MARTES SANTO CON SANTA TERESA DE JESÚS: EL ROSTRO DE CRISTO


EL ROSTRO DE CRISTO

«Cuando pienses en el Señor, o en su vida y Pasión, acuérdate de su mansísimo y hermoso rostro, que es grandísimo consuelo. Será como un recuerdo suave que cale en tu memoria. Podrá llegar a quedar tan esculpida en tu mente esta imagen gloriosísima, que jamás se borre de ella hasta que la veas adonde para sin fin la puedas gozar».

EL RELATO DE LA PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS EN EL EVANGELIO DE MARCOS. P. Silvio José Báez, ocd.)


EL RELATO DE LA PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS
EN EL EVANGELIO DE MARCOS
(Mc 14,1-15,47)
(P. Silvio José Báez, ocd.)

De los cuatro evangelistas, Marcos es el que relata con mayor crudeza los hechos desconcertantes de la pasión y muerte de Jesús en la cruz. La riqueza de su teología está en el hecho de descubrir en el escándalo de la cruz la máxima revelación de Jesús.
1. La unción en Betania (Mc 14, 1-11). El relato inicia con la escena de la unción en Betania, de parte de una mujer desconocida, de la cual afirma Jesús: “les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se anuncie la buena noticia será recordada esta mujer y lo que ha hecho” (Mc 14,9). Mientras los sacerdotes y los escribas andan buscando el modo de arrestar a Jesús y darle muerte (14,1), esta mujer descubre su identidad mesiánica, comprende el camino y el destino del Maestro pobre (Mc 14,7) y proféticamente lo unge en la cabeza con un perfume carísimo de nardo puro. Anticipa la unción de su sepultura y prepara a Jesús para el sacrificio mesiánico (Mc 14,8). Esta mujer desconocida es figura de la Iglesia creyente y profética, que vive indisolublemente unida a la memoria de la evangelización, y que comparte con Jesús el camino de cruz y de muerte por la salvación de los hombres.
2. La Cena de Jesús (Mc 14, 12-31). Esta segunda escena de la pasión comienza como la primera, haciendo alusión a unos “preparativos”. Mientras los jefes judíos se preparan para arrestar y dar muerte a Jesús (14,1), Jesús y sus discípulos preparan la cena de pascua. La antigua cena pascual judía se transforma en “la cena de Jesús”, expresión y símbolo de su entrega y su amor por todos los hombres. La narración de la cena (vv. 22-26) está enmarcada por dos anuncios proféticos: la traición de Judas (vv. 17-21) y la predicción de las negaciones de Pedro (vv. 26-31). En el centro de la cena no aparece ni el cordero, ni el relato de la liberación de Egipto, sino las palabras y las acciones de Jesús sobre el pan y el vino, que anticipan el banquete escatológico del reino y explican la vida y el destino de Jesús. La Eucaristía encierra todo el misterio de la vida de Jesús como donación de amor y plenitud de salvación para los hombres. El pan partido representa su vida donada por todos, en el que se hará realidad la presencia mesiánica de Jesús a lo largo de la historia futura de los hombres; el vino, es su sangre derramada que sella la alianza gratuita, universal y eterna de Dios con toda la humanidad.  
3. La oración en Getsemaní y el arresto de Jesús (Mc 14,32-52). El huerto de Getsemaní  se encontraba en el monte de los olivos (Mc 14,26), una pequeña colina situada al este de Jerusalén. En un monte, el de la transfiguración, Jesús había mostrado su gloria (Mc 9,2-9); en el monte de los olivos, muestra su humanidad sumida en el dolor y la angustia. En la escena resaltan dos elementos de la humanidad de Jesús: su sufrimiento y su oración. El evangelio no oculta el lado humano de Jesús, su incertidumbre, la necesidad de estar acompañado de los suyos, su dolor y su miedo. Sin esta dimensión de su persona, Jesús no sería humano, no habría podido realizar la salvación de los hombres, y tampoco representaría el principio de una nueva humanidad. Con su oración se revela como el Hijo, que sabe acoger la voluntad del Padre y se abandona a él sin reservas. El, que había escuchado con tanta certeza la voz del Padre en el Jordán y en el monte de la transfiguración, ahora debe acoger y amar también su silencio.
4. El proceso ante el Sanedrín (Mc 14, 53-65). Marcos ha colocado la escena del proceso ante las autoridades judías (14,53.55-56) en paralelo con las negaciones de Pedro (14,54.66-72). El v. 53 sirve de introducción al proceso de Jesús ante el Sanedrín y el v. 54 anuncia la escena de Pedro que niega al Maestro. Mientras Jesús declara, por primera y única vez en todo el evangelio de Marcos que él es el Mesías, Pedro niega conocerlo. El contraste es fuertísimo. A la fidelidad del Maestro se contrapone la infidelidad del discípulo. La frase de Pedro (v. 71: “yo no conozco a ese hombre del que me hablan”) es la última palabra que pronuncia un discípulo de Jesús en el evangelio de Marcos. A continuación Pedro se echa a llorar amargamente. Así termina el primero del grupo: infiel, entre lágrimas, negando conocer al Maestro. Sólo la pascua podrá rehacer a Pedro y al grupo. Por ahora todo es fracaso y miedo. El sanedrín judío, ante la declaración mesiánica de Jesús que escandaliza a todos, lo declaran reo de muerte. 
5. El proceso ante Pilato (Mc 15,1-20). Ante el procurador romano cambia el motivo de la acusación contra Jesús, que es presentado ante Pilato como “rey de los judíos”. Ante la pregunta de Pilato: “¿eres tú el rey de los judíos?”, Jesús responde: “Tú lo dices”. No calla su identidad y da testimonio solemne. Pero después, ante las falsas acusaciones, Jesús no habla más, no vuelve a responder a Pilato, lo cual extraña mucho al procurador romano (v. 5). Defenderse en un proceso jurídico sería probar que los otros mienten, lo cual tendría como efecto el condenar a la parte adversa. Con su silencio, Jesús renuncia al legítimo derecho de defenderse, acepta pasar por uno que no puede responder, con tal de que su inocencia no sirva de condena para ninguno. Voluntariamente va hacia la muerte: calla de frente a las acusaciones y no huye de la condena, para que en el proceso quede claro que su deseo no era vencer a costa de los otros, sino padecer incluso la muerte con tal de no tratar a ninguno como enemigo. Las autoridades judías esperan que el procurador ratifique la sentencia de muerte y la ejecute. Pilato, “queriendo complacer a la gente” (v. 15), cae víctima de las intrigas de los sacerdotes que han manipulado la voluntad del pueblo y decide dar muerte a Jesús (vv. 2-15). Marcos narra otro proceso, oscuro, burlesco, ofensivo, realizado como una farsa jurídica de parte los soldados, en el calabozo del palacio del procurador romano (vv. 16-20).  Los soldados romanos convierten a Jesús en objeto de su burla, simulando tributarle honores de rey. Se ensañan contra Jesús con toda su carga de agresividad y vulgaridad, pero Jesús aquí también calla. Su silencio prepara la victoria de la pascua: la victoria de la palabra de la vida sobre el pecado y la muerte.

6. El camino de la cruz y la crucifixión (Mc 15,21-41). Para Marcos, Jesús se revela plenamente como el “Hijo de Dios” sólo en el momento de la crucifixión (15,39). Jesús muere dando un fuerte grito (15,37), invocando de Dios una palabra que no escuchó (15,34), en medio de la burla y el sarcasmo de los sacerdotes y maestros de la ley, de la gente que pasaba por allí y de los que habían sido crucificados con él (15,29-33). Jesús hace suyo el destino de todos aquellos que en el mundo viven y mueren marginados, aplastados y oprimidos, sin respuestas de ningún tipo, abandonados de Dios y de los hombres. En aquel momento, “la cortina del templo se rasgó en dos de arriba abajo” (Mc 15,38) y un centurión romano que estaba frente a Jesús crucificado exclamó: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15,39). Con la muerte de Jesús termina el templo y toda la institución religiosa de Israel como medio de salvación, y se abre a los gentiles el camino de la salvación. Es precisamente un pagano, aquel centurión romano que estaba frente a la cruz, quien reconoce la plenitud de la manifestación divina en Cristo crucificado, en quien se revela la fuerza superior de un Dios que actúa en la debilidad y la impotencia. Al centurión romano, que ha dirigido la crucifixión de Jesús, Dios se le revela en la muerte del Crucificado. Esta es la paradoja que desde ahora en adelante marcará su vida y la de todos los que descubran a Dios en Cristo. La fuerza de Dios brota de la debilidad de la cruz; la salvación, de la impotencia de un hombre aparentemente fracasado. El pecado se vuelve principio de gracia: Jesús se revela y salva a los mismos hombres que le han dado muerte.

SANTO ROSARIO PARA EL TIEMPO DE PASIÓN MEDITADO CON LA CARTA A LOS HEBREOS


MISTERIOS DOLOROSOS
Monición inicial: 
Cercana ya el Sagrado Triduo Pascual, la Iglesia nos invita a recoger nuestros sentidos e introducirnos en los momentos culminantes de nuestra redención, uniéndonos íntimamente a nuestro Señor Jesucristo y a su Madre y madre nuestra, la Virgen Dolorosa.
Al contemplar los misterios dolorosos, hemos de unirnos a Jesús paciente que como buen Pastor da la vida por sus ovejas; y todo lo ha sufrido por amor a nosotros.
Señor mío Jesucristo...  
1. La Oración de Jesús en el Huerto
 “No pierdan ahora –en la prueba- su confianza, que lleva consigo una gran recompensa.” Hb 10, 35
2. La flagelación de Jesús atado a la columna.
 “No han resistido todavía hasta llegar a la sangre en su lucha contra el pecado.” Hb 12, 4
3. La coronación de espinas
“Han echado en olvido la exhortación que como a hijos se les dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todos los hijos que acoge.  Sufran para corrección de ustedes. Como a hijos los trata Dios, y, ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige?” Hb 12, 5-7
4. Nuestro Señor con la cruz a cuestas camino del Calvario
 “Fijaos en Aquél que soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcan faltos de ánimo.” Hb 12, 3
5. La crucifixión y muerte del Señor

 “En la fe murieron todos los hombres que alaba la Escritura, sin haber conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde lejos y confesándose extraños y forasteros sobre la tierra.” Hb 11, 13

SANTO ROSARIO PARA EL TIEMPO DE PASIÓN MEDITADO CON LA CARTA A LOS HEBREOS


MISTERIOS GOZOSOS
Monición inicial: 
Cercana ya el Sagrado Triduo Pascual, la Iglesia nos invita a recoger nuestros sentidos e introducirnos en los momentos culminantes de nuestra redención, uniéndonos íntimamente a nuestro Señor Jesucristo y a su Madre y madre nuestra, la Virgen Dolorosa.
Al contemplar los misterios gozosos, contemplamos como el Verbo de Dios tomó nuestra condición humana para sufrir por nosotros y pagar así el precio de nuestro rescate.
Señor mío Jesucristo... 

1.- La Anunciación a la Virgen y la Encarnación del Hijo de Dios
 “Cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.” Hb 10, 5-7
2.-La Visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel.
“Teniendo, pues, hermanos, plena seguridad para entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a través del velo, es decir, de su propia carne, y con un Sumo Sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con sincero corazón, en plenitud de fe, purificados los corazones de conciencia mala y lavados los cuerpos con agua pura.” Hb 10, 19-22
3.-El nacimiento del Niño Dios en el portal de Belén
“Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó Cristo de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud. Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo.” Hb 2, 14-15. 17
4.-La purificación de la Virgen y presentación del Niño Jesús
“No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna.” Hb 4, 14
5.- El niño Jesús perdido y hallado en el templo

 “Sin fe es imposible agradar a Dios, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan.” Hb 11, 6

TODO GESTO DE CARIDAD Y DEVOCIÓN AUTÉNTICA A CRISTO NO SE LIMITA A UN HECHO PERSONAL


COMENTARIO DEL EVANGELIO DEL DÍA
LUNES SANTO: UNCIÓN EN BETANIA
Forma Extraordinaria del Rito Romano

El Evangelio recién proclamado nos conduce a Betania, donde, como apunta el evangelista, Lázaro, Marta y María ofrecieron una cena al Maestro (cf. Jn 12, 1). Este banquete en casa de los tres amigos de Jesús se caracteriza por los presentimientos de la muerte inminente: los seis días antes de Pascua, la insinuación del traidor Judas, la respuesta de Jesús que recuerda uno de los piadosos actos de la sepultura anticipado por María, la alusión a que no lo tendrían siempre con ellos, el propósito de eliminar a Lázaro, en el que se refleja la voluntad de matar a Jesús. En este relato evangélico hay un gesto sobre el que deseo llamar la atención: María de Betania, "tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos" (12, 3). El gesto de María es la expresión de fe y de amor grandes por el Señor: para ella no es suficiente lavar los pies del Maestro con agua, sino que los unge con una gran cantidad de perfume precioso que —como protestará Judas— se habría podido vender por trescientos denarios; y no unge la cabeza, como era costumbre, sino los pies: María ofrece a Jesús cuanto tiene de mayor valor y lo hace con un gesto de profunda devoción. El amor no calcula, no mide, no repara en gastos, no pone barreras, sino que sabe donar con alegría, busca sólo el bien del otro, vence la mezquindad, la cicatería, los resentimientos, la cerrazón que el hombre lleva a veces en su corazón.
María se pone a los pies de Jesús en humilde actitud de servicio, como hará el propio Maestro en la última Cena, cuando, como dice el cuarto Evangelio, "se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies de los discípulos" (Jn 13, 4-5), para que —dijo— "también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros" (v. 15): la regla de la comunidad de Jesús es la del amor que sabe servir hasta el don de la vida. Y el perfume se difunde: "Toda la casa —anota el evangelista— se llenó del olor del perfume" (Jn 12, 3). El significado del gesto de María, que es respuesta al amor infinito de Dios, se expande entre todos los convidados; todo gesto de caridad y de devoción auténtica a Cristo no se limita a un hecho personal, no se refiere sólo a la relación entre el individuo y el Señor, sino a todo el cuerpo de la Iglesia; es contagioso: infunde amor, alegría y luz.

"Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron" (Jn 1, 11): al acto de María se contraponen la actitud y las palabras de Judas, quien, bajo el pretexto de la ayuda a los pobres oculta el egoísmo y la falsedad del hombre cerrado en sí mismo, encadenado por la avidez de la posesión, que no se deja envolver por el buen perfume del amor divino. Judas calcula allí donde no se puede calcular, entra con ánimo mezquino en el espacio reservado al amor, al don, a la entrega total. Y Jesús, que hasta aquel momento había permanecido en silencio, interviene a favor del gesto de María: "Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura" (Jn 12, 7). Jesús comprende que María ha intuido el amor de Dios e indica que ya se acerca su "hora", la "hora" en la que el Amor hallará su expresión suprema en el madero de la cruz: el Hijo de Dios se entrega a sí mismo para que el hombre tenga vida, desciende a los abismos de la muerte para llevar al hombre a las alturas de Dios, no teme humillarse "haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz" (Flp 2, 8). San Agustín, en el Sermón en el que comenta este pasaje evangélico, nos dirige a cada uno, con palabras apremiantes, la invitación a entrar en este circuito de amor, imitando el gesto de María y situándonos concretamente en el seguimiento de Jesús. Escribe san Agustín: "Toda alma que quiera ser fiel, únase a María para ungir con perfume precioso los pies del Señor... Unja los pies de Jesús: siga las huellas del Señor llevando una vida digna. Seque los pies con los cabellos: si tienes cosas superfluas, dalas a los pobres, y habrás enjugado los pies del Señor" (In Ioh. evang., 50, 6).
Benedicto XVI . 29 de marzo de 2010

EVANGELIO DEL DÍA: Dejadla que lo emplee para honrar de antemano el día de mi sepultura. Pues en cuanto a los pobres, los tenéis siempre con vosotros; pero a mí no me tenéis siempre.


LUNES SANTO: UNCIÓN EN BETANIA
Forma Extraordinaria del Rito Romano

Seis días antes de la Pascua volvió Jesús a Betania, donde vivía Lázaro a quien Jesús resucitó.  Aquí le dispusieron una cena, Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él.  Y María tomó una libra de ungüento o perfume de nardo puro, y de gran precio, y lo derramó sobre los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y se llenó la casa de la fragancia del perfume. 
Por lo cual Judas Iscariote, uno de sus discípulos, aquel que le había de entregar, dijo:  ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios, para limosna de los pobres?  Esto dijo, no porque él pasase algún cuidado por los pobres, sino porque era ladrón y teniendo la bolsa, llevaba o defraudaba el dinero que se echaba en ella.  Pero Jesús respondió: Dejadla que lo emplee para honrar de antemano el día de mi sepultura.  Pues en cuanto a los pobres, los tenéis siempre con vosotros; pero a mí no me tenéis siempre.  Entretanto una gran multitud de judíos, luego que supieron que Jesús estaba allí, vinieron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. 
Juan 12,1-9. 


LUNES SANTO CON SANTA TERESA DE JESÚS: LA ORACIÓN DE QUIETUD, EL PERFUME DEL ESPOSO

LA ORACIÓN DE QUIETUD, EL PERFUME DEL ESPOSO

  En esta oración de que estoy hablando, que yo llamo de quietud, porque el sosiego que produce en todas las potencias parece que conforta todo el hombre interior y exterior, como si le echasen en los tuétanos una unción suavísima de un gran perfume de muchas esencias, sin que sepamos lo que es ni dónde está aquel perfume, sino que nos penetra totalmente, así parece que es este amor suavísimo de nuestro Dios. Se introduce en el alma con gran suavidad y la contenta y la satisface y no puede entender cómo y por dónde entra aquél bien. Querría no perderlo, querría no menearse ni hablar ni aún mirar, para que no se le fuese. Y esto es lo que dice aquí la esposa a mi propósito, que dan de sí los pechos del Esposo olor muy bueno, más que los ungüentos (Mdt C 4, 2).

domingo, 29 de marzo de 2015

LA PASIÓN DE JESÚS en EL EVANGELIO DE SAN MATEO. P. Silvio José Báez, ocd


LA PASIÓN DE JESÚS en
 EL EVANGELIO DE SAN MATEO
(Mt 26,14-27,66)
(P. Silvio José Báez, ocd.)

Para Mateo, Jesús es el justo condenado que sufre la violencia de parte de los pecadores. Su relato es profundamente teológico, lleno de alusiones bíblicas y pensado para el uso litúrgico en la comunidad.
La cena pascual (26,14-35) nos recuerda el gesto y las palabras de Jesús que invita a los discípulos a comer su cuerpo y a beber su sangre, signos proféticos de la entrega de su vida en la cruz, porque desea compartir con ellos el camino y el destino de su existencia. En el huerto de Getsemaní (26,36-46) Jesús es el modelo del perfecto orante que experimenta la "agonía" que supone la búsqueda y la aceptación sincera de la voluntad de Dios. Los discípulos son invitados a "velar" con Jesús, es decir, a compartir con él su destino adoptando su actitud del Hijo, orante y fiel. En el momento del arresto(26,47-56), Jesús, que en el sermón de la montaña había declarado superada la represalia y la justicia de la ley del talión en las relaciones humanas (cf. Mt 5,39), vuelve a manifestar su apasionado amor por el perdón y la no violencia.
El proceso judío (26,57-75) es la ocasión para la última y gran revelación de Jesús delante de su pueblo: "a partir de ahora verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso venir sobre las nubes del cielo". La solemne declaración de realeza, de mesianismo y de divinidad, provoca el total rechazo de Israel. Paradójicamente, mientras Jesús reconoce abiertamente su identidad de Hijo y juez universal, uno de sus discípulos, Pedro, el primero de ellos, reniega de su Maestro delante de las insistentes preguntas de dos criadas y un grupo de gente.
El proceso romano (27,1-31) deja en claro la elección de Israel (Barrabás), la injusticia de las autoridades del imperio (Pilato) y la simpatía de los paganos (la mujer de Pilato). Esta última, iluminada por un sueño, invita al marido a no involucrarse en la suerte de "este justo" (Mt 27,19). En efecto, Jesús, como los antiguos profetas y justos perseguidos y condenados a lo largo de la historia bíblica (cfr. Mt 23,29.35), muere por haber anunciado la verdad de Dios en un mundo de falsedad y de injusticia. En la imagen de Jesús, objeto de burla y de ofensas de parte de los paganos como "rey de los judíos", se mezclan las características del Mesías humilde (Mt 21,5) y del siervo de Yahvéh, insultado y sometido a crueles torturas (Is 50,6).
La crucifixión (27,32-50) es el momento culminante del relato. Jesús muere como el justo perseguido y torturado injustamente (cf. Sal 22 y 69). Delante de él desfilan la humanidad que blasfema (27,39-44), las fuerzas del cosmos que anuncian una manifestación divina (tinieblas y terremoto, cf. Ex 10,22; Am 8,9), los nuevos creyentes (el centurión), y la nueva humanidad liberada de la muerte por el Cristo (los muertos que salen de los sepulcros).

La muerte de Jesús. Jesús muere en total soledad, rechazado por los hombres y aparentemente abandonado por Dios. En aquel abandono se produce, paradójicamente, la suprema comunión entre el Padre y el Hijo. La cruz del Señor es, al mismo tiempo, abandono y donación sin reservas. El grito de Jesús ("Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?") no sólo da la medida de la profunda soledad y el abismal sufrimiento del Señor, sino que indica su plena confianza en Aquel que puede salvar aún en la más desgarradora y mortal de las situaciones. Aquel silencio de la cruz revela, en forma paradójica, la infinita comunión del Padre y del Hijo, y la convierte en buena noticia para todos, los que como Jesús, viven y mueren rechazados por el mundo y aparentemente abandonados por Dios. Sólo la fe en Jesús, muerto y resucitado, puede dar sentido a tantos silencios humanos y divinos que encontramos en el camino de nuestra vida. Es la fe en Jesús, muerto y resucitado, la que hace que la Iglesia esté siempre de parte de los humillados, los débiles, los oprimidos, y los crucificados de este mundo. Es la fe en Jesús la que mueve a la Iglesia a realizar su misión a imagen de su Señor, en el ocultamiento y la sencillez, en el rechazo al poder y a la gloria, con la mística de la cruz: en la humillación y el dolor por amor, fruto de la fidelidad al Padre, y fuente de vida y liberación para el mundo y la historia.

SANTO ROSARIO PARA EL TIEMPO DE PASIÓN MEDITADO CON LA CARTA A LOS HEBREOS


MISTERIOS GLORIOSOS
Monición inicial: 
Cercana ya el Sagrado Triduo Pascual, la Iglesia nos invita a recoger nuestros sentidos e introducirnos en los momentos culminantes de nuestra redención, uniéndonos íntimamente a nuestro Señor Jesucristo y a su Madre y madre nuestra, la Virgen Dolorosa.
Al contemplar los misterios gloriosos, nuestra fe se confirma y reconforta con la esperanza de que tras la peregrinación en este mundo, hay una vida en el cielo conseguida a precio de la sangre de Cristo.
Señor mío Jesucristo... 

1.-La Resurrección del Señor.
“Aquel que fue hecho inferior a los ángeles por un poco, a Jesús, le vemos coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte, pues por la gracia de Dios gustó la muerte para bien de todos. Convenía, en verdad, que Aquél por quien es todo y para quien es todo, llevara muchos hijos a la gloria, perfeccionando mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación.” Hb 2, 9-10
2.- La Ascensión del Señor
“Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos; el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.” Hb 1, 1-3
3.- La Venida del Espíritu Santo
“Es preciso que prestemos mayor atención a lo que hemos oído, para que no nos extraviemos.  Pues si la palabra promulgada por medio de los ángeles obtuvo tal firmeza que toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo saldremos absueltos nosotros si descuidamos tan gran salvación? La cual comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron, testificando también Dios con señales y prodigios, con toda suerte de milagros y dones del Espíritu Santo repartidos según su voluntad.” Hb 2, 1-4
4.- La Asunción de María Santísima a los cielos en cuerpo y alma
 “Por eso Cristo es mediador de una nueva Alianza; para que, interviniendo su muerte para remisión de las transgresiones de la primera Alianza, los que han sido llamados, reciban la herencia eterna prometida.” Hb 9, 15
5.- La Coronación de la Virgen como Reina y Señora
 “Deseamos, no obstante, que cada uno de ustedes manifieste hasta el fin la misma diligencia para la plena realización de la esperanza, de forma que no se hagan indolentes, sino más bien imitadores de aquellos que, mediante la fe y la perseverancia, heredan las promesas.” Hb 6, 11-12

DOMINGO DE RAMOS CON SANTA TERESA DE JESÚS: QUIERO QUE MI SANGRE TE APROVECHE


QUIERO QUE MI SANGRE TE APROVECHE
De la paz que da el mundo en honras no tengo para qué deciros nada,
que a los pobres nunca se lo honra mucho.
En lo que os puede hacer mucho daño si no prestáis atención
es en las alabanzas;
que nunca acaba una vez que comienza, para después bajaros más.
Es lo más común decir que sois unas santas,
con palabras tan exageradas que parece los enseña el demonio.
Y así debe ser a veces, porque si lo dijesen en ausencia, pasaría;
mas en presencia, ¿qué fruto puede traer, sino daño?
Por amor de Dios os pido que nunca os pacifiquéis en estas palabras,
que poco a poco os podrían hacer daño y creer que dicen verdad,
o en pensar que ya es todo hecho y que lo habéis trabajado.
Vosotras nunca dejéis pasar palabras de alabanza
sin moveros guerra en vuestro interior,
que con facilidad se hace, si tenéis costumbre.
Acordaos cómo dejó el mundo a Cristo Nuestro Señor,
y qué ensalzado le había tenido el día de Ramos. (Mdt C 2, 13).


471  El día de Ramos, acabando de comulgar, quedé con gran suspensión, de manera que aun no podía pasar la Forma y, teniéndola en la boca, verdaderamente me pareció cuando volví un poco en mí, que toda la boca se me había llenado de sangre; y me parecía que también el rostro y toda yo estaba cubierta de  ella, como si entonces acabara de derramarla el Señor. Me parece que estaba caliente, y era excesiva la suavidad que entonces sentía, y me dijo el Señor: "Hija, yo quiero que mi sangre te aproveche, y no tengas miedo de que te falte mi misericordia; Yo la derramé con muchos dolores, y tú la gozas con gran deleite, como ves; bien te pago el convite que me hacías este día" (Cc 12ª, 1).

CUARESMA CON SANTA TERESA DE JESÚS: QUIERO QUE MI SANGRE TE APROVECHE


QUIERO QUE MI SANGRE TE APROVECHE

 El día de Ramos, acabando de comulgar, quedé con gran suspensión, de manera que aun no podía pasar la Forma y, teniéndola en la boca, verdaderamente me pareció cuando volví un poco en mí, que toda la boca se me había llenado de sangre; y me parecía que también el rostro y toda yo estaba cubierta de  ella, como si entonces acabara de derramarla el Señor. Me parece que estaba caliente, y era excesiva la suavidad que entonces sentía, y me dijo el Señor: "Hija, yo quiero que mi sangre te aproveche, y no tengas miedo de que te falte mi misericordia; Yo la derramé con muchos dolores, y tú la gozas con gran deleite, como ves; bien te pago el convite que me hacías este día" (Cc 12ª, 1).

SANTO ROSARIO PARA EL TIEMPO DE PASIÓN MEDITADO CON LA CARTA A LOS HEBREOS


MISTERIOS GOZOSOS
Monición inicial: 
Cercana ya el Sagrado Triduo Pascual, la Iglesia nos invita a recoger nuestros sentidos e introducirnos en los momentos culminantes de nuestra redención, uniéndonos íntimamente a nuestro Señor Jesucristo y a su Madre y madre nuestra, la Virgen Dolorosa.
Al contemplar los misterios gozosos, contemplamos como el Verbo de Dios tomó nuestra condición humana para sufrir por nosotros y pagar así el precio de nuestro rescate.
Señor mío Jesucristo... 

1.- La Anunciación a la Virgen y la Encarnación del Hijo de Dios
“Dice primero: Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron —cosas todas ofrecidas conforme a la Ley— entonces, añade: He aquí que vengo a hacer tu voluntad. Abroga lo primero para establecer el segundo. Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo.” Hb 10, 8-10
2.-La Visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel.
“Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa. Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras,  sin abandonar nuestras propias reuniones, como algunos acostumbran hacerlo, antes bien, animándonos: tanto más, cuanto que ven que se acerca ya el Día.” Hb 10, 23-25
3.-El nacimiento del Niño Dios en el portal de Belén
“Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó Cristo de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud. Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo.” Hb 2, 14-15. 17
4.-La purificación de la Virgen y presentación del Niño Jesús
“Así es Cristo, el Sumo Sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores, encumbrado por encima de los cielos, que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día, primero por sus pecados propios como aquellos Sumos Sacerdotes, luego por los del pueblo: y esto lo realizó de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.” Hb 7, 26-27
5.- El niño Jesús perdido y hallado en el templo

 “Sin fe es imposible agradar a Dios, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan.” Hb 11, 6

EL AMOR NO MUERE


COMENTARIO DEL EVANGELIO DEL DÍA
SÁBADO DE LA I SEMANA DE PASIÓN
Forma Extraordinaria del Rito Romano

«Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). El evangelista san Juan anuncia así la glorificación de Cristo a través del misterio de su muerte en cruz. En este tiempo de Pascua, precisamente a la luz del prodigio de la Resurrección, esas palabras cobran una elocuencia aún más profunda e intensa. Aunque es verdad que en ellas se percibe cierta tristeza por la próxima separación de sus discípulos, también es verdad que Jesús indica el secreto para derrotar el poder de la muerte.
La muerte no tiene la última palabra; no es el fin de todo, sino que, redimida por el sacrificio de la cruz, puede ser ya el paso a la alegría de la vida sin fin. Dice Jesús: «El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna» (Jn 12,25). Así pues, si aceptamos morir a nuestro egoísmo, si no nos cerramos en nosotros mismos y hacemos de nuestra vida un don a Dios y a los hermanos, también nosotros podremos conocer la rica fecundidad del amor. Y el amor no muere.
Benedicto XVI, 23 de abril de 2008.

EVANGELIO DEL DÍA: LO HE GLORIFICADO Y VOLVERÉ A GLORIFICARLO.


SÁBADO DE LA I SEMANA DE PASIÓN
Forma Extraordinaria del Rito Romano
Por eso los príncipes de los sacerdotes deliberaron quitar también la vida a Lázaro,  visto que muchos judíos por su causa se apartaban de ellos, y creían en Jesús. Al día siguiente, una gran muchedumbre, que habían venido a la fiesta, habiendo oído que Jesús estaba para llegar a Jerusalén,  cogieron ramos de palmas y salieron a recibirle, gritando: ¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!  Halló Jesús un burro, y montó en él, según está escrito: No tienes que temer, hija de Sión: Mira a tu rey que viene sentado sobre un burro.  Los discípulos por entonces no reflexionaron sobre esto; mas cuando Jesús hubo entrado en su gloria, se acordaron que tales cosas estaban escritas de él, y que ellos mismos las cumplieron.  Y la multitud que estaba con Jesús, cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de entre los muertos, daba testimonio de él.  Por esta causa salió tanta gente a recibirle, por haber oído que había hecho este milagro. En vista de lo cual se dijeron unos a otros los fariseos. ¿Véis cómo no adelantamos nada? He aquí que todo el mundo se va con él. Al mismo tiempo ciertos gentiles de los que habían venido para adorar a Dios en la fiesta,  se acercaron a Felipe, natural de Betsaida en Galilea, y le hicieron esta súplica: Señor, deseamos ver a Jesús. Felipe fue y lo dijo a Andrés; y Andrés y Felipe juntos, se lo dijeron a Jesús. Jesús les respondió, diciendo: Venida es la hora en que debe ser glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo, después de echado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. Así el que ama desordenadamente su alma, la perderá; mas el que aborrece o mortifica su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que me sirve, sígame; que donde yo estoy, allí estará también el que me sirve; y a quien me sirviere, le honrará mi Padre. Pero ahora mi alma se ha conturbado. Y ¿qué diré? ¡Oh Padre!, líbrame de esta hora. Mas no, que para esa misma hora he venido al mundo. ¡Oh Padre! glorifica tu santo Nombre. Al momento se oyó del cielo esta voz: Le he glorificado ya, y le glorificaré todavía más. La gente que allí estaba, y oyó el sonido de esta voz, decía que aquello había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. Jesús les respondió, y dijo: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros.  Ahora mismo va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser lanzado fuera. Y cuando yo sea levantado en alto en la tierra, todo lo atraeré a mí. (Esto lo decía para significar de qué muerte había de morir).  Le replicó la gente: Nosotros sabemos por la ley, que el Cristo debe vivir eternamente; pues ¿cómo dices que debe ser levantado en alto o crucificado el Hijo del hombre? ¿Quién es ese Hijo del hombre? Les respondió Jesús: La luz aún está entre vosotros por un poco de tiempo. Caminad, pues, mientras tenéis luz, para que las tinieblas no os sorprendan; que quien anda entre tinieblas, no sabe adónde va,  mientras tenéis luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz. Estas cosas les dijo Jesús; y fue, y se escondió de ellos.
Juan 12,10-36.

28 DE MARZO DE 1515-28 DE MARZO DE 2015. V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA DE JESÚS


Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad, eterna sabiduría,
bondad buena al alma mía;
Dios alteza, un ser, bondad, la gran vileza mirad
que hoy os canta amor así: ¿qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra, pues me redimistes,
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra pues que me llamastes,
vuestra porque me esperastes,
vuestra, pues no me perdí:
¿qué mandáis hacer de mí?
¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado a este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce Amor,
amor dulce, veisme aquí:
¿qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón, yo le pongo en vuestra palma,
mi cuerpo, mi vida y alma, mis entrañas y afición;
dulce Esposo y redención, pues por vuestra me ofrecí:
¿qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida: dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad, dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida, que a todo digo que sí:
¿qué mandáis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza, dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza, dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo, pues del todo me rendí:
¿qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración, si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción, y si no esterilidad.
Soberana Majestad, sólo hallo paz aquí:
¿qué mandáis hacer de mi?
Dadme, pues, sabiduría, o por amor, ignorancia;
dadme años de abundancia, o de hambre y carestía;
dad tiniebla o claro día, revolvedme aquí o allí:
¿qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando, quiero por amor holgar.
Si me mandáis trabajar, morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
Decid, dulce Amor, decid:
¿qué mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor, desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor, o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa o estéril, si cumple así:
¿qué mandáis hacer de mí?
Sea José puesto en cadenas, o de Egipto adelantado,
o David sufriendo penas, o ya David encumbrado;
sea Jonás anegado, o libertado de allí:
¿qué mandáis hacer de mí?
Esté callando o hablando, haga fruto o no le haga,
muéstreme la ley mi llaga, goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando, sólo vos en mí vivid:
¿qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, para vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?