lunes, 31 de agosto de 2026

DE LA TIRANÍA DEL DEMONIO, A QUIEN SIRVEN LOS DEL MUNDO.

 


Martes de la XIV semana después de Pentecostés

DE LA TIRANÍA DEL DEMONIO, A QUIEN SIRVEN LOS DEL MUNDO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la XIV semana después de Pentecostés

DE LA TIRANÍA DEL DEMONIO, A QUIEN SIRVEN LOS DEL MUNDO.

 

PUNTO PRIMERO. De dos señores hace Cristo mención en el Evangelio. El primero y verdadero es Dios, de quien dijimos en la meditación antecedente. El segundo es el demonio, como dice san Agustín, príncipe de este mundo y gobernador de sus tinieblas, cuya tiranía, como dice el santo, es durísima y su señorío insoportable.

Considera lo primero quién es este señor, y hallarás que es la criatura más vil, más baja, más pobre, despreciada e infame; tosca, sin fuerzas, ni saber ni poder, sin luz y sin virtud, ni esperanzas de poderla tener; condenada a eterna muerte y a perpetuas prisiones en los calabozos del infierno; padre de mentiras y engaños, con que ciega y despeña a todos los que le sirven.

Pide a Dios luz para conocer sus astucias, y que te tenga de su mano para que no te engañe y despeñe en tu perdición; y que la dé también a todos los hombres para que le conozcan y desprecien, y no caigan en sus lazos.

 

PUNTO II. Considera la carga tan pesada de sus mandatos y la intolerabilidad de su gobierno, sin piedad ni misericordia; todo rigor, fatiga y cansancio, porque, como tirano, solo pretende el mal de los hombres y su perdición.

Y por esto dice Dios por su profeta (1), que nunca los malos tienen paz; porque, aunque digan: Paz, paz, siempre padecen la guerra de su mala conciencia y la carga pesada de sus pecados.

Mira lo que padecen los que codician las riquezas por mares y tierras, por soles y aires, por agua y por fuego, desterrados de sus casas sin gozar un día de descanso.

Pon los ojos en los ambiciosos, que por el viento de la honra andan atravesados perpetuamente de cuidados y carcomidos de envidia de ver medrados a los otros; y de esta manera discurre por todos los vicios, y hallarás que todos son carga pesadísima para sus amadores.

Este es el gobierno del demonio, y estos sus preceptos y mandamientos. Ruega al Señor que te libre de carga tan pesada.

 

PUNTO III. Considera la necesidad que padecen sus siervos, la esclavitud en que viven sujetos a sus deseos.

Los ricos, dice David (2), tuvieron hambre y necesidad; pero los que buscan al Señor no carecen de todo bien. Y si los muy ricos padecen de esta manera, ¿qué padecerán los demás?

Acuérdate del hijo pródigo, que salió rico y honrado de la casa de su padre, y a pocos lances que asentó plaza en la de este tirano, se halló pobre, mendigo y desheredado, cargado de miserias y afligido de la necesidad.

Así son todos los que sirven y se sujetan a su tiranía con miserable consejo. No lo tomes tú de él más; aconséjate con Dios; conoce la tiranía de Satanás, su gobierno y su rigor, y huye de ella, y acógete a la casa de Dios.

Mira al pródigo de quien hablamos, el cual en casa de su padre halló la honra, el descanso y la abundancia que había perdido fuera de ella. Lo mismo te sucederá a ti y a todos los que volvieren a la casa de Dios.

 

PUNTO IV. Considera el premio con que paga últimamente este tirano a sus criados, dando mayores tormentos en el infierno a los que en esta vida le sirvieron con mayor firmeza.

Su reino es el del abismo; sus coronas, los carbones ardiendo; su paraíso, los calabozos tenebrosos; sus músicas, los aullidos espantosos; sus banquetes, hiel y vinagre; y sus bebidas, azufre ardiendo. Sus camas, de puntas y espinas entre víboras y serpientes; sus descansos, eternos tormentos que nunca se han de mitigar.

Con este galardón premia a sus criados este señor cruelísimo. ¿Cómo es posible que haya quien le sirva en el mundo?

¡Oh ceguedad grande de los que sirven a tal señor y dejan de servir a Dios!

Carga el peso de la consideración en lo dicho, y pídele a Dios con todo el afecto de tu alma que desengañe a los mortales y envíe predicadores que les den luz para no despeñarse en tan horribles tinieblas; y que los tenga de su mano para no servir a tan tirano señor, sino que, despreciadas sus astucias y conocidos sus engaños, sirvan al verdadero y sumo Dios de todo su corazón; al cual ofrécete tú de todo el tuyo para amarle y servirle eternamente, sin fin.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.