X domingo después de Pentecostés.
PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
X domingo después de Pentecostés.
PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO (Luc. 18).
Persuade Cristo en el Evangelio la humildad con el ejemplo del fariseo y el publicano que entraron a orar en el templo; el primero salió condenado por su soberbia y el otro justificado por su humildad; porque todo hombre que se ensalza será humillado, y el que se humillare será ensalzado.
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas: que dijo Cristo esta parábola a los que se tenían por justos, despreciando a los demás. Has de ponderar el sentimiento que causa que se condene uno que vive bien y es tenido comúnmente por justo, ocupado en buenas y santas obras y apartado de vicios, y que remate su vida en el infierno, perdiendo todo cuanto bueno ha hecho, que es la pérdida más lamentable que puede haber.
Pon los ojos en uno de los doce apóstoles que se condenó, y en otro de los siete primeros diáconos que se perdió; y en las cinco vírgenes, que después de tanta mortificación y castidad remataron el curso de su vida en la perdición; y en otros semejantes que se han condenado después de muchos años de servir a Dios en santas obras. Teme caer como ellos en el abismo de la perdición.
Atiende por dónde se perdieron, y pídele a Dios que te tenga de su mano para que no los sigas y pierdas tu salvación.
PUNTO II. Considera por dónde se perdió este fariseo y se ganó el publicano: fue aquel por la soberbia, presumiendo de sí mismo; y este por la humildad, confesándose pecador e indigno de levantar los ojos al cielo. Entra contigo en cuenta y mira a cuál de los dos imitas: al fariseo soberbio o al humilde publicano; y huye los pasos de aquel y sigue los de este, si quieres agradar a Dios y alcanzar tu salvación.
PUNTO III. Considera cómo no se puede despreciar a ningún pecador, porque no sabemos lo que Dios tiene determinado de él, ni si en adelante le dará tal gracia que merezca ser preferido a muchos justos, que eran tenidos por mejores que él; como se vio en este publicano, a quien Dios llamó y dio sus auxilios para salir de sus pecados y merecer ser preferido al fariseo, que era tenido por santo en los ojos de todos.
Saca de aquí no despreciar a ninguno, por malo que parezca, pues no sabes su fin ni si le tendrá mejor que muchos de los que son tenidos por buenos y entonces sirven a Dios.
PUNTO IV. Contempla las palabras con que Cristo remata su parábola: «Todo hombre que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado»; porque Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.
La soberbia es hija de Lucifer y la humildad de Cristo. La soberbia despobló las sillas del cielo, y la humildad las vuelve a poblar.
Pon los ojos en la humildad de Cristo y aprende a ser humilde y manso de corazón; y Dios te ensalzará como ensalzó a Él y te dará el premio conforme a tus merecimientos.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.