miércoles, 22 de abril de 2026

De las apariciones que hizo Cristo a sus Apóstoles los cuarenta días antes de su Ascensión.

 


De las apariciones que hizo Cristo a sus Apóstoles los cuarenta días antes de su Ascensión.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Jueves de la II semana de Pascua.

De las apariciones que hizo Cristo a sus Apóstoles los cuarenta días antes de su Ascensión.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas, que por cuarenta días antes de subir Cristo al cielo apareció muchas veces a sus discípulos hablando con ellos del reino de Dios; a donde has de ponderar en primer lugar, que los tres días de ausencia de su pasión y muerte recompensó con cuarenta de su gloria, apareciéndoseles y visitándolos resucitado y glorioso, consolándolos y animándolos en su orfandad, y prometiéndoles el Espíritu Santo que estuviese siempre con ellos, de lo cual has de sacar muy grande confianza en Dios en tus sequedades y trabajos, conociendo que cada día de ausencia lo recompensa brevemente con muchos de asistencia y consuelo espiritual: espera en el Señor y haz bien, y experimentarás la gracia de su consolación.

 

PUNTO II. Considera cómo les aparecería visiblemente, no solo vivo, como dice san Lucas, sino glorioso, comunicándoles parte de su gloria y animándolos con su ejemplo y palabras a trabajar en su servicio y tolerar con paciencia los trabajos por su amor. Contempla el cuidado que tiene de los suyos, como solícito Pastor, y cómo te enseña a cuidar de sus cosas, y en especial de sus ovejas, aunque estés sublimado en la más alta dignidad; y cómo en todos tiempos y ocasiones visita Dios a los suyos sin descuidarse de alguno; pídele que no se olvide de ti, sino que te visite y consuele con su divina presencia en la forma que fuere servido para gloria suya y bien de tu alma.

 

PUNTO III. Considera lo que dice el evangelista san Lucas; conviene a saber, que en estas visitas siempre hablaba del reino de Dios, para encender en sus corazones un fuego de vivos deseos de él. Estas son las pláticas que tú has de tener con todos en las visitas que hicieres y te hicieren, hablando siempre del reino de Dios y de las cosas espirituales que nos pueden llevar a él, y desterrando y apartando de tu boca todas las conversaciones vanas, que no traen provecho al alma: ruega al Señor que te dé ésta gracia, y medita en su acatamiento cómo la podrás cumplir con su divino favor, el cual a ninguno niega que se dispone para recibirle.

 

PUNTO IV. Estos cuarenta días, dice san Agustin, que fueron símbolo de las vidas de los justos por el discurso de las cuales los asiste el Redentor invisiblemente y los visita con frecuencia consolándolos, esforzándolos y guiándolos en el camino del cielo: de lo cual has de sacar grande consuelo sabiendo que te asiste el Señor, y grande esfuerzo para todas las obras de virtud, sabiendo que tienes a la mano su favor, con el cual no hay cosa difícil porque todo se hace fácil y lo podemos en el que nos conforta, como lo experimentó y decía san Pablo de sí mismo. Vuelve los ojos al Señor que te asiste, y pídele en todas tus obras que te conforte, te ayude, y dé consejo y aliento como le dio a los Apóstoles y sentirás en todo su divino favor.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.