Domingo primero de Cuaresma
La tentación de Cristo en el Desierto
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Domingo primero de Cuaresma
La tentación de Cristo en el Desierto
Mt 4, 1-11
Retiróse Cristo al desierto, ayunó cuarenta días, y fue tentado de Satanás con gula y con apetitos de honras y oferta de riquezas, todas las cuales tentaciones venció con su virtud; y habiendo lanzado de su presencia al demonio, se llegaron los ángeles a servirle.
PUNTO PRIMERO. En esta batalla que tuvo Cristo con el demonio y en la victoria que alcanzó de él, tienes mucho que meditar. Lo primero considera cómo se atrevió el demonio a tentar al Salvador del mundo, porque no te desconsueles si te hallares tentado, más anímate con su ejemplo a sufrir y guerrear hasta vencer, pidiéndole su favor contra tan astuto enemigo; mira las prevenciones que hizo Cristo para entrar en la batalla, retirándose al desierto, ayunando con tan grande rigor, dándose al silencio, mortificación y oración, que son las armas con que se alcanza la victoria de este enemigo. Considera si las usas tú, mirándolas una por una, y pídelas al Señor, porque sin ellas no podrás ser vencedor.
PUNTO II. Considera que en mostrando Cristo hambre, le acometió Satanás con la tentación de gula, como el capitán que bate la fortaleza por la parte que ve flaquear el muro; y mostrando tú hambre de los bienes temporales y flaqueza en la virtud, te acometerá Satanás. Mete la mano en tu pecho y mira si flaquea de alguna parte, y pídele al Señor que te fortalezca para que no seas vencido. Advierte cómo guerrea el demonio con Cristo, tentándole como al primer Adán con la gula; y cómo Cristo le vence con la confianza en Dios, que empeñó su palabra de no desamparar a los suyos en las necesidades; confía en su bondad que no te dejará en las tuyas; refrena la gula si quieres vencer a tu enemigo.
PUNTO III. Considera cómo llevó el demonio a Cristo al pináculo del templo y allí le persuadió que se arrojase al suelo, confiando en la providencia divina con vana presunción de que enviaría a sus ángeles para que le llevasen en palmas para que no se hiciese mal. Aprende las astucias del demonio y no te dejes engañar de sus lazos, huye como Cristo la vanagloria y presunción con verdadera humildad si quieres salir vencedor.
PUNTO IV. Considera cómo desde el templo llevó el demonio a Cristo a un monte levantado y le ofreció porque le adorase todas las honras y riquezas del mundo, las cuales despreció el Salvador, y venciendo al demonio llegaron los ángeles a coronarle como a vencedor. Contempla aquí la importunidad del demonio en tentar a Cristo, pues vencido dos veces no desistió de su intento, y le acometió la tercera con mayor furia, porque estés sobre aviso de que nunca se da por vencido, y que siempre debes estar pronto para resistirle. Considera otro sí cuán fuerte arma es la codicia de los bienes temporales, pues confía en ellos el demonio de poderle vencer no habiendo podido con las otras tentaciones, y guarda tu corazón libre de su afición porque no caigas en sus lazos; mira como las despreció Cristo todas con tan grande valor, y llora tu flaqueza y tu malicia, que tantas veces has hincado la rodilla al demonio por intereses humanos de ninguna estimación. Mira cómo huyó el demonio corrido, porque huye de quien le vence; resístele con valor y huirá de ti; últimamente llégate con los ángeles y da el parabién a Cristo de la victoria; gózate de ver a tu capitán coronado, alégrate de su dicha y aprende a vencer si quieres alcanzar la corona que el Salvador alcanzó.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.