miércoles, 28 de enero de 2026

EL PECADO DEL PRIMER HOMBRE Y SU GRAVEDAD #meditacion #evangelio

Jueves de la III semana después de la Epifanía.

Del pecado del primer hombre y su gravedad.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

ORACIÓN PARA COMENZAR

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Jueves de la III semana después de la Epifanía.

Del pecado del primer hombre y su gravedad.

MEDITACIÓN

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Dios crió al hombre en el campo damasceno, adornado de su gracia y de todos los dones naturales y sobrenaturales que le convenían, y cómo le hizo rey y señor de todo lo criado en la tierra, y le dio posesión del paraíso, y para su compañía formó a Eva de su costilla, y habiéndoles puesto una mesa tan espléndida para su regalo con todos los manjares del paraíso, solo reservó un árbol para probar su obediencia. Contempla la liberalidad de Dios que resplandece en esta acción, y la prudencia y sabiduría que muestra, y aprende la que usa contigo y lo mucho que le debes, y cómo te has de portar con quien tanta merced te hace, comunicándote tantos bienes espirituales y temporales.

PUNTO II. Considera cómo Adán, inducido de su mujer Eva, traspasó el mandamiento de Dios y comió del árbol vedado. Pondera cómo no le aseguró para no caer el lugar del paraíso, como ni a los ángeles, el del cielo, y lo que hace el contagio de las malas compañías; pues en el cielo un ángel tocado de la lepra de la soberbia, inficionó a la tercera parte de los espíritus angélicos; y Eva tentada de la ambición y de la gula, pegó el contagio a su marido y le hizo caer en pecado: escarmienta en su cabeza, y saca de esta meditación huir la compañía de los malos y buscar la de los buenos, y no fiarte de mujeres por buenas que parezcan.

PUNTO III. Considera el estrago que hizo en el primer hombre este pecado, y el castigo que Dios tomó de él, y el que toma hasta el día de hoy, porque luego los privó de su gracia y de los dones que acompañaban a la justicia original, y les quitó el señorío sobre las criaturas y sobre sus mismas pasiones, dándoles licencia para que se rebelasen contra ellos, como ellos se habían rebelado contra Dios, y los condenó a muerte y a comer el pan a costa del sudor de su rostro, y los desterró del paraíso a la tierra maldita por el pecado, llena de cardos y espinas. Pondera las calamidades que vinieron sobre Adán y sus descendientes por este pecado, las guerras, las hambres, las pestes, los diluvios, las enfermedades, y sobre todo los innumerables hombres que han bajado al infierno y están ardiendo en él, privados eternamente de Dios y de su gloria; y que siendo tan misericordioso nunca se apiada de ellos, castigando en tantos y con tan acerbos tormentos aquel bocado comido contra su voluntad. ¡Oh caro bocado! ¡Oh inobediencia amarga! ¡Oh pecado cometido contra Dios! Mira y pondera cuánta es su malicia, pues tal ojeriza le tiene Dios y con tales penas y tan dilatadas le castiga; y encógete en su presencia, y tiembla de ofenderle en la más mínima cosa contra su voluntad.

PUNTO IV. Considera luego cuántos y cuán mas graves pecados has cometido contra Dios, y qué penas merecerás por ellos, y que si Dios no disimuló con Adán tan amigo suyo y criado en su gracia, tampoco disimulará contigo, y clama al cielo y pídele a Dios que no te permita caer en pecado ni perder su gracia, antes te aniquile que te deje de su mano para que le puedas ofender, tiembla de sus juicios y del rigor de su justicia, y. pídele que te perdone las ofensas cometidas, ofreciéndole padecer mil muertes y las mismas penas del infierno, antes que ofenderle jamás.

 

ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.