miércoles, 31 de mayo de 2023

DÍA 1. UN MES EN LA ESCUELA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. San Enrique de Ossó

DÍA 1. SENTIMIENTOS DEL CORAZÓN DE JESÚS EN EL PRIMER INSTANTE DE SU UNIÓN HIPOSTÁTICA CON EL VERBO ETERNO

 

UN MES EN LA ESCUELA

DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

San Enrique de Ossó

 

Por la señal, etc…

 

¡Viva Jesús. Muera el pecado. Sea por siempre alabado el Corazón de Jesús Sacramentado!

 

Oración inicial

Yo te adoro, Corazón Sacratísimo de mi Jesús, y te amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas, y me pesa de haberte ofendido, porque eres bondad infinita y me amas con inmenso amor. En ti, Corazón Sacratísimo, están reunidas todas las maravillas de la naturaleza, de la gracia y de la gloria; todas las virtudes y dones esparcidos por todas las criaturas; todos los tesoros de la sabiduría, bondad, ternura y ciencia de Dios. Tú eres el huerto cerrado, el horno de fuego, el arca de Dios, la vara florida, el maná del cielo, la fuente de todas las gracias y consuelos, las delicias de la Beatísima Trinidad. De tu corazón amantísimo, oh Jesús mío, recibieron el celo los Apóstoles, la sabiduría los Doctores, la pureza las Vírgenes, la fortaleza los Mártires, la paciencia los Confesores, la victoria los tentados, el valor los débiles, la alegría los Ángeles, el terror los demonios, la gloria el mismo Dios. Bienaventurado el que te ama, te honra y te sirve, porque tiene escrito su nombre en tu Divino Corazón.

¡Oh Corazón Santísimo de Jesús! da lumbre a mi entendimiento y afectos ardorosos a mi corazón para que aprenda en esta tu Escuela la virtud del sacrificio, y sobre todo tu mansedumbre, humildad e inmensa caridad, y que conozca y haga en todas las cosas tu santísima voluntad. ¡Oh Corazón Inmaculado de María! ¡Santos, Ángeles y justos del cielo y tierra! prestadme vuestros encantos amorosos para honrar y desagraviar debidamente al Dios de mi corazón y al corazón de mi Dios. Amén.

 

Hágase la meditación correspondiente al día.

DIA PRIMERO

Sentimientos del Corazón de Jesús en el primer instante de su unión hipostática con el Verbo Eterno.

 

Composición de lugar. Pondera el asombro del alma de Cristo al verse unida al Verbo conociéndole y amándole como comprensor.

 

Petición. Jesús mío, dadme a sentir, pensar, amar y obrar en todas las cosas como vos queréis de mí.

 

Punto primero. Pondera, alma mía, lo que sentiría el alma de Cristo al informar su cuerpo y su corazón en el primer instante de ser criada y unida al Verbo. ¡Qué sentimientos de adoración, asombro, gratitud, anonadamiento al verse elevada a la más grande dignidad y unión con la Divina Esencia!

 

Un momento antes no era nada esa alma, y un momento después lo es todo. Hay unión con Dios por naturaleza, por gracia, por gloria, por hipóstasis.

Esta es la más excelente, porque compenetra todo el ser de la criatura racional, el ser humano, y lo hace digno de la adoración debida a Dios, de latría. ¡De la nada al ser, y del ser a ser otro Dios! ¿Quién podrá comprenderlo? ¡Cómo amaría Cristo a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente, con todas sus fuerzas! ¡Y desde el primer instante! ¡Oh! es el único corazón, pues es el corazón de Dios, que cumple con toda perfección tan máximo mandamiento. Considéralo en silencio. Nada había en Cristo que retardase las avenidas de este infinito amor. Nada había en Dios, que le pusiese término, pues lo creó expresamente para unirlo a la persona de su Hijo hipostáticamente. Dios mío, exclamó Jesús en este primer instante, me has dado este cuerpo, este corazón, esta alma para que te ame, te adore, te sirva, te desagravie. Tu voluntad está en medio de mi corazón. Deus meus, volui: Dios mío, quiero lo que Tú quieres, como Tú lo quieres, porque Tú lo quieres. ¡Oh alma mía! más es para admirar y ponderar en silencio este instante precioso, el primero y el único que ha habido en el mundo en que un corazón ha amado a Dios cuanto merece ser amado. Bendito seáis, Dios mío, oh Padre Eterno, porque desde este instante ya tenéis un corazón en quien complaceros plenamente... bendito seas. Dadme que imite al corazón de Cristo amándoos con todo mi corazón, con todas mis fuerzas hasta el último instante de mi vida. Amén.

 

Punto segundo. Y tú, corazón mío, ¿cómo has cumplido y cumples este máximo mandamiento de amar a Dios con todas tus fuerzas?

 

A semejanza de Cristo Jesús, desde el primer instante que tuviste uso de razón ¿te convertiste a Dios con un acto de amor? Desde el instante que le conociste ¿le amaste, le adoraste, le diste gracias como debías? Éste era tu deber máximo... Y si no lo cumpliste, y robaste a Dios las primicias del amor de tu corazón, pecaste mortalmente. A lo menos cuando reflexionaste sobre tu fea conducta ¿te encomendaste, te dirigiste a Dios? Dime ¿cuántos actos de amor a Dios has hecho?, ¿cuántos haces?, ¿cuántos piensas hacer? Sábete que para esto has sido criado, para esto tienes un corazón, para eso te ha honrado Dios con su amistad y prevenido con tantos beneficios, y rodeado de tantas gracias y adornado de tantos dones. ¿Qué has hecho, pues, para probar a Dios tu amor? ¿Qué has hecho por Cristo tu Redentor? ¿Qué haces por Cristo? ¿Qué piensas hacer? Reflexiónalo seriamente... Propón y enmiéndate. Ama a Dios con todo tu corazón. Ama a Jesús sobre todas las cosas. Si no le amaste antes como debías, procura con todo ahínco amarle y reparar el tiempo perdido en el desamor de tu Dios y principal bienhechor. ¡Oh Corazón de mi Jesús! o amarte o morir por tu amor, porque la vida sin tu amor es peor que mil muertes pesadas.

 

Afectos. ¡Dios mío, Jesús mío, amor mío! o amarte o morir, o mejor amarte para no morir eternamente, pues la vida sin tu amor es más bien una muerte pesada, porque donde estás tú, oh mi Jesús, allí está el cielo, y donde tú no moras allí está la muerte y el infierno. ¡Oh Dios eterno de infinita majestad, hermosura y belleza! ¿Qué es el hombre para que así tú le ames y le mandes que te ame, y que si no te ama le amenazas con eterna miseria, con la más grande miseria? ¿Por ventura puede escogitarse ni haber miseria mayor que el no amarte? ¡Ah! ¡Sí, Dios mío, bien único mío, amor infinito mío! Otra miseria mayor hay que el no amarte, y esta es el no poderte amar. De esta me libraste con tu infinita misericordia y clemencia, y esta es la mayor prueba de tu amor hacia mí. ¡Oh Dios de bondad! ¿Qué sería de mí ahora, en este momento, si me hubieses quitado la vida en el primer instante que debía amarte y no te amé? Penaría, rabiaría, me desesperaría y te aborrecería: no te amaría ni ya jamás, jamás, jamás, como los réprobos, te podría amar...

 

Gracias infinitas te doy por tan infinita misericordia. Castigadme con toda clase de penas menos con esta de no amaros de no poderos amar. Prestadme, corazón de Jesús mío, los ardores de vuestro amor para reparar las quiebras en vuestro amor. Que jamás diga, Jesús mío, como los réprobos: Yo soy aquel infeliz que ya no puedo amar a Dios; sino que eternamente repita en la mansión del amor: Os amo, Jesús mio, con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas. Amén.

 

Jaculatoria. Oh hermosura siempre antigua y siempre nueva, ¡Cuán tarde os conocí!,

¡cuán tarde os amé!

 

Práctica. A ejemplo de la seráfica virgen mi madre, santa Teresa de Jesús, no dejaré pasar día sin hacer por lo menos cincuenta actos de amor de Dios.

 

EJEMPLO

 

Asistiendo un día santa Matilde al Santo Sacrificio de la misa, y oyendo leer en el Evangelio la triple interrogación que hizo Jesús a san Pedro para probar si correspondía a su amor, sintió encendido su corazón en deseos vehementísimos de amor al Salvador, y fue súbitamente arrebatada en éxtasis, pareciéndole ver a Jesús que le decía: "De la misma manera te pregunto a ti, y respóndeme según la verdad de tu conciencia: ¿Hay alguna cosa en el mundo que tú ames, y que si en tu mano estuviese la dejarías por amor a mí?" A lo que contestó la santa: "Vos sabéis, Señor, que si todo el mundo fuese mío, yo lo abandonaría de buen grado por vuestro amor". Habiendo el Señor aceptado como si en realidad se lo hubiese ofrecido, preguntole de nuevo: "¿Soportarías por amor mío cualquier trabajo que la obediencia te impusiese?" y contestó: "Sí, amado Señor, con vuestra gracia soportaré todo trabajo por vuestro amor". Por fin, le preguntó si estaba pronta a buscar y amar el padecer por su amor, a lo que contestó inmediatamente: "Estoy dispuesta y preparada a sufrirlo todo por vos con ánimo varonil". Entonces el Señor le aseguró había aceptado sus fervientes deseos como si hubiesen sido puestos por obra.

 

¿Qué responderíamos nosotros si el buen Jesús nos interrogase de esta manera? ¿En qué podemos demostrarle nuestro amor?

 

Oración final

Gracias infinitas te doy, Jesús mío de mi alma, porque te has dignado admitirme en este día a la escuela de tu adorable corazón, y por haberme enseñado con tu ejemplo a amar y servir a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas mostrándome prácticamente la hermosura de la virtud y la fealdad del vicio. Yo te prometo con la ayuda de tu gracia practicar con las obras lo que tú me enseñas con la palabra y el ejemplo, y presentarme mañana al volver a tu divina escuela, escuela del corazón, escuela de amor, muchos actos de vencimiento, de amor, de sacrificio... amándote por los que no te aman, adorándote por los que no te adoran, y glorificándote por los que te agravian. ¡Oh Corazón misericordiosísimo de Jesús! Convertid a todos los pecadores, dad perseverancia a todos los justos, libertad a todas las almas del purgatorio, para que no formemos todos los hombres más que un solo corazón y una sola alma que os adore, os ame, os reverencie, os sirva y os glorifique como vos queréis y merecéis en el tiempo y por toda la eternidad. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

San Enrique de Ossó, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

***

Querido hermano, si te ha gustado este video, compártelo con tus familiares y amigos.

***

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

EL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA. Dom Gueranger

 


Miércoles de Pentecostés

Dom Gueranger

 

Vimos ayer con cuánta fidelidad ha sabido cumplir el Espíritu Santo la misión de formar, proteger y conservar a la Esposa del Emmanuel. Esta recomendación de un Dios ha sido cumplida con todo el poder de un Dios; y es el espectáculo más bello, más deslumbrador que presentan los anales de la humanidad desde hace diez y nueve siglos.

 

La conservación de esta sociedad moral, siempre la misma en todos los tiempos y en todos los lugares, que ha promulgado un símbolo preciso y obligatorio para todos sus miembros y ha mantenido por sus decretos la más estrecha y compacta unidad de creencia entre todos sus fieles es, juntamente con la maravillosa propagación del cristianismo, el hecho cumbre de la historia. Estos dos hechos son, pues, no el efecto de una providencia ordinaria, como lo han pretendido ciertos filósofos modernos, sino milagros de primer orden obrados directamente por el Espíritu Santo y destinados a servir de base a nuestra fe en la verdad del cristianismo. El Espíritu Santo, que no debía revestir forma sensible en el ejercicio de su misión, ha hecho visible su presencia a nuestra inteligencia, y por este medio ha hecho lo bastante para demostrar su acción personal en la obra de la salvación de los hombres.

 

HACE A LA IGLESIA VISIBLE EN TODAS PARTES. — Sigamos esta acción divina en las relaciones de la Iglesia con la raza humana. El Emmanuel quiso que sea la Madre de los hombres y que todos aquellos que él distingue con el honor de ser sus propios miembros reconozcan que es ella quien los engendra para este glorioso destino. El Espíritu Santo debía, pues, formar la Esposa de Jesús con el brillo necesario para que fuera distinguida y conocida sobre la tierra, dejando plena libertad a los hombres para ignorarla y rechazarla.

 

Convenía que esta Iglesia abrazase en su duración a todos los siglos, que recorriese la tierra de un modo patente, de manera que su nombre y su noble misión pudieran ser conocidos por todos los pueblos; en una palabra, debia ser Católica, es decir, universal, posesora, a la vez, de la catolicidad de los tiempos y de los lugares. Tal es, en efecto, la existencia que el Espíritu Santo la ha creado en la tierra. La promulgó en Jerusalén el día de Pentecostés ante los ojos de los judíos venidos de regiones tan diversas y que pronto partieron para llevar la nueva a los países que habitaban. Lanza luego sus Apóstoles y discípulos al mundo, y sabemos por autores contemporáneos que, apenas había pasado un siglo, cuando ya la tierra entera estaba sembrada de cristianos. Desde entonces, cada año ha contribuido al desarrollo visible de la Santa Iglesia.

 

Si el Espíritu Santo, en los designios de su justicia, ha creído conveniente dejarla enfriarse en el seno de una nación indigna de ella, la ha transferido a otra donde encontraría hijos más sumisos. Si algunas veces se han cerrado a su paso regiones enteras ha sido porque en época anterior se presentó y fué rechazada, o porque todavía no había llegado el momento oportuno para su establecimiento. La historia de la propagación de la Iglesia ofrece a nuestra vista este conjunto maravilloso de vida perpetua y de emigración. Los tiempos y los lugares le pertenecen; donde no reina, se halla presente por sus miembros, y esta prerrogativa de la catolicidad que le ha valido su nombre es una de las obras maestras del Espíritu Santo.

EVANGELIO DEL DÍA: QUIEN HA ESCUCHADO AL PADRE, Y APRENDIDO SU PALABRA, VIENE A MÍ

MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Juan 6, 44-52


TEXTOS DE LA MISA Miércoles de Témporas de Pentecostés

COMENTARIO AL EVANGELIO:
Homilía de maitines EL ALMA ES ATRAÍDA POR EL AMOR. San Agustín
Benedicto XVI EL ESPÍRITU SANTO Y LA EUCARISTÍA

MULTIPLICIDAD DE FRUTOS QUE DIMANAN DEL ESPÍRITU SANTO. Santo Tomás de Aquino

martes, 30 de mayo de 2023

DÍA DE PREPARACIÓN. INVITACIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS A TODOS LOS CORAZONES

DÍA DE PREPARACIÓN. INVITACIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS A TODOS LOS CORAZONES

 

UN MES EN LA ESCUELA

DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

San Enrique de Ossó

 

Por la señal, etc…

 

¡Viva Jesús. Muera el pecado. Sea por siempre alabado el Corazón de Jesús Sacramentado!

 

Oración inicial

Yo te adoro, Corazón Sacratísimo de mi Jesús, y te amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas, y me pesa de haberte ofendido, porque eres bondad infinita y me amas con inmenso amor. En ti, Corazón Sacratísimo, están reunidas todas las maravillas de la naturaleza, de la gracia y de la gloria; todas las virtudes y dones esparcidos por todas las criaturas; todos los tesoros de la sabiduría, bondad, ternura y ciencia de Dios. Tú eres el huerto cerrado, el horno de fuego, el arca de Dios, la vara florida, el maná del cielo, la fuente de todas las gracias y consuelos, las delicias de la Beatísima Trinidad. De tu corazón amantísimo, oh Jesús mío, recibieron el celo los Apóstoles, la sabiduría los Doctores, la pureza las Vírgenes, la fortaleza los Mártires, la paciencia los Confesores, la victoria los tentados, el valor los débiles, la alegría los Ángeles, el terror los demonios, la gloria el mismo Dios. Bienaventurado el que te ama, te honra y te sirve, porque tiene escrito su nombre en tu Divino Corazón.

¡Oh Corazón Santísimo de Jesús! da lumbre a mi entendimiento y afectos ardorosos a mi corazón para que aprenda en esta tu Escuela la virtud del sacrificio, y sobre todo tu mansedumbre, humildad e inmensa caridad, y que conozca y haga en todas las cosas tu santísima voluntad. ¡Oh Corazón Inmaculado de María! ¡Santos, Ángeles y justos del cielo y tierra! prestadme vuestros encantos amorosos para honrar y desagraviar debidamente al Dios de mi corazón y al corazón de mi Dios. Amén.

 

Hágase la meditación correspondiente al día.

DIA DE PREPARACIÓN

Invitación del Corazón de Jesús a todos los corazones

 

Composición de lugar. Represéntate a Jesús, que mostrándote su Corazón abrasado te dice: Venid a mí, aprended todos de mí.

 

Petición. Dame un corazón dócil, Jesús mío, para oír tu voz y practicar tus enseñanzas.

 

Punto primero. No hay imágenes ni más bellas, ni más interesantes, ni más encantadoras en todos los Libros Sagrados que las dos que nos ofrece el Nuevo Testamento. La primera es la de Jesucristo, que nos dice lleno de amor, de dignación, de compasión y de ternura: Venid a mí todos los que andáis trabajados y yo os consolaré, os confortaré; venid a mí todos y aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso, paz para vuestras almas. Venid todos, y aprended de mí a ser felices... Dieciocho siglos va repitiendo de continuo al corazón de todos los mortales el buen Jesús esta invitación amorosa: Venid todos a mí, aprended todos de mí... Y ¿quién hay que no haya oído resonar, no una, sino muchas veces, esta voz amiga, voz de Padre y de Dios en su corazón? Venid a mí, dice, vosotros especialmente que padecéis, que trabajáis, que andáis cargados con el peso de la tribulación; venid a mi corazón, que hallaréis compasión para todas vuestras miserias, remedio para todos vuestros males, fortaleza para vuestros desmayos, victoria para vuestras tentaciones, felicidad y paz y gozo en el Espíritu Santo en ese miserable destierro para vuestros corazones. Venid a mi corazón herido y abierto por vuestro amor, y hallarán descanso vuestras almas combatidas con tantas contradicciones y por tantos enemigos. Todos debéis venir a mí, dice Jesús, y cuanto más miserables más derecho tenéis a ser recibidos, a ser escuchados, a ser remediados; porque yo soy el padre de los pobres, y os he llamado para socorreros; pero venid con confianza dehallar remedio a todos vuestros males, porque yo soy la fuente de todo bien; venid con presteza, porque mi corazón lo ansía, y deseo más haceros bien que vosotros recibirlo. Venid, pues, corazones de los cristianos, y vayamos, vayamos al Corazón de Jesús todos, todos. Ni uno solo rehúse tan divina invitación, porque contristaría a tan noble y divino corazón, al corazón del rey de cielos y tierra. Vayamos los pecadores al Corazón de Jesús para hallar el perdón: vayan las almas justas para santificarse más. Vayan los niños y almas inocentes para conservar su pureza. Vayamos, en fin, todos al Corazón de Jesús: grandes y pequeños, ricos y pobres, nobles y plebeyos, porque a todos nos llama el buen Jesús con infinito amor. Y tú, corazón amantísimo de Jesús, recíbenos a todos, pues a todos nos has llamado. Súfrenos a todos, porque a todos nos has redimido, y haznos dignos de escuchar tus lecciones y aprender tu doctrina e imitar tus virtudes, y de vivir y morir abrasados en tu amor. Amén.

 

Punto segundo. La segunda imagen encantadora sobre toda ponderación nos la da el discípulo amado del Corazón de Jesús, el Evangelista san Juan, cuando nos presenta al dulcísimo Jesús en pie a las puertas de nuestro corazón y llamando. "Yo estoy de pie a la puerta, y llamo". Si viésemos al hermosísimo Jesús parado ante una persona, de día y de noche, sufriendo los ardores del sol en verano y los rigores del frío en invierno, y la lluvia, y el viento, y el relente y la escarcha, y le preguntásemos: ¿Qué hacéis aquí parado tantas horas día y noche, oh buen Jesús?... ¿No es verdad que nos sorprendería ver tal cuadro? ¿Pues cuánto más nos sorprendería si Jesús nos respondiese: Me preguntas qué hago, alma cristiana? Pues estoy aquí llamando a la puerta de este corazón y esperando que me abra, para entrar en él, y hacerlo rico y feliz con todas las riquezas y dones del divino amor... Y ¿cuánto tiempo que estáis llamando y esperando?

 

-A este corazón ha más de un año, a este otro más de veinte, a este más de cincuenta... - ¿Y no os abren? ¿Y no os cansáis de esperar? ¿Y no os marcháis al ver tanta descortesía e ingratitud? - No, dice Jesús. Espero y vuelvo a esperar, porque mi amor es eterno. En caridad perpetua te amé. - ¡Oh mi adorado Jesús! verdaderamente nos amáis hasta el fin, hasta el exceso del amor. No parece, Señor mío, sino que aquí se han trocado los papeles, esto es, que vos sois hombre, y el hombre es Dios, y que no podéis ser feliz sin su amor. ¡Oh Dios mío! solo nuestra ingratitud y desvío parece exceder a vuestro amor, pues a pesar de veros tan enamorado de nosotros no os amamos, no correspondemos a vuestro amor. A lo menos, pues, amor mío, concededme que yo os ame, que os abra siempre las puertas de mi corazón, que corresponda fielmente a vuestras invitaciones, y que mi corazón y mi amor sean siempre vuestros en vida, y en muerte y por toda la eternidad. Amén.

 

Afectos. ¡Oh Jesús mío! también el mundo, el demonio y mi concupiscencia me gritan: Ven a mí, ven y te coronaremos de rosas y serás feliz, siendo rico, poderoso, vano y falso. Mas ¡ay! Señor, son padres de la mentira los que esto me ofrecen, y sé que sus ofertas son mentira son tormento y desgracia. Demasiado lo sé por experiencia, porque cuantas veces he seguido la voz del mundo, del demonio, del pecado, otras tantas veces ha huido la paz de mi corazón. Mas vos sois, Jesús mío, Dios de verdad, Dios de mi corazón, y al venir a vos, al descansar en vos, he hallado siempre paz, gozo, reposo perfecto del alma, completa felicidad. Súfreme, pues, Jesús mío, ya que me llamaste, ahora que vengo a ti. No me deseches aunque te lleve un corazón herido por el mundo y por el pecado, porque ya está desengañado de sí, y confieso que solo tú tienes paz para este corazón, que es tuyo porque lo criaste, que es tuyo porque lo redimiste, tuyo porque lo santificaste. Sea, pues, tuyo eternamente por amor: aquí por lumbre de fe y allá por lumbre de gloria, que me sacie enteramente. Tú solo tienes palabras de vida eterna, Jesús mío de mi corazón. Tú solo tienes obras de virtud, de gracia y de gloria. Guarda, pues, lo que es tuyo, y salva a tu siervo, que redimiste con tu preciosa sangre. Amén.

 

Jaculatoria. Yo siempre os amaré, y vos siempre me amaréis. Espero, oh Jesús mío, amaros siempre y por toda la eternidad. Amén.

 

Práctica. Traer examen particular este mes de no resistir a las invitaciones del Corazón de Jesús.

 

EJEMPLO

 

Santa Gertrudis fue devotísima del Divino Corazón de Jesús. Cada día le honraba recitando una fervorosa oración. Buscó cómo tener siempre unido su corazón al corazón amoroso de Jesús, y un día orando delante de una imagen de Jesús Crucificado vio salir de la llaga del costado un rayo de vivísima luz, que penetró en su interior y le vació de todo afecto terreno. Vio una vez este Sagrado Corazón oprimido de indecible angustia, y en otra ocasión, rogando la librase de las distracciones que le impedían orar con devoción, súbitamente fue consolada. Se le apareció Jesús, mostrándole su Corazón le dijo: "He ahí mi Corazón, la delicia de la Santísima Trinidad; yo te lo presento en sustitución de lo que te falta". Este Corazón dulcísimo era el objeto de su amor, de sus pensamientos y de sus palabras, hasta llegar a hablar de él con los santos. Favorecida un día con la aparición de san Juan Evangelista, le preguntó: ¿Por qué habiendo reposado sobre el pecho del Salvador en la última noche de la cena no había escrito nada para nuestro aprovechamiento de lo que sentía este Corazón Divino? A lo que respondió el santo con estas memorables palabras: "Yo fui encargado de manifestar a la Iglesia naciente la palabra del Verbo encarnado de Dios Padre, pero la suavidad de los movimientos de aquel corazón deífico se reservó para los últimos tiempos, a fin de enardecer la caridad tan sensiblemente resfriada entre los cristianos". Estos tiempos son los nuestros sin duda. Encendamos nuestro corazón en amor con la devoción al Corazón de Jesús.

 

 

Oración final

Gracias infinitas te doy, Jesús mío de mi alma, porque te has dignado admitirme en este día a la escuela de tu adorable corazón, y por haberme enseñado con tu ejemplo a amar y servir a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas mostrándome prácticamente la hermosura de la virtud y la fealdad del vicio. Yo te prometo con la ayuda de tu gracia practicar con las obras lo que tú me enseñas con la palabra y el ejemplo, y presentarme mañana al volver a tu divina escuela, escuela del corazón, escuela de amor, muchos actos de vencimiento, de amor, de sacrificio... amándote por los que no te aman, adorándote por los que no te adoran, y glorificándote por los que te agravian. ¡Oh Corazón misericordiosísimo de Jesús! Convertid a todos los pecadores, dad perseverancia a todos los justos, libertad a todas las almas del purgatorio, para que no formemos todos los hombres más que un solo corazón y una sola alma que os adore, os ame, os reverencie, os sirva y os glorifique como vos queréis y merecéis en el tiempo y por toda la eternidad. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

San Enrique de Ossó, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

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Ave María Purísima, sin pecado concebida.

DÍA 31. LA GRAN CORONA DE TODAS LAS FLORES. MES DE MARÍA. BEATO FRANCISCO PALAU

DÍA 31.  LA GRAN CORONA DE TODAS LAS FLORES. MES DE MARÍA. BEATO FRANCISCO PALAU


Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración preparatoria para todos los días.

 

Bellísima y habilísima Jardinera, aquí tenéis a vuestros pies un corazón convertido por sus culpas en bosque lleno de espinas y abrojos, donde tienen sus madrigueras y hacen sus crías las pasiones más feas y vergonzosas: a vuestras órdenes están millares de operarios pendientes de vuestros labios, que esperan les mandéis arrancar de él todo lo malo y todo lo vicioso, y sembrar y plantar lo santo, lo bueno y lo virtuoso.

Yo os entrego, yo os doy el terreno de mi alma; mandad, Señora del mundo, mandad, Reina de los Ángeles, y será transformado en un paraíso de delicias para Vos y Vuestro Hijo; mandadlo, y vuestras órdenes serán fielmente ejecutadas. Yo os prometo que cooperaré a mi conversión con santos propósitos y firmes resoluciones; mas ¡ay! éstas serán estériles si Vos no las fecundáis.

Yo soy una tierra árida, seca, consumida y abrasada por los ardores de mi concupiscencia; en vuestras manos están las llaves de aquella fuente cristalina y pura cerrada por mis culpas… abrid los favores y las gracias y los dones del cielo correrán a torrentes sobre mí. Yo soy un huerto sin muros abierto a todas las ilusiones del ángel malo, al mundo y a sus vanidades. Yo os constituyo su guardiana, protegedme y amparadme. 

Vos, oh amabilísima Hortelana, me pedís durante todo este mes flores y yerbas aromáticas, ramilletes, guirnaldas y coronas, ¡ay de mí! En mi alma no hay otra cosa que confusión, desorden, vergüenza, espinas y un bosque desarreglado. Señora, ordenadle, cultivadle, sembrad en él la semilla de todas las virtudes; plantad en él esas flores que buscáis, ponedlas en orden según sus especies.

Aquí estoy, vuestra propiedad soy, no me opondré, no resistiré, sino que cooperaré a la obra santa que en estos días, dedicados a vuestra gloria y al bien de mi alma, Vos os proponéis hacer; principiadla, perfeccionadla y acabadla. Yo os ofrezco estos ejercicios a honra vuestra y a la gloria de vuestro Hijo. Amén.

 

Bendita sea tu pureza….

 

***

Día treinta y uno

 

I. La gran corona de todas las flores del mes de mayo

1. Hemos terminado ya nuestra obra. Están ya en el círculo circunscrito por el dedo de Dios todas las flores del mes de mayo. Examinemos hoy nuestra obra y contemplémosla. ¿Hemos tenido algún descuido? ¿Hay en los campos y en los valles, en los montes y collados, en los prados y en las huertas; hay en nuestros jardines y terraplenes alguna de las flores de esta risueña estación que no embellezca, adorne, vista y perfume nuestra gran corona? Si la veis, si la encontráis, cogedla hoy y agregadla a uno de los treinta ramilletes que la cierran y completan. Celebremos hoy el complemento de nuestra obra.

 

II. La corona de la gloria debida al mérito de las virtudes.

2. La corona que ciñen los Santos en el cielo es debida y se les da en correspondencia a la que forman en la tierra sus virtudes. Las flores de esa corona son el emblema de nuestras virtudes. Todas están atadas al círculo de oro formado sobre nuestras cabezas por manos del supremo artífice, Dios, al anunciarnos la ley de gracia: amarás a Dios, amarás a tus prójimos. El círculo sale de un punto, marcha formando su curva y vuelve allá de donde salió. El precepto del amor y la caridad, que es su observancia, sale de Dios que es amor, Deus est caritas; describe al pasar por nuestros corazones su curva, nos toma todos los afectos y los ata a ella, y al volver a Dios, de donde procede, los deja allí satisfechos. Toda virtud que lo sea de veras procede de la caridad, crece en la caridad y con la caridad, y vive ligada a ella y con ella.

 

III. La corona de María en la gloria

3. La corona que ciñe María en la gloria le fue dada como premio de todas sus virtudes. Mientras vivió no hubo ninguna que no estuviese en su corona: las tuvo todas en su plenitud: Ave, gratia plena; sí, llena de gracias, llena de dones; sí, llena de dones, llena de virtudes.

 

IV. Nuestra corona alrededor de María

4. Contempla atentamente esta corona que acabamos de vestir y adornar; son todas nuestras virtudes simbolizadas en las flores. ¿Falta alguna? ¿Están todas? ¿Todas sin faltar una? ¡Ah! Si pierdes una, se pierden todas y donde va una, van todas, porque todas están ligadas a un mismo y solo círculo; y doquiera que se coloque el círculo van ellas todas, y si éste se mueve, se mueven todas. Vamos a presentar hoy, por manos de nuestra Reina, ante el trono de Dios, nuestra corona: nos la pide adornada, enriquecida, vestida y embellecida por las virtudes todas, y no puede faltar ni una sola flor: ¿lo has dado ya todo? ¿todo? ¿nada te has reservado para ti? Piénsalo bien: hoy termina con el mes de mayo nuestra obra: tienes tiempo, examina tu alma, y da a María si algo has olvidado o descuidado. Preséntale hoy no una flor sino la corona entera y completa, y al ofrecérsela le dirás:

 

 

Presentación de la corona

Reina de los cielos: Os he dado en este mes con sagrado a Vos cuanto he hallado en mi jardín de más bello y fragrante; os he dado cuanto tenía de mejor, y os lo doy de nuevo. No hay más, Señora, no hay más: ¡ay! es cosa poca; pero no tengo más. Os he dado votos, promesas, propósitos, resoluciones, y os los he dado tan firmes y eficaces como me ha sido posible formar: ¡Ay! no puedo más; no tengo mejores. Me los habéis pedido y os los he dado tales como Vos veis están en esa corona.

Señora: estos propósitos, que, por la misericordia de Dios y favor vuestro, yo he formado en estos ejercicios, a Vos los he ofrecido, y en vuestras manos están. Fomentadles, dad les actividad, firmeza, constancia, perseverancia, eficacia y fortaleza. Yo me ofrezco de nuevo a ponerlos por obra, yo los fío a vuestra maternal solicitud Bellísima, amabilísima, habilísima jardinera, en vuestras manos dejo mi corona; en vuestras manos sagradas encomiendo mis virtudes. Guardadlas, protegedlas, regadlas, cultivadlas y perfeccionadlas.

 

3 Avemarías y Gloria Patri

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Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

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Ave María Purísima, sin pecado concebida.