14 de julio
LA PRECIOSÍMA SANGRE
EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ
MES
A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE JESÚS
ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS
Por la señal…
ORACIÓN INCIAL
Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.
14 de julio
LA PRECIOSÍMA SANGRE
EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ
Se acercaba la hora en que el Hijo de Dios se sacrificaría por nosotros, pecadores, en medio del sufrimiento más atroz. Jesús sale del Cenáculo y va a Getsemaní, y allí, solo, abandonado incluso por sus discípulos, postrado en el suelo, ora y se ofrece como sacrificio de expiación por nuestros pecados. Una tormenta de tristeza y temor inunda su corazón al contemplar los pecados de todos los hombres, de todos los tiempos y lugares, y al ver los tormentos que tendría que soportar para expiarlos. El ángel le presenta el cáliz lleno de amargura, que debe beber para aplacar la justicia divina. Jesús exclama: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa». Pero inmediatamente añade: «Sin embargo, no se haga mi voluntad, sino la tuya».
El sufrimiento inminente lo aterra, pero no lo detiene: lo soportará hasta el final.
Poco después, casi impaciente por pagar el precio de nuestra salvación, bajo la intensa tensión que lo embargaba, comenzó a sudar sangre: gotas brotaban de su frente, corrían por su rostro, por su túnica y caían al suelo.
¡Qué gran lección nos da Jesús, derramando su sangre en la oscuridad, en el silencio, en la soledad de aquella noche! Nos enseña a encontrar la fuerza para decirle a Dios, especialmente en los días de sufrimiento: «Hágase siempre tu voluntad, Señor».
PROPÓSITO
No quejarse cuando haya alguna ocasión de sufrir, repitiendo con el Señor: Hágase siempre tu voluntad.
EJEMPLO
Antes de enviar el castigo final a los egipcios, Dios ordenó a los hebreos que comieran el cordero y marcaran las puertas de sus casas con su sangre, para que el ángel exterminador, al pasar, no dañara sus hogares.
Si esa sangre, simplemente por ser símbolo de la sangre del verdadero Cordero que quita el pecado del mundo, bastó para salvar a los judíos, ¡cuánto más podrá la sangre de Cristo salvarnos de la ruina eterna!
En los pueblos cercanos a Roma, donde predicó el incansable apóstol de la devoción a la Preciosísima Sangre, San Gaspar del Búfalo, no era raro encontrar escrito en las puertas de las casas: "¡Viva la Sangre de Jesucristo!".
PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos: