sábado, 3 de octubre de 2020

ROSARIO EN EL PRIMER SÁBADO DE MES EN REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA CON SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS



Santo Rosario.

Por la señal... 

Monición inicial: En este primer sábado de mes, ofrecemos este rosario en reparación al Corazón Inmaculado de María respondiendo así a su llamamiento en la ciudad de Pontevedra por medio de Sor Lucía, vidente de Fátima: "Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación".

Meditamos el rosario de hoy con santa Teresa del Niño Jesús, carmelita descalza y doctora de la Iglesia, que
Lisieux (Francia), voló al cielo a los 25 años de edad, el día 30 de septiembre del año 1897. Ella nos dice: “La Santísima Virgen me demuestra que nunca deja de protegerme. Enseguida que la invoco, tanto si me sobreviene una inquietud cualquiera, un apuro, inmediatamente recurro a ella, y siempre se hace cargo de mis intereses como la más tierna de las Madres." Con esa misma confianza acudimos a Nuestra Señora en el rezo del santo rosario.

Señor mío Jesucristo... 

 

MISTERIOS GOZOSOS

1.- La encarnación del Hijo de Dios en las entrañas purísimas de la Virgen María.

“Te amo cuando proclamas que eres la siervecilla del Señor, del Señor a quien tú con tu humildad cautivas. Esta es la gran virtud que te hace omnipotente y a tu corazón lleva la Santa Trinidad. Entonces el Espíritu, Espíritu de amor, te cubre con su sombra, y el Hijo, igual al Padre, se encarna en ti... ¡Muchos habrán de ser sus hermanos pecadores para que se le llame: Jesús, tu primogénito!”

OFREZCAMOS este misterio en reparación de las blasfemias y ultrajes que se comenten contra la Inmaculada Concepción de María.

2.-La Visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel.

“Tú me haces comprender, ¡oh Reina de los santos!, que no me es imposible caminar tras tus huellas. Nos hiciste visible el estrecho camino que va al cielo con la constante práctica de virtudes humildes. Imitándote a ti, permanecer pequeña es mi deseo, veo cuán vanas son las riquezas terrenas. Al verte ir presurosa a tu prima Isabel, de ti aprendo, María, a practicar la caridad ardiente. En casa de Isabel escucho, de rodillas, el cántico sagrado, ¡oh Reina de los ángeles!, que de tu corazón brota exaltado. Me enseñas a cantar los loores divinos, a gloriarme en Jesús, mi Salvador. Tus palabras de amor son las místicas rosas que envolverán en su perfume vivo a los siglos futuros. En ti el Omnipotente obró sus maravillas, yo quiero meditarlas y bendecir a Dios.”

OFREZCAMOS este misterio en reparación de las blasfemias y ultrajes que se comenten contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora.

3.-El nacimiento del Niño Dios en el portal de Belén

“En Belén, os veo, ¡oh María y José!, rechazados por todos. Nadie quiere acoger en su posada a dos pobres y humildes forasteros. ¡Sólo para los grandes tienen sitio...! Y en un establo mísero, rudo y destartalado, tiene que dar a luz la Reina de los cielos a su Hijo Dios. ¡Madre del Salvador, qué amable me pareces, qué grande me pareces en tan pobre lugar! Cuando veo al Eterno en vuelto en los pañales y oigo el tierno vagido del Verbo entre las pajas, ¿podría yo, María, en ese instante, envidiar a los ángeles? ¡Su Señor adorable es mi hermano querido! ¡Cómo te amo, María, cuando en nuestra ribera abres para nosotros esa divina Flor! ¡Cómo te amo, Virgen, cuando escuchas a los simples pastores, y a los magos, y guardas y meditas todo eso dentro del corazón!

OFREZCAMOS este misterio en reparación de las blasfemias y ultrajes que se comenten contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como madre de los hombres.

4.-La purificación de Nuestra Señora y presentación del Niño Jesús en el templo

"Te amo cuando te mezclas con las demás mujeres que dirigen sus pasos al templo del Señor. Te amo cuando presentas al Niño que nos salva al venerable anciano que le toma en sus brazos. Al principio yo escucho sonriendo su cántico, mas pronto sus acentos hacen correr mis lágrimas. Hundiendo en el futuro su mirada profética, Simeón te presenta la espada del dolor. ¡Oh Reina de los mártires, la espada dolorosa traspasará tu pecho hasta la tarde misma de tu vida!"

OFREZCAMOS este misterio en reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada.

5.- El niño Jesús perdido y hallado en el templo

En Jerusalén, una amarga tristeza te envuelve y, como un mar, tu corazón inunda. Por tres días Jesús se esconde a tu ternura, y entonces si, sobre tu vida cae un oscuro, implacable, riguroso destierro. Por fin logras hallarle, y al tenerle, rompe tu corazón en transporte amoroso. Y le dices al Niño, encanto de doctores: "Hijo mío, ¿por qué has obrado así? Tu padre y yo, con lágrimas, te estábamos buscando". Y el Niño Dios responde, ¡oh profundo misterio!, a la Madre querida que hacia él tiende los brazos: "¿A qué buscarme, Madre? ¿No sabías, acaso, que en las cosas que son del Padre mío he de ocuparme ya?" Me enseña el Evangelio que sumiso a María y José permanece Jesús, mientras crece en sabiduría. ¡Y el corazón me dice con qué inmensa ternura a sus padre queridos él obedece siempre Ahora es cuando comprendo el misterio del templo, las palabras ocultas del amable Rey mío: Tu dulce Niño, Madre, quieres que seas tú el ejemplo vivo del alma que le busca a oscuras, en la noche de la fe. “Haz que yo me parezca a ti. ¡Jesús…!.”

OFREZCAMOS este misterio en reparación de aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima.

 

*** PARA RECIBIR LA PROMESA DE LOS CINCOS PRIMEROS SÁBADOS ES NECESARIO, DURANTE CINCO SÁBADOS SEGUIDOS: 1) Rezar el rosario y meditar en sus misterios y 2) Confesar y comulgar con esta intención.