DÍA VEINTICUATRO
PACIENCIA DEL CORAZÓN DE JESÚS.
MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
O
PRINCIPALES VIRTUDES
DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,
CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES
A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA
DEL DIVINO SALVADOR.
Traducido libremente
de la obra del
P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,
fundador del Apostolado de la Oración
EJERCICIO PRÁCTICO
PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.
Por la señal, etc.
Señor mío Jesucristo, etc.
ORACIÓN PARA EMPEZAR.
¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.
Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.
Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.
Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.
DÍA VEINTICUATRO
(Año veinticuatro.)
PACIENCIA DEL CORAZÓN DE JESÚS.
Primer preludio. Representarse a Jesús paciente.
Segundo. Pedir esta virtud.
Punto primero. Paciencia en los trabajos. Segundo. Paciencia en el trato con los hombres. — Tercero. Paciencia en las obras de celo.
PUNTO PRIMERO.
Paciencia en los trabajos. Pacientísimo fue el Corazón de Jesús en las humillaciones que pasó, en los dolores que sufrió, en las injurias que recibió de los hombres. Soportó con increíble paciencia los rigores de la pobreza y las fatigas de un trabajo penoso, y las persecuciones y calumnias de sus enemigos, sin abrir siquiera la boca para quejarse. Como había tomado sobre sí la responsabilidad de todos los pecados del mundo, vio llover sobre sí todos los castigos posibles. Se armaron contra su persona el cielo, la tierra y el infierno: Dios, los hombres y los demonios. Y el inocentísimo Jesús, hecho blanco de todas las iras, bebe hasta las heces el cáliz amargo sin exhalar una queja, y recibe inmóvil el sacudimiento de las olas como la roca del mar. ¡Oh paciencia verdaderamente divina!
Tú, alma cristiana, necesitas muy poco para perder la paciencia y la paz; pero ten presente que debes sufrir y padecer, porque has pecado, y decir con el buen ladrón: “Nosotros justamente padecemos, porque recibimos nuestro merecido; pero este Señor ningún mal ha hecho." No debes, pues, quejarte por mucho que te haga Dios sufrir, porque siempre hallarás que has merecido más castigo de lo que Dios te envía.
Por otra parte, nada más ventajoso para ti que el padecer, porque sufriendo se adquiere la paciencia, y la paciencia lleva al alma a la perfección. Y si estas razones no te bastan, mira a Cristo paciente en la cruz, míralo en el sagrario, donde está aguantando los desprecios de unos y los sacrílegos insultos de otros. Y si aun esto no te basta, levanta la vista al cielo y ve si tienen algo que ver las penas de aquí con la gloria que te espera.
PUNTO SEGUNDO.
Paciencia en el trato con los hombres. Sin hablar ahora de la mansedumbre que usó con los verdugos y enemigos suyos declarados, veamos 1a paciencia con que aguantó a aquel pueblo grosero y a aquellos discípulos ignorantes. ¡Cuánto no le hicieron sufrir los Apóstoles por espacio de tres años que pasaron en la escuela del Salvador! Y en todo ese tiempo, ¿quién no admirará la condescendencia que con ellos tuvo, acomodándose a su carácter, tolerando sus defectos, reprendiéndolos con blandura, repitiéndoles aquellas lecciones que nunca acababan de aprender? Sólo en un Dios cabe tanta paciencia. De allí pasemos a la Eucaristía, donde cada día se ve ultrajado, y siempre lo está sufriendo todo sin dar jamás un castigo.
Poco entiendo estas lecciones de Jesús, yo que no puedo aguantar a nadie, sin pensar en el daño que me hago a mí mismo, pues como dice San Agustín: Si no toleras, ¿quién te tolerará? Aun cuando fueran del todo reales y verdaderos los defectos que notas en el prójimo, y estuvieras tú libre de ellos, debías, según el Apóstol, compadecer las flaquezas ajenas y no vanagloriarte ni creerte más que otros. Mas si tales faltas son imaginarias, o si tú tienes las mismas, y aún mayores, ¿qué has de hacer sino tener paciencia con todo linaje de personas, como manda San Pablo? Si fueras humilde, no te enfadarías con nadie. ¿Quién eres tú para condenar a tu hermano?
Ten presente que la cólera es una pasión, y que nadie se cura con ímpetus de ira. Más no sólo es inútil, sino perjudicial, porque empeora el mal. Prevé las ocasiones de ira que podrán presentarse el día de hoy.
PUNTO TERCERO.
Paciencia en las obras de celo. Sucede a menudo que la actividad natural perjudica a las cosas que emprende, porque las personas muy activas no tienen espera, no aguardan la ocasión oportuna, y con la contradicción se irritan o se desaniman. No es así el Corazón de Jesús, pues si ninguno deseó tanto como Él la gloria de Dios y el bien de las almas, tampoco le igualó nadie en calma, resignación y paciencia. Ve contradichos sus designios, ve obstinados a los pecadores en perderse, ve triunfar a sus enemigos, y no se indigna ni exaspera. Pasa años enteros a la puerta de un corazón endurecido aguardando que le abra, y por larga que haya sido la resistencia, no le habla con desabrimiento, sino con ternura, cuando llega a abrir. Tal es el Señor cual nos le describe el libro de la Sabiduría, diciendo: “Tú eres suave y verdadero y paciente, y todo lo dispones con misericordia." (Sab., XV.)
Imita a este divino modelo, y haz por poseer tu alma con la paciencia, como dice el Señor.
Espera pacientemente el momento de la gracia, sin desanimarte ni desesperar de la salvación de nadie.
Paciencia: con esta palabra resolvemos muchas dificultades, y en poco decimos mucho.
ORACIÓN FINAL.
Acto de consagración y desagravio
al Sagrado Corazón de Jesús.
¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte. Amén.
***
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.
Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
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