9 de enero
De lo que hizo Cristo aquellos tres días.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
9 de enero
MEDITACIÓN
De lo que hizo Cristo aquellos tres días.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo se quedó en el templo sin dar parte a su Santísima Madre ni al glorioso San José, no obstante que sabía el dolor que habían de padecer; pero escondióse de sus ojos para mostrar su constancia, refinar su amor y dar nuevos aumentos a su corona; porque muchas veces se retira Dios de nuestros ojos sin culpa nuestra para que despertemos y fervorizarnos en su servicio, y para que se aumente nuestra corona: acuérdate de este documento y no descaezca tu corazón sino la hallares en la oración, mas antes anímate con su ausencia a buscarla con mayor fervor a ejemplo de la Santísima Virgen María.
PUNTO II. Buscaron a Cristo sus padres entre los parientes y amigos, pensando que le habían convidado, y no le hallaron, porque no se halla en los convites ni entre los parientes antes entre estos se pierde muchas veces, por lo cual no le debes buscar en las delicias del cuerpo, ni en los consuelos exteriores que se toman con los parientes y amigos, ni en sus convites, sino antes huir de ellos, como de ocasiones de perder a este Dios: acude al templo que es el lugar de la oración, y allí hallarás al Señor y con él la devoción que pierdes en las distracciones exteriores.
PUNTO III. Considera cómo y en qué pasaría Cristo estos tres días sin su Santísima Madre, en los cuales como contemplan algunos santos, mendigaría de puerta en puerta la comida, y se albergaría en los portales del templo como pobre entre los pobres, cumpliéndose lo que dijo por su Profeta (1): Yo soy pobre y mendigo desde mi juventud: haz cuenta que llega a las puertas de tu casa a pedirte limosna y un albergue para la noche, y que toca, llama, y te pide que le abras, como tocó y llamó a las de su Santa Esposa (2), pidiéndole que le abriese, no te excuses como ella ni le des con la puerta en los ojos; ábrele de par en par las puertas de tu corazón, y ruégale como Abraham a los peregrinos, que se recoja en tu pobre casa; ofrécele liberalmente cuanto tuvieres, y en especial las telas de tu corazón, para que descanse un poco, у dile con todo el afecto de tu alma: Venid, peregrino del cielo, entrad, pobre y mendigo en la tierra, a enriquecer a este pobre miserable con las joyas inestimables de vuestra gracia; aquí os ofrezco mi corazón, mi alma, mi vida y cuanto soy y puedo ser para vuestro servicio; no padezcáis mas por mí, ni andéis más de puerta en puerta, pues os franqueo las de mi corazón: ya veo que no es digna posada para vos; pero vos, Señor, disponedla y mejoradla, y hacedla digna de vuestra Persona, pues podéis y yo no lo sé hacer: con estas y semejantes razones alberga a Cristo en tu casa, y cuando le vieres dentro de ella, arrójate a sus pies y no te levantes de ellos hasta que te deje rico de los bienes del cielo.
PUNTO. IV Considera cómo halló la Santísima Virgen María a Cristo nuestro Redentor en medio de los doctores; porque entre los que enseñan su ley y son la luz de la Iglesia, se halla cuando se pierde: cobra grande estima de los padres espirituales, así confesores como predicadores y doctores; y cree que en sus consejos y dirección has de hallar tu salvación y luz para salir de ignorancias y caminar al cielo: descúbreles tu conciencia y las llagas de tu alma, y hallarás remedio para todo, y pídele a nuestro Señor su gracia para oírlos y obedecerlos, y estimar sus consejos como tienes obligación. San Justino mártir dice que Cristo nuestro Señor desde los doce hasta los veinte y nueve años repartió el tiempo en la forma siguiente. Desde los doce hasta los diez y nueve estuvo en compañía de sus padres, ayudándolos y ocupándose en santas obras; a los diez y nueve años tomó hábito y profesión de religioso nazareno, en que vivió hasta los veinte y cinco; de veinte y cinco a veinte y nueve se retiró al desierto, e hizo vida eremítica y monástica, dándose a la contemplación y penitencia; a los veinte y nueve salió del desierto y vino a las riberas del Jordán y recibió el bautismo de mano de San Juan Bautista, como más largamente lo dijimos en el primer tomo del Itinerario Historial al principio, según lo cual dispondremos las meditaciones de la infancia del Salvador por el discurso de su vida.
(1) Sal. 69. (2) Cant. 1.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.