Jueves de la octava de Pascua.
De cómo Cristo apareció a santa María Magdalena. (Joann. 20.)
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Jueves de la octava de Pascua.
De cómo Cristo apareció a santa María Magdalena. (Joann. 20.)
PUNTO FRIMERO. Considera cómo vinieron al sepulcro san Pedro, san Juan y santa María Magdalena a buscar a Cristo, y los discípulos se volvieron porque no hallaron el cuerpo del Señor; pero santa María Magdalena se quedó a la puerta llorando su ausencia, y mereció ver vivo y glorioso al que buscaba muerto. Saca de aquí que no basta buscar a Cristo para gozarle, si no se busca con perseverancia, como santa María Magdalena, y que aquellos merecen gozar la gloria de su resurrección, que con viva fe y devoción le buscan y asisten y contemplan su pasión y muerte como esta santa pecadora sentada junto al sepulcro.
PUNTO II. Considera el amor tan intenso que tenía a Cristo esta santa pecadora, las lágrimas que derrama porque no halló vivo o muerto al amado de su corazón, y cómo vio los ángeles vestidos de blanco, y que ni con su vista ni con sus palabras, con ser de tanto consuelo, le pudo tener ni cesar de su llanto; porque a quien ama de veras, ninguna cosa le puede consolar sino hallar a Dios. Entra en cuenta contigo, y mira las ventajas que te lleva esta santa mujer en el amor del Señor y cuán poco le amas, pues le buscas con tanta tibieza, y tienes tus consolaciones en los bienes terrenos, y te hayas consolado sin tu Dios; gime, llora con esta santa pecadora la ausencia de tu dulce Esposo, y no tomes gusto ni descanso, hasta hallarle como ella y gozarte con él.
PUNTO III. Considera a Cristo que atraído al reclamo de sus gemidos y fervorosas lágrimas le apareció en forma y traje de hortelano, y le habló con palabras de consuelo diciéndole: mujer ¿por qué lloras? Bien sabía el Señor por quien lloraba y lo que buscaba; pero pregúntale para oírlo de su boca y refinar más su amor ¡Oh cuántas veces se disimula Cristo y no se da luego a conocer, aunque está con nosotros, para refinar nuestro amor y que nos encendamos más en él, y multipliquemos la oración, los gemidos y rogativas, y le busquemos con más fervor! Saca de aquí el que has de tener en servirle y buscarle y la perseverancia en su servicio, y una fe viva de que está contigo, aunque no le conozcas, como María Magdalena.
PUNTO IV. Considera cómo santa María Magdalena respondió que buscaba a Cristo muerto y luego le halló vivo, y se le descubrió el Señor resucitado y glorioso, con sola una palabra que le dijo, nombrándola María ¡Oh qué fácil es a Dios consolar en un instante al pobre, y trocar el llanto en risa y la tristeza en alegría: bendito sea el varón que en él confía. Contempla el gozo de esta santa, viendo glorioso y más resplandeciente que el sol al amado de su alma, a quien oraba difunto: con qué ansias se abalanzó a sus pies, a donde había hallado el remedio de sus culpas; y cómo la detuvo el Señor para que no le tocase, porque como se dijo arriba, no necesitaba su fe, como la de otros, de tocarle para creer que había resucitado, y saca de todo esto grande provecho para tu alma, confiando en el Señor que te consolará en tus tristezas y que te doblará el gozo, dando logro a tus deseos con mayor colmo que lo podías pensar, como lo hizo con santa María Magdalena.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.