jueves, 30 de julio de 2026

San Ignacio de Loyola, patriarca y fundador. — 31 de julio

 


San Ignacio de Loyola, patriarca y fundador. — 31 de julio

(+ 556)

 

El gran celador de la mayor gloria divina, san Ignacio de Loyola, nació en la provincia de Guipúzcoa, y en la nobilísima casa de Loyola. Crióse desde niño en la corte de los reyes católicos y se inclinó a los ejercicios de las armas. Habiendo los franceses puesto cerco al castillo de Pamplona, Ignacio lo defendió con heroico valor, hasta que fue malamente herido. Agravándosele el mal, se le apareció el apóstol san Pedro, del cual era muy devoto, y a cuya honra había escrito un poema, y con esta visita del cielo comenzó a mejorar. En la convalecencia pidió algún libro de caballería para entretenerse, y como le trajesen, en lugar de estos libros, uno de la Vida de Cristo y otro de Vidas de santos, encendióse en su lección de suerte que determinó hollar el mundo. En este instante se sintió en toda la casa un estallido muy grande, y el aposento en que estaba Ignacio tembló, hundiéndose de arriba abajo una de las paredes. Sano de sus heridas, se partió para Montserrat, donde hizo confesión general, y colgó su espada y daga junto al altar de nuestra Señora, y dando los vestidos preciosos a un pobre, se vistió de un saco asperísimo. De allí partió para Manresa, donde por espacio de un año hizo vida austerísima y penitente en el hospital de santa Lucía y en una cueva cerca del río; en la cual ilustrado por el Espíritu Santo y enseñado de la Virgen santísima, escribió aquel famoso libro de los Ejercicios espirituales, que ha hecho siempre increíble fruto en la Iglesia de Dios. Pasó después a visitar los sagrados lugares de Jerusalén, y entendiendo que para ganar almas a Cristo eran necesarias las letras, volvió a España y estudió en Barcelona, en Alcalá y Salamanca, donde padeció por Cristo persecuciones, cárceles y cadenas. Acabó sus estudios en París y ganó para Dios nueve mancebos de los más excelentes de aquella florida universidad, y con ellos echó en el Monte de los Mártires los primeros cimientos de la Compañía de Jesús, que instituyó después en Roma, añadiendo a los tres votos de religión un cuarto voto de obediencia al Sumo Pontífice acerca de las Misiones. Aprobó Paulo III la nueva religión diciendo con espíritu de pontífice: Digitus Dei est hic. El dedo de Dios es éste: porque en efecto la Compañía de Jesús era un nuevo e invencible ejército que el Señor sus citaba para la propagación de la santa fe y defensa de la santa Iglesia combatida por los sectarios de estos últimos tiempos, discípulos de Lutero e imitadores de la rebeldía de Lucifer. Y así la Compañía de Jesús conquistó para Cristo muchos reinos de Asia,  África y América, restauró en Europa la piedad cristiana y la frecuencia de sacramentos, y ha ilustrado la Iglesia con centenares de mártires, con millares de nombres sapientísimos, y aun dando por ella la vida, y resucitando para volver a luchar como antes por la mayor gloria de Dios. Tal es el espíritu magnánimo que infundió san Ignacio en su santa Compañía; el cual después de haberla gobernado por espacio de dieciséis años, a los sesenta y cinco de su edad descansó en la paz del Señor.

Reflexión: Si quieres alcanzar el espíritu de Jesucristo que informaba el alma de san Ignacio, lo hallarás en sus Ejercicios espirituales. Dice el pontífice León XIII que al conocerlos, no pudo menos de exclamar: He aquí el alimento que deseaba para mi alma. (Alocución de León XIII al clero de Carpineto).

Oración: Oh Dios, que para propagar la mayor gloria de tu nombre diste un nuevo socorro a la Iglesia militante por medio del bienaventurado Ignacio, concédenos que peleando con su ayuda y ejemplo en la tierra, merezcamos ser coronados con él en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

miércoles, 29 de julio de 2026

Del descanso que tomó Dios después de la creación del mundo.

 


Jueves de la IX semana después de Pentecostés.

Del descanso que tomó Dios después de la creación del mundo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Jueves de la IX semana después de Pentecostés.

Del descanso que tomó Dios después de la creación del mundo.

 

PUNTO PRIMERO. En el séptimo día; dice el sagrado texto, descansó Dios de todas las obras que había hecho, y le santificó. Adonde has de ponderar, lo primero que no se dice que descansase Dios hasta que dio fin a todas las obras que había determinado hacer, y en criándolas descansó; para enseñarnos que no tendremos descanso, hasta dar fin y poner la última mano en todo lo que nos encargare y tuviéremos obligación de hacer, y en haciéndolo hallaremos descanso. Atiende a tus obligaciones y a lo que te ha entregado Dios, y pon toda diligencia en acabarlo, y hallará descanso tu corazón; y si no cumples lo que debes, nunca le podrás hallar, antes siempre te acometerán congojas, aflicciones y sobresaltos y remordimientos de corazón.

 

PUNTO II. Considera a dónde descansó Dios, no en las criaturas que había hecho antes, como advirtió san Agustín, fuera de ellas: ab omni opere, non in omni opere quod patrarat. En la forma que Dios se pudo abstener y retirar de ellas, y así descansó en sí mismo, en quien está el verdadero descanso ¡Oh alma criada para Dios! toma esta lección que te da desde el principio del mundo; y si quieres hallar descanso, no le busques en las criaturas, sino en el Criador; en Dios le hallarás y con Dios, y cuanto más te retirares de sus criaturas, más te unirás con él y mayor descanso tendrás.

 

PUNTO III. Considera lo que dice el sagrado texto, que bendijo Dios aquel día y le santificó; porque la bendición de Dios y su gracia santifican las almas, y las hacen agradables a su Divina Majestad, y herederas de su gloria. Gran descanso hallarás y suma felicidad, si alcanzas esta bendición; pídele al Señor que te la dé y con ella la herencia de los bienes eternos.

 

PUNTO IV. Considera cómo santificó Dios este día y los motivos que tuvo para santificarle, porque se santificó alzando la mano de toda obra exterior y vacando a la contemplación de sí mismo; de esta manera hemos de santificar las fiestas y los días que Dios ha escogido y dedicado a su culto y veneración, alzando la mano de toda obra y trabajo corporal, y vacando a la oración y contemplación de las cosas divinas. Saca de aquí saludable documento para santificar las fiestas a ejemplo de tu Criador, gastándolas en santas obras, que sean de su culto y veneración y del provecho de tu alma; y en cuanto a los motivos que tuvo fueron ido primero por su gloria y honra, para que dedicases un día para ella de cuantos gastas en los negocios seculares: lo segundo, porque aquel séptimo día fue símbolo de la gloria, la cual se ha de seguir después de los trabajos de esta vida, y toda ha de ser descanso: lo tercero, porque significaba el día de su Resurrección, en que descansó de los trabajos que pasó por nuestra redención del mundo, y le había de santificar y mandar guardarle a sus fieles en memoria de tan señalado beneficio, y quiso el mismo Señor darnos ejemplo de lo que nos había de mandar, ejecutándolo primero. Medita con atención todo esto, y saca de aquí motivos y documentos para servir a Dios, celando su gloria y veneración, agradeciendo sus beneficios y trayéndolos en tu memoria, santificando los días dedicados a su servicio y esperando el descanso de su eterna gloria después de los trabajos de este mundo.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

30 de julio. SE ARRANCÓ EL ESCAPULARIO. MES A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


30 de julio

SE ARRANCÓ EL ESCAPULARIO

 

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

30 de julio

SE ARRANCÓ EL ESCAPULARIO

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

Sucedió el año 1927, en la calle Bolsa de Sevilla. En una modesta pensión, se hospedaba un pobre tipógrafo ácrata, el cual se hallaba en trance de muerte, afecto de un cáncer en los intestinos.

Los dueños de la pensión, fervientes terciarios carmelitas, llamaron al P. Ángelo Ramos, carmelita, para que le impusiera el Santo Escapulario de nuestra Madre del Carmen, por ver si aquel pez gordo caía en la red mística de la Divina Pescadora y salvadora de almas.

Sólo por darles gusto permitió que le impusieran el Escapulario. Le visitaba con frecuencia el bueno del P. Ángelo. Un día, entre otros, dijo el enfermo:

-"Si me va usted a poner el disco de la confesión y de que salve mi alma, bien puede coger el portante, porque estoy resuelto a darle mi alma al demonio; así que excuse usted el tratar semejante tema, pues me pone de un humor de perros y me exacerba más la enfermedad".

Transcurrían los días y el mal se agravaba y acentuaba por instantes, hasta tal punto que con nada se le calmaban aquellos agudísimos dolores, que le tenían materialmente revolcándose en el lecho.

Un día, entre aquellas convulsiones horrorosas y aquellos dolores insoportables, dijo al P. Ángelo:

-" Ya debía estar muerto, hace mucho tiempo, pero no sé qué talismán, qué fuerza superior hay en mí que me impide el acabar de una vez, cuando veo que me estoy muriendo a chorros: esto debe ser efecto del Escapulario que usted me puso al cuello, y que me retiene asido como un hilo a esta vida, de la cual no me queda más que un hilo muy tenue".

Y luego proseguía con convulsiones de epiléptico:

-"Pero yo debo morir y quiero morir y me es aborrecible la vida".

Amorosamente le instaba el buen Padre a que confesara, para que, ya que no podía conseguir la salud del cuerpo, ni retener por mucho tiempo la vida corpórea, consiguiera su salvación eterna.

Echando fuego de odio y de rencor por los ojos, despedía al celoso y virtuoso sacerdote, diciéndole:

-"Le recibo como amigo compasivo y bueno que se impone amablemente tales sacrificios por consolarme y visitarme, pero como sacerdote y como fraile le odio y aborrezco y ya sospecho en qué está el secreto de no morirme de una vez: en el amuleto o talismán que me colgó al cuello".

Todo fue inútil con aquel hombre obstinado y empedernido en el mal. Visitóle varios días el caritativo Padre, y cada vez le halló más desesperado y con menos muestras de volverse a Dios, hasta que un día, inspirado tal vez por Lucifer, arrancóse el bendito Escapulario, lo arrojó con rabia al orinal y murió desgarrándose la garganta y el pecho con las uñas.

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!