Día 1
LA CREACIÓN DEL CORAZÓN DE MARÍA
EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E
INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 1
LA CREACIÓN DEL CORAZÓN DE MARÍA
Considera la obra del Altísimo, esta obra sublime, este vaso admirable, creado para recibir el depósito de los tesoros celestiales que luego habrían de derramarse sobre el universo. Contempla el Corazón de la Virgen María, elegida desde toda la eternidad para ser un día la Madre de Dios. Esta obra superó a todas las demás obras del Todopoderoso.
Los cielos y sus brillantes astros, el mar y sus innumerables habitantes, la tierra con todos sus frutos y cuanto ella contiene son llamados en las Sagradas Escrituras «las obras de los dedos de Dios»; pero la formación del Corazón de María fue obra de sus manos y de su brazo, como ella misma dirá un día: «Dios ha manifestado la fuerza de su brazo; el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.»
En la formación de este gran Corazón, la Santísima Trinidad empleó toda la plenitud de su poder.
El Padre eterno concurrió con su omnipotencia, formando en ella un Corazón de Hija, destinado a permanecer para siempre lleno de amor filial hacia su Creador, libre de todo afecto contrario, y a superar en docilidad, sumisión y obediencia a todos los corazones de las criaturas más puras.
El Hijo concurrió con su divina Sabiduría, formando en ella un Corazón de Madre, al que Él mismo habría de someterse y por el cual sería guiado en las acciones de su humanidad santísima.
El Espíritu Santo concurrió con el ardor inefable de su amor, formando en ella un Corazón de Esposa, tan inflamado de amor y tan fecundo que, por un solo «Fiat» pronunciado por ese Corazón, habría de realizarse una obra infinitamente más admirable que la creación del universo, realizada por otro «Fiat» de la misma Augusta Trinidad.
¡Qué obra tan admirable!
¡Qué obra tan sublime!
¿Quién podrá comprenderla?
Repitamos también nosotros las palabras de esta Hija, Esposa y Madre de Dios, y digámosle:
«En Vos, el Todopoderoso ha hecho grandes cosas y ha manifestado la fuerza de su brazo.»
He aquí la obra preparada por Dios para vencer a sus enemigos y dispersar a los soberbios.
Guardémonos de pertenecer a ese número y procuremos, durante este mes, reformar nuestro propio corazón, haciéndolo semejante, en cuanto nos sea posible, al divino Corazón de María.
ORACIÓN
¡Oh María!, llamada con toda justicia Vaso espiritual, Vaso honorable y Vaso insigne de devoción, pon en mi corazón una chispa de ese amor del que el tuyo quedó abrasado desde el primer instante de su creación, obra maestra de las manos de Dios, para que, lejos de comparecer, después de mi muerte, ante el Juez supremo como un vaso de ignominia y de ira, pueda ser presentado por ti ante Él como un vaso de elección destinado a la bienaventuranza eterna. Amén.
FLOR. Rezar el Magníficat y la Salve Regina.
FRUTO. Humillarse al contemplar las manchas del propio corazón y apresurarse a purificarlo mediante una confesión sincera y un verdadero arrepentimiento.
ORACIONES FINALES
ORACIÓN
AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA
¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.
¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.
Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.
Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.
Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.
En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.
Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.
ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA
Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.
Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores
A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:
- Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
- Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
- la Natividad de la Santísima Virgen María,
- la Asunción de la Santísima Virgen,
- y la fiesta del Santísimo Corazón de María,
con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.
- Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
- Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.