30 de julio
SE ARRANCÓ EL ESCAPULARIO
MES DE JULIO
EN HONOR
A LA VIRGEN DEL CARMEN
Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:
3 Avemarías
30 de julio
SE ARRANCÓ EL ESCAPULARIO
De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.
Sucedió el año 1927, en la calle Bolsa de Sevilla. En una modesta pensión, se hospedaba un pobre tipógrafo ácrata, el cual se hallaba en trance de muerte, afecto de un cáncer en los intestinos.
Los dueños de la pensión, fervientes terciarios carmelitas, llamaron al P. Ángelo Ramos, carmelita, para que le impusiera el Santo Escapulario de nuestra Madre del Carmen, por ver si aquel pez gordo caía en la red mística de la Divina Pescadora y salvadora de almas.
Sólo por darles gusto permitió que le impusieran el Escapulario. Le visitaba con frecuencia el bueno del P. Ángelo. Un día, entre otros, dijo el enfermo:
-"Si me va usted a poner el disco de la confesión y de que salve mi alma, bien puede coger el portante, porque estoy resuelto a darle mi alma al demonio; así que excuse usted el tratar semejante tema, pues me pone de un humor de perros y me exacerba más la enfermedad".
Transcurrían los días y el mal se agravaba y acentuaba por instantes, hasta tal punto que con nada se le calmaban aquellos agudísimos dolores, que le tenían materialmente revolcándose en el lecho.
Un día, entre aquellas convulsiones horrorosas y aquellos dolores insoportables, dijo al P. Ángelo:
-" Ya debía estar muerto, hace mucho tiempo, pero no sé qué talismán, qué fuerza superior hay en mí que me impide el acabar de una vez, cuando veo que me estoy muriendo a chorros: esto debe ser efecto del Escapulario que usted me puso al cuello, y que me retiene asido como un hilo a esta vida, de la cual no me queda más que un hilo muy tenue".
Y luego proseguía con convulsiones de epiléptico:
-"Pero yo debo morir y quiero morir y me es aborrecible la vida".
Amorosamente le instaba el buen Padre a que confesara, para que, ya que no podía conseguir la salud del cuerpo, ni retener por mucho tiempo la vida corpórea, consiguiera su salvación eterna.
Echando fuego de odio y de rencor por los ojos, despedía al celoso y virtuoso sacerdote, diciéndole:
-"Le recibo como amigo compasivo y bueno que se impone amablemente tales sacrificios por consolarme y visitarme, pero como sacerdote y como fraile le odio y aborrezco y ya sospecho en qué está el secreto de no morirme de una vez: en el amuleto o talismán que me colgó al cuello".
Todo fue inútil con aquel hombre obstinado y empedernido en el mal. Visitóle varios días el caritativo Padre, y cada vez le halló más desesperado y con menos muestras de volverse a Dios, hasta que un día, inspirado tal vez por Lucifer, arrancóse el bendito Escapulario, lo arrojó con rabia al orinal y murió desgarrándose la garganta y el pecho con las uñas.
Oración final para todos los días
Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.
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Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.
SALVE MARINERA
¡Salve!, Estrella de los mares,
de los mares iris,
de eterna ventura.
¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!
Madre del Divino Amor.
De tu pueblo, a los pesares
tu clemencia dé consuelo.
Fervoroso llegue al cielo
y hasta Ti, y hasta Ti,
nuestro clamor.
¡Salve!, ¡salve!,
Estrella de los mares.
¡Salve!, Estrella de los mares.
Sí, fervoroso llegue al cielo,
y hasta Ti, y hasta Ti,
nuestro clamor.
¡Salve!, ¡salve!,
Estrella de los mares,
Estrella de los mares,
¡Salve!
¡Salve!
¡Salve!
¡Salve!