miércoles, 18 de marzo de 2026

Del hijo de la viuda de Naim, a quien resucitó Cristo

 


Jueves de la IV semana de Cuaresma

Del hijo de la viuda de Naim,

a quien resucitó Cristo

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Jueves de la IV semana de Cuaresma

Del hijo de la viuda de Naim,

a quien resucitó Cristo

Lc 7, 11-16

Llegando Cristo a la ciudad de Naim, salió por la puerta un entierro de un mancebo, cuya madre iba llorándole acompañada del pueblo, mandóle detener y a la madre que no llorase; habló al difunto como si estuviera vivo, mandándole que se levantase; obedeció levantándose, habló y diósele a su madre; glorificaron todos a Dios por tan grande maravilla.

PUNTO PRIMERO. Mira a este mozo en la flor de su juventud, único de su madre, rico, cercado de parientes y amigos , difunto y amortajado, y que le llevan a enterrar, sin que la edad, ni la hacienda, ni los deudos y amigos pudiesen valerle. Considera en él un retrato de la fragilidad humana. Mírate despacio en este espejo, y contempla cuán poco vale todo, y cómo no hay que fiar en cosa criada, y cómo pasa la vida presente como un soplo, y el hombre más florido se marchita de la noche a la mañana, y va a dar a la sepultura; y cobra desengaños para caminar a la luz de estas verdades a la vida verdadera y eterna, despreciando todo lo terreno, caduco y engañoso, y apreciando lo celestial solamente.

PUNTO II. Pon los ojos en este difunto y en la madre que le llora; y mira en él un retrato de tu alma muerta por el pecado, y a tu madre la Iglesia que te está llorando; aquel iba amortajado en una lustrosa mortaja a usanza delos judíos, y tu alma está en este cuerpo, que tanto adornas y regalas; a aquel lloraban su madre y parientes, y él como difunto no se lloraba: mira no te suceda a ti lo mismo, que llorándote todos, estés tan muerto, que tú solo no sientas tu daño, ni llores tu desventura; a aquel llevaban a la sepultura a ser manjar de gusanos, habitación tan estrecha y реnosa de tanto horror y tinieblas; a ti te llevan los tiempos, que nunca paran, a la sepultura profunda del infierno, lugar tan tenebroso y horrible, a ser manjar de los demonios, que como rabiosos dragones siempre están atormentando a los condenados. Mírate en ese mozo, y considera qué fuera de él, sí Dios no le resucitara; y qué será de ti, si no vuelves a la vida de la gracia; y llora tu desdicha, y pide a los buenos y santos que te ayuden a llorarla, y al Señor que te resucite, volviéndote a la vida con su divina gracia.

PUNTO III. Considera las circunstancias de esta resurrección, y los medios con que Cristo le restituyó a la vida, que fueron los siguientes: tocó las andas en que le llevaban, hablóle y levantóse, y empezó a hablar, y restituyóle vivo a su madre; estas diligencias intervienen espiritualmente en la resurrección del pecador muerto a la vida de la gracia: tócale Dios dando aldabadas a su corazón, háblale, óyele, levantase del pecado y empieza a hablar, cuando confiesa su pecado, y restitúyele a su madre la Iglesia: advierte cuántas aldabadas ha dado Dios a tu corazón, y cuántas voces te ha dado para que te levantes de los vicios en que vives y mejores tu vida, y te has hecho sordo a sus voces: los muertos oyen las de Dios y las obedecen, y tú ni las oyes, ni las obedeces, ni te levantas de tus culpas, y por eso te estás muerto en los pecados; nombre tienes de vivo entre los hombres, y en los ojos de Dios estás muerto: llora tus culpas y levántate, vuélvete al Señor y pídele su gracia para servirle.

PUNTO IV. Considera el gozo de la madre y del hijo con la nueva vida que Cristo le dio, y oye a todo el pueblo exclamar en alabanzas de Cristo, dándole muchas gracias por la misericordia que hizo a aquel difunto; y reconoce en esto el gozo que tiene un alma cuando sale de la muerte del pecado, y es restituida a la vida de la gracia; las alabanzas que dan los ángeles a Dios; y la fiesta que se hace en el cielo por su resurrección, y mira la que se hará por ti, si te conviertes a Dios nuestro Señor, y por los demás pecadores; y pídele a su Divina Majestad que extienda su mano, y te la dé para salir del pecado, y que la extienda también a todos los pecadores del mundo, y los saque de las tinieblas de sus culpas, y a los ángeles que te ayuden con sus oraciones y plegarias a conseguir esta merced del Señor para alabanza y gloria de su Divina Majestad.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.