Sábado después de ceniza.
DE LAS CEREMONIAS DE LA CENA LEGAL QUE CELEBRÓ CRISTO. (Exod. 19).
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
Sábado después de ceniza.
DE LAS CEREMONIAS DE LA CENA LEGAL QUE CELEBRÓ CRISTO. (Exod. 19).
Mandó Dios a su pueblo que comiesen el Cordero Pascual en pie, ceñidos los lomos, calzados los pies, con báculos en las manos, con pan sin levadura y lechugas amargas, todo lo cual cumplieron Cristo y sus apóstoles aquella noche puntualísimamente.
PUNTO PRIMERO. Entra en aquel Cenáculo, y contempla a Cristo y a los apóstoles con el hábito que se ha dicho en forma de caminantes, y aprestados para la partida, comiendo aquel Cordero Pascual con todas sus ceremonias; en qué te enseñan cómo has de vivir y conversar en este mundo, portándote en él como caminante y peregrino para tu patria que es el cielo, y estando siempre a punto para la partida, dispuesto y apercibido como Cristo y los apóstoles: contempla lo que allí pasa, y mira que no tienes aquí cuidado permanente, ni es este el lugar de tu morada; no te arraigues ni te avecines en la tierra, mas suspira siempre por el cielo y encamina todos tus pasos a él.
PUNTO II. Mandaba Dios que comiesen aquel Cordero con lechugas amargas, porque se ha de acompañar con la mortificación y amargura de la contrición y dolor de los pecados; así decía el santo Job (1) , que antes que comiese suspiraba y gemía, acompañando la comida con lágrimas, y amargando el gusto con la contrición de sus culpas. Mira si tú lo haces así, y si en tu mesa se halla la mortificación en el gusto y en los manjares y en la contrición del corazón, de suerte que seas agradable a Dios, y pídele que te la dé y te haga digno de sentarse con él a su mesa.
PUNTO III. Considera lo que significa el pan sin levadura con que se comía aquel Cordero y todos los manjares de aquella mesa; conviene a saber, como enseña san Pablo, (2) , que no se halle la levadura de la maldad, ni la mezcla de pecado, sino la sinceridad y verdad cristiana, porque el que no la tuviere no será digno de sentarse con Cristo a su mesa, ni entrar en su reino. Mira si se halla esta mala levadura en tu corazón y en tu alma, y procura purificarla de toda escoria de pecado y de mentira, y tratar con la sinceridad que pide Dios a los suyos, y te pide a tí para ser digno de sentarte con él en la mesa de su gloria.
PUNTO IV. Considera que mandaba Dios que se comiese aquel Cordero, calzados los pies, como declara san Gregorio Niseno, (3) porque en el camino no les lastimasen las espinas y abrojos; en que nos enseña que debemos escusar las ocasiones de caer en pecado y prevenirnos con tiempo en el camino de esta vida, para que no seamos heridos y lastimados de las espinas de los vicios. Mira qué poco andas, y qué poco te adelantas en este viaje; abre los ojos y mira si estás todavía en el Egipto de tus vicios y en las idolatrías de las aficiones terrenas: advierte no lo causen las ocasiones en que te hallas, y la falta de providencia que tienes para evitarlas: pertréchate con la prevención en cosa que tanto te importa, y sal de las ocasiones, y date prisa para caminar al cielo: mira que se parte Cristo, no te duermas ni dejes su compañía. Advierte que mandaba Dios que comiesen aquel Cordero con prisa, por la diligencia que pide a sus siervos en las cosas de su servicio: guárdate no te despida por tibio y te deje en el camino: y también mandaba que no dejasen cosa de él para el día siguiente, porque ninguno había de estar a otro día en Egipto, y así has de mirar cada día como el último de tu vida. Medita todo esto despacio, y mira cada día que amanece como el último en que has de pasar de esta a la otra vida.
(1) Job. 3. (2) 1. Cor. 5. (3) Nis. de vit. Mois.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.