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jueves, 29 de octubre de 2026

DÍA 30. MARÍA, HIJA, MADRE Y ESPOSA. MES DE OCTUBRE EN HONOR DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO

DÍA 30

MARÍA, HIJA, MADRE Y ESPOSA

 

MES DE

OCTUBRE

EN HONOR DE LA

SANTÍSIMA VIRGEN

DEL ROSARIO

 

Por la señal de la santa cruz…

 

ORACIÓN INICIAL

Soberana Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo, nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.

DÍA 30

MARÍA, HIJA, MADRE Y ESPOSA

Mas, para que los cielos vieran la justicia con que a María se la elevaba con tan grande dignidad, el Padre Eterno manifiesta que aquella es su Hija; el Hijo la aclama por su Madre, y el Espíritu Santo inspira a aquellas celestiales inteligencias que Él la ha aceptado por Esposa.

Los espíritus angélicos se postran reverentes y entonan a María este himno sagrado:

«Dios te salve, Hija de Dios Padre; Dios te salve, Madre de Dios Hijo; Dios te salve, Esposa del Espíritu Santo; Dios te salve, templo y sagrario de la Santísima Trinidad; sea dada gloria a Ella por los siglos de los siglos».

Espectáculo más grandioso no han presenciado el cielo ni la tierra, tratándose de una pura criatura.

 

 

***

La Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.

Avemaría (x3)

 

Oración Final

Reina del Santísimo Rosario,

esperanza de los cristianos,

Madre de Misericordia,

dulzura de mi vida.

A ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.

Ayúdame, Señora, en mis trabajos;

defiéndeme en los peligros;

esfuérzame en los desmayos,

y haz que por el rezo y meditación de tu Rosario

merezca la gracia para esta vida

y después, de la eterna dicha en el Cielo. Amén.

***

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

DÍA 7. EL DESCUIDO DE LOS MORTALES EN ALIVIAR A LAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO. NOVENA EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

 


DÍA SÉPTIMO

EL DESCUIDO DE LOS MORTALES  EN ALIVIAR A LAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

NOVENA

EN SUFRAGIO DE

LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

Tomada del devocionario Áncora de Salvación,

compilado y publicado por el Padre José Mach, SJ, en 1860.

 

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, en quien creo y espero, a quien amo y quisiera haber siempre amado sobre todas las cosas; me pesa, sí, una y mil veces me pesa de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, bondad infinita. Pésame también porque merecí las terribles penas del Purgatorio, y ¡ay!, tal vez las eternas llamas del Infierno. Propongo firmemente nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, ayudado de vuestra divina gracia. ¡Oh, tenga yo, Jesús mío, la dicha de confesarme bien, enmendar la vida y perseverar hasta la muerte! Os lo pido por esas benditas Ánimas, por vuestra Sangre preciosísima y por los dolores de vuestra afligidísima Madre. Amén.

 

DÍA SÉPTIMO

MEDITACIÓN

EL DESCUIDO DE LOS MORTALES  EN ALIVIAR A LAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

 

PUNTO PRIMERO. ¡Pobres almas! Están padeciendo tormentos y penas inexplicables; no pueden merecer ni esperar alivio sino de los vivos, y estos, ingratos, no cuidan de ellas.

Tienen en el mundo tantos hermanos, parientes y amigos, y no hallan, como José, un Rubén piadoso que las saque de aquella profunda cisterna. Sus tinieblas son más dolorosas que la ceguera de Tobías, y no encuentran un Rafael que les dé la vista deseada para contemplar el rostro hermosísimo de Dios.

Se abrasan en una sed más ardiente que la del criado de Abraham, y no hallan una oficiosa Rebeca que se la alivie. Son infinitamente más desgraciadas que el caminante de Jericó y el paralítico del Evangelio, pero no encuentran un samaritano ni otra persona compasiva que las consuele.

¡Pobres Ánimas! ¡Qué tormento tan grande será para vosotras este olvido de los mortales! ¡Podrían tan fácilmente aliviaros y libertaros del Purgatorio! Bastaría una Misa, una Comunión, un Vía Crucis o una indulgencia que os aplicasen, y nadie se preocupa de ofrecérosla.

¿Y quiénes son esos ingratos? ¡Ah! Son vuestros mismos parientes y amigos, vuestros herederos, vuestros propios hijos. Ellos se alimentan y recrean con los bienes que les dejasteis, y ahora, desconocidos, ya no se acuerdan de vosotras.

Tal vez por haberlos estimado y complacido demasiado, por haberlos enriquecido con usuras y otros medios ilícitos, ardéis en esas llamas; y los ingratos se divierten ahora sin compadecerse ni acordarse de vuestras penas.

¡Pobres almas! Con mucha más razón que David podéis decir:

«Si un extraño que jamás hubiese recibido favor alguno de mi mano, si un enemigo me tratara así, por sensible que me fuera, podría soportarlo con paciencia. ¡Pero tú, hijo mío, que me debes tantos beneficios y te sustentas y regalas con el sudor de mi rostro; tú, hija mía, por quien pasé tantos dolores y tantas malas noches; tú, esposo; tú, esposa mía, que tantas pruebas recibisteis de mi amor, siendo objeto de mis desvelos y blanco de mis incesantes favores; que tú me trates así, que, descuidando los sufragios que tanto te encargué, me dejes en este fuego sin querer socorrerme!».

¡Ah! ¡Esta sí que es ingratitud y crueldad superiores a toda ponderación!

Medita un poco sobre lo dicho.

 

PUNTO SEGUNDO. ¡Pobres almas! Pero más pobres e infelices seremos nosotros si no las socorremos.

«Acuérdate —gritan los difuntos— de cómo he sido yo juzgado, porque así mismo lo serás tú. A mí, ayer; a ti, hoy. Tú también serás del número de los difuntos, y tal vez muy pronto. Y, por rico y poderoso que seas, ¿qué sacarás de este mundo? Lo que nosotros sacamos, y nada más: las obras. Si son buenas, ¡qué consuelo! Si malas, ¡qué desesperación! Como tú hayas hecho con nosotros, harán contigo».

¿Lo oyes? Si ahora eres duro e insensible con las benditas Ánimas, duros e insensibles serán contigo los mortales cuando tú hayas dejado de existir.

Y no es este el parecer de un sabio, sino el oráculo de la Sabiduría infinita, que nos dice por San Mateo: «Con la misma medida con que midiereis, seréis medidos».

Sí, del mismo modo que nos hubiésemos portado con las almas de nuestros prójimos, se portarán también con nosotros los mortales. Y «¡ay de aquel que no hubiese usado de misericordia, porque le espera —dice el apóstol Santiago— un juicio sin misericordia!».

¿Y no tiemblas tú, heredero y testamentario, insensible para con los difuntos? Si el Juez supremo, lleno de indignación, arroja al Infierno al que niega limosna a un pobre que tal vez era enemigo de Dios por el pecado, ¿con cuánta más justicia y rigor condenará al que niegue a sus amadísimas esposas los sufragios procedentes de los bienes que le pertenecían?

Medita lo dicho un poco; encomienda a Dios las Ánimas de tu mayor obligación y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta Novena.

 

EJEMPLO

Refiere San Nicéforo de Constantinopla que, habiendo sido derrotado por Cayano el ejército de Mauricio y hechos prisioneros gran número de soldados, Cayano pidió al emperador una moneda, y no de valor muy subido, por el rescate de cada prisionero.

Mauricio se negó a darla. Cayano pidió entonces una moneda de menor valor, pero también se la rehusaron. Exigió, por último, una cantidad ínfima; y, al no conseguirla tampoco, el bárbaro, irritado, mandó cortar la cabeza a todos los soldados imperiales que tenía en su poder.

Mas ¿qué sucedió? Pocos días después, Mauricio tuvo una espantosa visión. Citado al tribunal de Dios, veía una gran multitud de esclavos que arrastraban pesadas cadenas y, con horrendos gritos, pedían venganza contra él.

Oyendo el Juez supremo tan justas quejas, se volvió a Mauricio y le preguntó:

—¿Dónde quieres ser castigado: en esta vida o en la otra?

—¡Ah, benignísimo Señor! —respondió el prudente emperador—. Prefiero ser castigado en este mundo.

—Pues bien —dijo el Juez—, en pena de tu crueldad con aquellos pobres soldados, cuya vida no quisiste salvar a tan poco precio, uno de tus soldados te quitará la corona, la fama y la vida, acabando con toda tu familia.

En efecto, pocos días después se le insurreccionó el ejército, proclamando emperador a Focas. Mauricio, fugitivo, se embarcó en una pequeña nave con unos pocos que le seguían; mas en vano: las furiosas olas lo arrojaron a la playa. Al llegar los partidarios de Focas, lo ataron a él y a cuantos le acompañaban y los llevaron a Eutropia, donde, ¡oh padre infeliz!, después de haber visto con sus propios ojos la cruel carnicería de cinco de sus hijos, fue muerto ignominiosamente. No pasó mucho tiempo sin que el resto de su familia sufriera la misma desgracia.

¡Ah, cristianos que oís esto! No son unos pobres soldados, sino vuestros propios hermanos y vuestros propios padres los que han caído prisioneros de la Justicia divina. Este Dios misericordioso pide por su rescate una moneda muy pequeña: de gran valor, es verdad, pero muy fácil de dar.

¿Y seréis tan duros que se la neguéis? ¿Tan insensibles seréis a la felicidad de las Ánimas y a vuestros propios intereses?

 

ORACIÓN A JESÚS

LLEVANDO LA CRUZ A CUESTAS

¡Oh dulcísimo Jesús! ¡Qué sensible habrá sido a vuestro corazón mi olvido e indiferencia para con las almas del Purgatorio, pues tanto las amáis, por una parte, y, por otra, sois tan caritativo que, cuando subíais a la montaña del Calvario, olvidasteis vuestro dolor acerbísimo para consolar a aquellas piadosas mujeres que lloraban vuestra suerte!

Aplaque, pues, ¡oh Padre celestial!, vuestra ira la caridad inmensa de vuestro Hijo santísimo. Aceptad esos dolorosos pasos que da, oprimido por el enorme peso de la cruz; aceptad esas tres lastimosas caídas, junto con los escarnios, el sudor y la sangre que derrama por nuestro amor.

Yo os lo ofrezco todo en remisión de mi poca paciencia en los trabajos y en sufragio de las pobres almas del Purgatorio.

¡Ah! Compadeceos de sus lágrimas; enjugadlas, ¡oh Padre clementísimo!, y haced que participen dichosas cuanto antes de la gloria de vuestro rostro divino en la patria celestial. Amén.

 

OBSEQUIO: El mayor sufragio que reclaman las benditas Ánimas, el más necesario para nosotros y el más acepto a Dios, es hacer una buena confesión, sin callar pecado alguno al confesor.

 

RESPONSO POR NUESTROS DIFUNTOS

V. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dirige, Señor Dios mío, a tu presencia mis pasos.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

 

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Padre nuestro… (se recita en silencio)

 

V. Libra, Señor, su (sus) alma (almas)

R. De las penas del infierno.

V. Descanse (-n) en paz.

R. Amén.

V. Señor, escucha nuestra oración.

R. Y llegue a ti nuestro clamor.

 

Oremos. Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, especialmente por las almas de nuestros familiares, amigos y bienhechores (pueden nombrarse por su nombre  propio), para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

V. Dales, Señor, el descanso eterno.

R. Y brille para ellos luz perpetua.

V. Descansen en paz.

R. Amén.

V. Por la misericordia de Dios y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María las almas de los fieles difuntos descansen en paz.

R. Amén.

San Marcelo, centurión, mártir. - 30 de octubre

 


San Marcelo, centurión, mártir. - 30 de octubre

(+ 298)

 

El glorioso centurión y mártir de Cristo san Marcelo fue de nación español y tiénese por tradición que nació en la ciudad de León, que después fue cabeza y corte del reino de su nombre. Floreció en la profesión militar en tiempo del presidente Anastasio Fortunato que gobernaba aquella provincia de España, y celebrándose por este tiempo la exaltación de Maximiano Hercúleo al imperio; para que la función fuese más solemne, el presidente Anastasio Fortunato publicó un edicto por el que se mandaba que todos los pueblos de la provincia concurriesen a León el día señalado para la festividad y regocijo público. Marcelo, estando delante de las banderas de su legión, lastimado de ver tanta gente entregada a la idolatría, a vista de todos se quitó el cíngulo o banda militar y dijo: «Yo solo sirvo a Jesucristo, Rey de reyes y Señor de los señores, por lo que desisto de servir más a los emperadores de la tierra y desprecio sus falsos dioses.» Diciendo esto arrojó también el sarmiento que llevaba en la mano como divisa de su grado de centurión en la milicia. Dio orden el gobernador que luego pusiesen a san Marcelo en la cárcel y terminadas las fiestas y sacrificios idólatras, preguntóle lleno de ira: «¿Qué causa has tenido para arrojar el cíngulo militar?» «La causa es, respondió Marcelo, que siendo como soy cristiano no puedo conservar estas insignias que parece obligan a prestar sacrificio a vuestras deidades quiméricas.» «Yo no puedo disimular tu temeridad, repuso Fortunato; daré parte de ella al César, enviándote por ahora a Tánger a mi principal Agricolano.» «Haz lo que te parezca, contestó Marcelo; pero entiende que aquí y en todas partes haré la misma confesión de mi Señor Jesucristo.» Envió con efecto Fortunato a Marcelo cargado de prisiones a la metrópoli de la Mauritania, donde a la sazón se hallaba Agricolano; y habiendo llegado el santo a aquella ciudad, después de innumerables trabajos que padeció en el viaje, enterado Agricolano del proceso hecho por Fortunato, mandó a uno de sus oficiales leerlo en alta voz y preguntó después a Marcelo: «¿Qué furor te ha preocupado para arrojar las insignias militares y blasfemar contra los dioses del imperio?» Respondió el mártir: «No hay furor alguno en los que temen al Señor»; y en habiendo oído la sentencia de muerte, mostrándose agradecido al prefecto, le dijo: «Agricolano, Dios te haga bien y tenga misericordia de ti.» Fue conducido después al lugar del suplicio el mismo día que entró en Tánger y puesto en oración fue degollado. Los cristianos recogieron el venerable cuerpo del ilustre soldado de Cristo en el silencio de la noche y habiéndole embalsamado le dieron honrosa sepultura.

 

Reflexión: ¡Qué heroico vencedor de los respetos humanos se mostró el cristiano centurión san Marcelo, arrojando el cíngulo militar delante de tan grande muchedumbre y en medio de aquella fiesta tan solemne! ¡Cómo podrán leer este ejemplo tan sublime sin cubrirse de vergüenza las miserables víctimas del qué dirán! Pero ¿no es razón hacer más caso del qué dirá Dios que del qué dirán los hombres? Y si llega la alternativa de haber de perder la amistad de Dios o la del mundo, ¿qué amistad ha de preferirse y conservarse a todo trance? La del mundo, que es tan mudable, fementida y transitoria, o la de Dios, que es constante, fidelísima y eterna? Mira cuan necios son los que, por no desagradar al mundo por un poco de tiempo, no reparan en perder la eterna amistad de Dios.

 

Oración: Rogámoste, oh Dios omnipotente, que los que veneramos el nacimiento para la gloria de tu bienaventurado Marcelo mártir, por su intercesión crezca en nosotros el amor de tu santo nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


 

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA ALMUDENA

 


NOVENA A

NUESTRA SEÑORA

DE LA ALMUDENA

 

Por la señal de la santa cruz…

Señor mío Jesucristo…

 

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

Santa María de la Almudena, Madre de Dios y Madre nuestra: mira con misericordia a tus fieles hijos que acuden a venerar tu imagen, hallada por singular providencia y devoción en la muralla antigua de Madrid. Te rogamos que infundas en nuestras almas el amor más puro a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, para que podamos ser fieles a las gracias recibidas en el Bautismo y alcanzar, por tu intercesión, la eterna bienaventuranza en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Se reza la oración propia de cada día y, después de pedir la gracia particular que se desea alcanzar en esta novena, se rezan tres avemarías, precedidas de esta jaculatoria: «Bendita sea la hora en que tu imagen milagrosa apareció en el muro de la Almudena».

 

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Dios todopoderoso y eterno, animados por el amor que Jesucristo nos demostró en la cruz y fortalecidos por la gracia del Espíritu Santo, te pedimos que el nombre de la Virgen María de la Almudena sea siempre alabado y que, por su intercesión, vivamos la caridad cristiana para gozar eternamente de la gloria celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Santa María de la Almudena, ruega por nosotros.

 

DÍA PRIMERO

INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

¡Inmaculada Virgen María! Tú, que fuiste escogida por la Santísima Trinidad para ser Madre de Jesucristo y preservada del pecado original desde el primer instante de tu concepción, por los méritos de Cristo, tu Hijo y Salvador del género humano, te rogamos que, por tu intercesión, logremos estar limpios de todo pecado y, practicando las virtudes de tu vida santísima, alcancemos los premios eternos.

 

Concédenos la gracia que te pedimos en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas. Así sea. (Hacer la petición).

 

DÍA SEGUNDO

NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

¡Excelsa Hija del Eterno Padre! Con tu nacimiento se alegró la creación entera, porque Dios hizo en ti maravillas para que fueras la Madre de nuestro Redentor. Haz que, habiendo aparecido tu sagrada imagen de la Almudena, el pueblo madrileño nazca continuamente a la vida de la gracia por la oración y los sacramentos, te aclame como Madre y Abogada en las necesidades, tanto materiales como espirituales, y florezca en la fe y las buenas costumbres. Concédenos la gracia que te pedimos en esta novena. Así sea. (Hacer la petición).

 

DÍA TERCERO

PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA EN EL TEMPLO

¡Oh, dulce Virgen María! Tú, que con tu santo nombre eres la estrella de los mares y la paz de todo caminante, y que, según la tradición, fuiste presentada por tus padres en el templo para gloria de Dios, te suplicamos que nos ayudes a seguir el ejemplo de tus virtudes, consagrando nuestra vida al servicio de Dios y al bien del prójimo, e invocando con frecuencia el nombre de María de la Almudena para que seas nuestro auxilio en las tentaciones y los peligros. Concédenos la gracia que te pedimos en esta novena. Así sea. (Hacer la petición).

 

DÍA CUARTO

ANUNCIACIÓN DEL ÁNGEL A NUESTRA SEÑORA

¡Dignísima Esclava del Señor! Tú, que fuiste escogida por Dios para ser Madre virginal del Verbo eterno hecho hombre, nuestro Señor Jesucristo, y lo aceptaste con humildad y sabiduría, tal como lo quiso la divina Providencia, haz que vivamos con humildad nuestra propia vocación cristiana, siendo obedientes a las inspiraciones divinas y fieles a nuestro estado de vida. Concédenos la gracia que te pedimos en esta novena. Así sea. (Hacer la petición).

 

DÍA QUINTO

VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA A SANTA ISABEL

¡Corazón Inmaculado de María! Con la visita a tu prima santa Isabel, esta se llenó del Espíritu Santo, fue santificado en su seno Juan el Bautista y ella proclamó que eres «la bendita entre todas las mujeres», por ser la Madre del Señor. Te rogamos que, por la visita de tu imagen de la Almudena a esta villa de Madrid, se santifiquen nuestras familias, como ocurrió con la de Zacarías, viviendo en paz y alegría todos los días y acontecimientos de nuestra vida. Concédenos la gracia que te pedimos en esta novena. Así sea. (Hacer la petición).

 

DÍA SEXTO

MATERNIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

¡Madre de Dios y Madre de la Iglesia! Dichoso el día en que de ti nació el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, en la gruta de Belén. Dichoso también el día en que tu sagrada imagen llegó a esta villa de Madrid y, más tarde, fue hallada en uno de sus muros, pues desde entonces no cesamos de aclamarte como Madre, Patrona y Señora, esperando que seas nuestro socorro en las enfermedades y nuestra alegría en el camino de la vida.

Concédenos la gracia que te pedimos en esta novena. Así sea. (Hacer la petición).

 

DÍA SÉPTIMO

PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

¡Purísima Virgen María! Tú, que, siendo la «llena de gracia» por el Espíritu Santo, fuiste a Jerusalén con san José para ofrecer el sacrificio mandado por la Ley de Moisés y presentar en el templo al Niño Jesús, Salvador del mundo, haz que nosotros seamos también obedientes a las leyes de la Iglesia y ofrezcamos con humildad nuestra vida para iluminar las almas con la fe y disipar las tinieblas del pecado con el amor que Cristo nos enseñó. Concédenos la gracia que te pedimos en esta novena. Así sea. (Hacer la petición).

 

DÍA OCTAVO

LOS DOLORES DE NUESTRA SEÑORA

¡Oh, Madre Dolorosa! ¡Cuánto sufriste al ver padecer a tu Hijo Jesucristo en los distintos momentos de su vida, especialmente al permanecer junto a Él al pie de la cruz y recordar las palabras del anciano Simeón: «Una espada atravesará tu alma»! Te rogamos que nuestros corazones se unan a tu Corazón Inmaculado para cooperar en la redención del hombre, que Jesucristo realizó con su Pasión y Resurrección. Concédenos la gracia que te pedimos en esta novena. Así sea.  (Hacer la petición).

 

DÍA NOVENO

ASUNCIÓN Y CORONACIÓN DE LA VIRGEN

¡Virgen, Madre y Reina, santa María la Real de la Almudena! Llenos de gozo al saber que estás en el cielo en cuerpo y alma, coronada como Reina y Señora de todo lo creado, pues el Señor miró la humildad de su esclava y por eso te llamarán bienaventurada todas las generaciones, te rogamos que te muestres siempre Patrona, Reina y Señora de Madrid y corones nuestra vida con las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, para gozar contigo de la visión de Dios en el cielo. Concédenos la gracia que te pedimos en esta novena. Así sea. (Hacer la petición).

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