Miércoles de la XI semana después de Pentecostés.
DE LAS DILIGENCIAS QUE HIZO ESTE ENFERMO PARA CONSEGUIR LA SALUD DE LA MANO DEL SALVADOR
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Miércoles de la XI semana después de Pentecostés.
DE LAS DILIGENCIAS QUE HIZO ESTE ENFERMO PARA CONSEGUIR LA SALUD DE LA MANO DEL SALVADOR.
PUNTO PRIMERO. Considera las diligencias que hizo de su parte este sordo y mudo para alcanzar la salud de mano de Jesucristo, para que, imitándole, alcances tú la de tu alma de su misma mano.
La primera fue ponerse en sus manos, acudiendo a su piedad para que le diese salud. Lo mismo debes hacer tú, acudiendo a Dios en todas tus necesidades y no a los hombres, para que con su infinita piedad la tenga de ti y te dé salud, así en el alma como en el cuerpo, como la dio a este enfermo, usando con él de misericordia.
PUNTO II. La segunda diligencia fue valerse de padrinos y medianeros que rogaron a Cristo por él, a cuyos ruegos, inclinado, le dio salud.
Válete tú de los santos y amigos de Dios, que son los que valen con su Majestad; ponlos por intercesores en todas tus necesidades, y pídeles que le pidan y rueguen por ti, y ten firme confianza de que por su medio tendrán buen logro tus peticiones.
PUNTO III. La tercera diligencia fue obedecer a la voz de Dios; pues, en diciéndole el Salvador: Ephpheta, esto es, «ábrete», abrió los oídos y oyó sin más dilación; y, en tocando su lengua, la desató y habló. Esta pronta obediencia es medio muy eficaz para inclinar la piadosa misericordia de Dios a los ruegos de los que le piden.
Pondera que primero oyó y luego habló; porque primero ha de ser oír y aprender que hablar y enseñar.
Sienta plaza en la escuela de Cristo y aprende su doctrina como buen discípulo, y después podrás hablar y enseñar lo que hubieres aprendido.
PUNTO IV. Lo cuarto que hizo este enfermo fue hablar bien y rectamente, enseñándole el Señor, engrandeciendo él y todos los demás su virtud, su poder, su piedad y santidad. En esto se emplea la lengua que ha tocado Dios y recibido de su mano la salud.
Mira cuántas veces ha tocado la tuya, recibiéndole en la sagrada Comunión, y avergüénzate de ver cuán poco efecto ha hecho en ti y qué poca mudanza se conoce en tu lengua. Una vez que tocó la de este no cesó de engrandecerle y alabarle; y, habiendo tocado tantas la tuya, no se oye una buena palabra de tu boca.
Humíllate delante de Jesús, y pídele perdón de lo pasado y que te toque de nuevo, como tocó la lengua de este, y te comunique la gracia que a él le comunicó para bendecirle y alabarle siempre.
Y pondera con san Agustín que, aunque Cristo mandó a la gente que no le alabasen, ellos no cesaban, antes levantaban más la voz; porque no ha de cesar el agradecimiento de parte del que recibe el beneficio, aunque el que le hace no le quiera recibir.
No cese tu lengua de alabar a Dios, pues que Dios no cesa de hacerte mercedes a ti.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.