza. Embravecióse el emperador con este suceso, y condenó a los dos santos a las fieras; pero los leones, osos y leopardos se amansaron como ovejas a sus pies y se los lamían. Después de esto mandó Adriano echar los santos al fuego, y ellos estaban en medio de las llamas como en una cama regalada, alabando y cantando himnos al Señor. Echáronles de nuevo en la cárcel para que allí pereciesen de hambre y sed; pero vinieron los ángeles del cielo a confortar y alegrar a los esforzados guerreros del Señor. Atáronles después boca arriba y echáronles plomo derretido con unos embudos por la boca, les aplicaron a los costados planchas encendidas, les echaron estopa, resina, aceite, encendieron un gran fuego alrededor de ellos, y el mismo fuego perdió su fuerza, y no fue parte sino para que muchísimos gentiles, espantados de tantos prodigios, se convirtiesen y se proclamasen cristianos. Finalmente, el emperador, no sabiendo ya qué hacer y teniendo por afrenta ser vencido de los santos mártires, los entregó a Antíoco, gobernador, el cual, después de haber probado en vano todo linaje de suplicios, los mandó degollar fuera de la ciudad, y junto a la puerta de ella que va a Cremona.

Reflexión: Preguntará alguno de los que leen estos asombrosos prodigios frecuentes en los martirios de los santos: ¿Cómo no se convertían todos los gentiles que estaban presentes y aun el mismo emperador, teniendo a los ojos tan claros argumentos de la virtud divina? Sabemos que atribuían esos milagros a las malas artes de los demonios, pues llamaban a los santos con el nombre de grandes hechiceros, pero la causa principal de su obstinación era la perversidad de su vida. Decía Tertuliano al emperador de Roma: «Si los cristianos pudiesen vivir como los cesares, o los cesares no hubiesen de vivir como cristianos, a estas horas todos hubieran ya abrazado la fe de Cristo.» (Tertul. Apolog.) Y la misma razón movía a los demás a perseverar en los errores y vicios de la gentilidad, y ésta ha sido, es y será siempre la causa principal de la enemistad que tienen todos los impíos, herejes y malvados con la verdad católica.

Oración: Señor Dios, por cuyo amor despreciaron los bienaventurados mártires Faustino y Jovita, hermanos, las honras del siglo que les ofrecían, concédenos que por su ejemplo, estimemos en poco las mismas honras y lleguemos por su intercesión a la verdadera honra y gloria del Cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.