JUEVES SANTO
DE LA QUINTA PALABRA QUE DIJO CRISTO EN LA CRUZ: SED TENGO. (JOANN. 19.)
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
JUEVES SANTO
DE LA QUINTA PALABRA QUE DIJO CRISTO EN LA CRUZ: SED TENGO. (JOANN. 19.)
PUNTO PRIMERO. Considera el cuidado que tuvo siempre Cristo del crédito de sus profetas y el celo de su santa palabra; pues dice el Evangelista que estando en aquel trance embestido por todas partes de tantos tormentos, dolores y afrentas, para que se cumpliese la Sagrada Escritura y la profecía de David (1) que había dicho que en su sed le habían de dar vinagre a beber, clamó y dijo que tenía sed, y uno de los que lo oyeron, tomando una esponja la bañó en hiel y vinagre, y levantándola en una caña se la puso a la boca; pero no la bebió y así se cumplió la Escritura que estaba profetizada del Salvador; atiende a su cuidado y al celo de sus Escrituras y del crédito de sus profetas, y dale gracias por él, y juntamente aprende la estima que debes tener de ellos y de sus palabras como pronunciadas por su boca.
PUNTO II. Considera cómo aquella sed fue natural, nacida de la mucha sangre que había derramado: compadécete de su tormento, el cual fue tan vehemente que de ninguno habló palabra sino de este, como pidiendo alivio en él, que fue tal su pobreza que no tuvo en aquella hora una gota de agua para refrigerar la lengua, y el que es fuente de agua viva y envía las nubes, los ríos y las fuentes a que fecunden la tierra, cuidando tanto de los otros, descuidado tanto de sí que no reservó una gota de agua para su sed. ¡Oh buen Jesús! y cómo condenáis nuestros regalos procurados con tanto estudio y prevenidos con tanta abundancia; mejor fuera que nosotros pereciéramos de sed, y que vos tuvieseis la abundancia de bebidas que gastamos en nuestro regalo: la cara se me cubre de vergüenza en vuestra presencia y no tengo ojos para miraros viendo cuán lejos ando del camino que vos lleváis. ¡Oh alma mía! aprende a mirar por los otros y no por ti, y a quitarte la agua de la boca para darla a tu prójimo cuando tuviere necesidad, como Cristo se la quitó de la boca para dárnosla a nosotros.
PUNTO III. Considera lo que sentirían la Beatísima Virgen y el glorioso san Juan y las santas mujeres que la acompañaban, oyendo la sed que padecía y no pudiéndole socorrer. ¡Oh Reina del cielo, que tantas veces le disteis la leche de vuestros pechos! qué dolor fue el de vuestro corazón cuando visteis a vuestro preciosísimo Hijo padecer en aquel trance ardiente sed que le atormentaba sin poderle socorrer. ¡Oh alma mía! tu dulce esposo está abrasado de sed y te llama para que le des a beber, no tanto el agua material, cuanto la espiritual de tu aprovechamiento y virtud; de ti misma tiene sed, dale a beber, que cuanto le des sin ti no le puede satisfacer.
PUNTO IV. Considera cómo en esta necesidad le dieron a beber hiel y vinagre, y gustándolo no la quiso tomar. ¡Oh crueldad nunca oída! ¡oh inhumanidad más que de fieras! ¿quién jamás oyó tal cosa, que en el trance de la muerte le den hiel y vinagre por agua a quien se abrasaba de sed? Si alguna vez te hallares en necesidad y no tuvieres quien se compadezca de ti, aquí tienes consolación en lo que padece el Salvador con tanta paciencia; aprende a compadecerte de lo que padece en sus pobres de sed, de hambre y necesidad; entonces le das a Cristo a beber en su sed, cuando se la das a sus pobres en la suya; no mezcles la bebida con hiel de malas palabras, ni con amargura de malos tratamientos, que será darle a beber hiel y vinagre mezclados; sino como dice san Bernardo, sea mayor la benevolencia que el don.
(1) Psalm. 62.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.